Marzo 11, 2024

Precipitación del acontecer, disolución por el fuego y el agua. Por Lucy Oporto Valencia

Ex-Ante
Imagen: Agencia Uno.

Las consecuencias del megaincendio en la Región de Valparaíso, más allá de la urgencia inmediata, ya han ido apareciendo, a un mes del desastre: apenas unas pocas casas de emergencia instaladas; testimonios sobre burocracias del infierno, insalubridad, plaga de ratones, ancianos abandonados, crisis sanitaria latente. Ruina.


Antes del megaincendio que asoló las provincias de Valparaíso y Marga Marga, los días 2 y 3 de febrero de 2024, y de la muerte del ex presidente Sebastián Piñera, el 6 de febrero, ya venía precipitándose una línea de acontecimientos de gran tensión, cuya virulencia ha continuado después, de un modo siniestro.

Piñera falleció tras la precipitación de su helicóptero en el Lago Ranco. Su inesperada muerte concitó una extraña nostalgia y un sentimiento de pérdida que parecían trascender su figura. Tal vez, porque, además, coincidía con el actual hundimiento de la institucionalidad en Chile, empezando por la presidencia misma, tan degradada bajo el actual Gobierno.

Respecto del megaincendio, el documento publicado el 14 de febrero, a cargo de un equipo de ex asesores suyos, coordinado por Karla Rubilar e Iván Poduje, presenta una estimación –hasta esa fecha– de 7104 viviendas dañadas, agrupadas en 27 sectores de Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, incluyendo el Jardín Botánico y El Salto.

45 % son campamentos (3173 viviendas), y 55 % son poblaciones, campamentos radicados o villas consolidadas (3931 viviendas).

El 78 % se encuentra en Viña del Mar (5539 viviendas). El 20 %, en Quilpué (1431 viviendas). Y, el resto, en Villa Alemana (143 viviendas) (ex‐ante.cl, 14. 2. 24).

Por otra parte, 42 % de las empresas del barrio industrial El Salto dejaron de operar. Y más de 70 familias de trabajadores de esas empresas perdieron sus casas.

La PDI realizó diversos peritajes que confirmaron la presencia de acelerantes, bencina y parafina, en el punto de inicio del fuego: fundo Las Tablas, Placilla de Peñuelas. Esto prueba la hipótesis de la intencionalidad de los incendios, sostenida por distintas autoridades, FFAA y Bomberos.

En la madrugada del 3 de febrero, fueron quemadas 3 palmeras, cerca del Casino de Viña del Mar y del estero Marga Marga. En la tarde, fue quemada otra, en la Plaza México. Es un hecho extraño, que también parece señalar una intencionalidad.

Ese mismo día, vecinos del campamento Manuel Bustos, en Achupallas, pedían ayuda, angustiados ante la demora del SML en retirar los cadáveres de sus fallecidos durante el incendio: “Me tuve que traer el (cuerpo) de mi hermana, con mi padre, que estaba botado en el cerro porque no pudieron escapar más (…) ¿y sabes por qué me lo traje? porque se lo estaban comiendo los perros” (biobiochile.cl, 3. 2. 24).

Éste y otros testimonios describen escenas terminales que expresan el fin de un orden y la ausencia de una conciencia capaz de discernir la realidad. Como en los Libros Proféticos y otras fuentes antiguas, son manifestaciones de una crisis radical y barbárica, de un hundimiento del espíritu.

El alto grado de destructividad en zonas pobladas indica un posible ataque terrorista. Es una forma de sometimiento, una advertencia y una amenaza para el resto de los habitantes de la región de Valparaíso, si no del país.

Las consecuencias de esta catástrofe, más allá de la urgencia inmediata, ya han ido apareciendo, a un mes del desastre: apenas unas pocas casas de emergencia instaladas; testimonios sobre burocracias del infierno, insalubridad, plaga de ratones, ancianos abandonados, crisis sanitaria latente. Ruina.

Por su parte, la alcaldesa Ripamonti se victimiza, culpando a otros. Nunca pierde. Declara haber cumplido con todas sus obligaciones, conforme a la ley: entregar un conjunto de planes “en tiempo y forma”, y generar una dirección de gestión de riesgos y desastres: “Nosotros fuimos uno de los primeros municipios en tenerla. Porque, además, veníamos del incendio del año 2022. Queríamos ser, queremos ser todavía, pioneros en materia de respuestas en gestión de riesgos y desastres” (biobiochile.cl, 26. 1. 24).

¿Y entonces?

“Pioneros”, declara, como si la realidad careciese de peso, hechos y pérdidas irreparables, como si fuese modificable a discreción. Y como si ella, en su rol de alcaldesa, no hubiese tenido ninguna responsabilidad en la prevención de esta catástrofe monstruosa.

El documento antes referido advierte: “La reconstrucción debe ser liderada por autoridades con potestad administrativa para tomar decisiones y exigir plazos de respuesta adecuados. (…) Se recomienda evitar a toda costa la creación de orgánicas sin ese respaldo administrativo como los ‘delegados’, ‘comités’ o grandes equipos externos”. Y agrega: “La tragedia es de tal magnitud, que se requiere partir cuanto antes, considerando que el riesgo de un nuevo incendio sigue latente y que los campamentos no paran de crecer en la zona alta de Valparaíso” (ex‐ante.cl. 14. 2. 24).

Según el General (r) John Griffiths, “cada vez hay más evidencia de fallas nacionales de inteligencia”, señalando tres hitos, cuya verdad se desconoce: la quema del Metro y lo ocurrido en 2019; el megaincendio en la región de Valparaíso, que provocó 134 muertos; y el oscuro secuestro del ex militar venezolano refugiado en Chile, Ronald Ojeda, a quien el Estado tenía la obligación de proteger (ex‐ante, 22. 2. 24).

¿Existe una relación entre éstos? Y, de ser así, ¿en qué consiste, exactamente? ¿Qué fondo siniestro y terrible subyace a tales actos? ¿Tienen una direccionalidad, a mediano o largo plazo?

El cadáver de Ojeda fue encontrado en una fosa, el 1 de marzo, en una toma de Maipú.

El fuego y el agua son agentes de disolución, en el plano cósmico y humano, como bien observaron los antiguos.

El mal se radicaliza, sin rostro.

Algo más termina de disolverse, como bajo el azote de ese fuego aniquilador que devastó tan enorme extensión de campamentos, poblaciones e industrias, causando 134 fallecidos hasta la fecha, heridos graves, desaparecidos, animales muertos y destrucción de bosque nativo.

Algo más se precita, se hunde y se muere en Chile, como el ex presidente Piñera en las aguas del Lago Ranco.

Una realidad fundamental, esencial y determinante de otras realidades, se oscurece y se extingue.

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