El ataque de los aviones militares israelíes contra un edificio en Damasco en que se realizaba un cónclave secreto de altos oficiales iraníes con los jefes de organizaciones islamistas embarcadas en la guerra contra Israel podría tener largas consecuencias.
No es claro aún si el lugar destruido era un recinto diplomático protegido por la Convención de Viena o una suerte de cuartel secreto, o casa de seguridad, de las fuerzas iraníes que operan en Siria convenientemente protegidas por el gobierno local de Bashar al-Asad. La diferencia no es baladí, porque en el segundo caso se podría definir el recinto como un objetivo militar, mientras que en el primero, se trataría de una clara violación del derecho internacional.
El hecho es que se sabe de siete víctimas fatales, entre los que se encuentran Mohamad Reza Zahedi, alto comandante de las fuerzas Quds, quien supervisa las operaciones secretas de Irán en el medio oriente. Junto a él estaban los generales Mohamad Hdi Haji Rahimi y Hossein Aman Hallaji, ambos miembros del equipo responsable de las operaciones iraníes en la zona. Junto a ellos estaban importantes líderes de la Jihad Islámica Palestina que también perecieron.
Las consecuencias del ataque para Irán pueden llegar a ser complejas porque devela que su acción en el medio oriente, y en especial la que se desarrolla contra Israel, no está exenta de consecuencias fatales para su alto mando. Muchos, pasada la indignación y el fervor inicial, se preguntarán si acaso Irán no está siendo demasiado imprudente en su activismo anti israelí, o si realmente está preparado para afrontar las consecuencias de su política de fomento del terrorismo a nivel regional.
Israel también se expone gravemente. Sus embajadas a lo largo y ancho del planeta podrían quedar expuestas a represalias terribles. Tampoco se puede excluir un agravamiento y expansión regional del conflicto que se desarrolla actualmente localizado en la Franja de Gaza. Por ahora la solidaridad del mundo occidental con Israel está en entredicho por las consecuencias humanitarias de la ofensiva en Gaza y especialmente por el bloqueo del gobierno de Netanyahu a las alternativas de solución posteriores a la guerra.
El reconocimiento de dos estados con fronteras claramente delimitadas y seguras para palestinos e israelíes es una solución que la actual coalición gobernante ultra conservadora no quiere aventurar, lo que deja al presidente Biden en una incómoda posición si el conflicto se regionaliza.
La ofensiva israelí se da, además, en un contexto en que arrecian las críticas a Netanyahu y la definición de la suerte de los rehenes -aspecto clave en la crítica al gobernante- se mantiene estancada. La radicalización de la guerra puede ser la apuesta de Netanyahu para mantenerse en el poder y es también lo que espera Hamas, organización que reclama una reacción más activa de sus aliados para la regionalización de la guerra contra Israel.
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