Marzo 2, 2024

La tesis de Winter y el motín de los marineros. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante

Esta desintegración de la coalición de gobierno, entre quienes piden acuerdos y quienes piden agudizar la disputa ideológica, es un problema real para Boric, que debe, de alguna forma, apaciguar el motín de los marineros en una nave que ya avanza sin rumbo. Si el presidente les da la razón a los primeros, a quienes defienden los acuerdos, podrá conseguir avances con los votos de la oposición, pero no serán los avances prometidos en la campaña. Le irá bien al país, pero mal a la coalición de gobierno en el largo plazo. Si Boric, en cambio, les da la razón a los segundos, a quienes endosan la tesis de Winter, no se conseguirán avances, pero al menos se morirá honorablemente, con las botas puestas.


La reciente entrevista del diputado del Frente Amplio Gonzalo Winter es una señal clave de la desintegración de la coalición del gobierno. No es la primera señal, pero quizás sí la más importante. Ocurre que, hasta ahora, la defensa al gobierno había sido corporativa, casi coordinada. Se había protegido el accionar del presidente y su gabinete a toda costa, incluso cuando las señales eran confusas y erráticas. Al parecer, no va más. Al parecer, la paciencia se acabó.

La tesis de Winter es sencilla: (1) dado que se ha optado por los acuerdos, (2) se ha sacrificado la disputa ideológica, y (3) por eso se ha fracasado.

Ahora bien, para que la crítica tenga sentido, para que sea internamente consistente, (1) y (2) necesariamente deben conducir a (3). Pero, a todas luces, no es el caso.

De hecho, la dirección causal parece ser inversa: Dado que el gobierno falló empujando su agenda ideológica, ha debido recurrir a los acuerdos.

Esta segunda tesis tiene mucho más sentido. Nadie puede estar en desacuerdo con la idea de que el gobierno se instaló sin pedir perdón ni permiso. Boric nombró a Izkia Siches en Interior. Hizo campaña activa por la primera propuesta constitucional y avaló a quienes pidieron transformar las instituciones hasta dejarlas irreconocibles y alineadas con caprichos personalistas.

El gobierno de Boric se instaló usando la máxima de Stingo en nombre de Quintana, con la voluntad de pasar máquina de ser posible. No se instaló pensando en negociar con la oposición, se instaló pensando en avanzar unilateralmente.

El problema es que no pudo. Siches salió por incapacidad al poco andar, el país rechazó la propuesta constitucional de la izquierda con un porcentaje de votos nunca antes visto, y los que trataron de moldear las instituciones a su pinta (como la oficina de la primera dama o la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales) se fueron por la puerta trasera. Y fue solo entonces cuando se hizo evidente que la posibilidad de hacer cambios bajo el lente ideológico era imposible, que se comenzó a considerar la posibilidad de ceder y negociar.

No fue al revés, como sugiere Winter.

Pero la tesis no solo es incorrecta, sino que es peligrosa. Si el gobierno le concediera validez y adoptara la receta, el presidente tendría que volver a la trinchera para pedirle cooperación a la oposición. No tiene sentido. Es ilógico. El hecho es simple: cuando no se tienen los votos, no se puede gobernar desde la trinchera. Cuando no se tienen los votos, se debe ceder y negociar. No hacerlo, como no lo ha hecho de forma suficiente el gobierno hasta ahora, termina siempre en fracaso.

Lo que sí es correcto en la tesis de Winter es que el gobierno ha fracasado.

De hecho, el gobierno no ha logrado ninguna solo victoria hasta ahora. Los minuteros citan la ley de 40 horas, la ley TEA, y el copago cero en Fonasa como evidencia contraria. El problema es que probablemente todas esas leyes se hubiesen promulgado de igual manera en otro gobierno, independiente del presidente de turno.

Un logro que ocurre sin condiciones no puede ser apropiado como una victoria. Es, si nada más, una expresión del transcurso del tiempo. Ocurre en todos los escenarios.

¿Qué hay, entonces, tras la tesis de Winter?

Pues bien, examinemos el origen de los dichos. La tesis nace de dos vertientes.

Una vertiente es la de la superioridad moral tan propia del Frente Amplio. Una moral que supone que hay una sola forma de hacer las cosas y que es la de uno. Así, la idea tras ideologizar y agudizar la disputa de Winter se genera del supuesto que las ideas que se están empujando son las correctas. Allí, el acuerdo es visto como traición a la responsabilidad concedida. Naturalmente, los voceros hablan con fuero moral autoasignado.

La segunda vertiente que alimenta la tesis es la de la invencibilidad política. Quienes piden profundizar la agenda ideológica no tienen nada que perder. Es la clásica distinción entre el ejecutivo, al que se le asigna la responsabilidad de proponer, y el legislativo, al que se le pide empujar. Cuando el gobierno de Boric termine sin pena ni gloria, Winter no será visto como responsable. Podrá sacudirse el mal rato y seguir pidiendo más de lo mismo. Mientras que el público objetivo del gobierno es el chileno promedio, el público objetivo de Winter es un pequeño núcleo de votantes de nicho que transita entre Ñuñoa norte y Providencia sur. No puede perder.

La tesis de Winter fue redactada con fuero moral desde la imposibilidad de perder.

Esto explica perfectamente porque tantos otros se han involucrado en el debate, particularmente quienes han salido del gobierno, entre gallos y medianoche.

Es el caso de Karamanos y Ahumada, que en vez de haber salido agradeciendo la oportunidad de haber trabajado en un desafío ejemplarmente único, prefirieron salir disparando pistola en mano. Lo mismo va para Atria que, desde el fracaso de la primera constituyente, solo se ha dedicado a justificar lo que hizo y criticar a quienes no le han dado las gracias. Ellos, como otros a los que se les dio todo y no devolvieron nada, no incurren en los costos de criticar. Libres de responsabilidad, disparan a quemarropa con la venia de las barras bravas.

Esta desintegración de la coalición de gobierno, entre quienes piden acuerdos y quienes piden agudizar la disputa ideológica, es un problema real para Boric, que debe, de alguna forma, apaciguar el motín de los marineros en una nave que ya avanza sin rumbo.

Si el presidente les da la razón a los primeros, a quienes defienden los acuerdos, podrá conseguir avances con los votos de la oposición, pero no serán los avances prometidos en la campaña. Le irá bien al país, pero mal a la coalición de gobierno en el largo plazo, en tanto los avances habrán sido a costa del espíritu original. Si Boric, en cambio, les da la razón a los segundos, a quienes endosan la tesis de Winter, no se conseguirán avances, pero al menos se morirá honorablemente, con las botas puestas. Le irá bien a la coalición de gobierno, pero mal al país, en tanto no se resolverá ninguna de las urgencias.

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