Diciembre 3, 2023

“Perfiles”, el nuevo libro de Alfredo Jocelyn-Holt: Alessandri Palma y Pinochet “eran unos vivos, frescos”

Ex-Ante
Ex-Ante.

Este es un extracto del libro “Perfiles”, de Alfredo Jocelyn-Holt, que contiene textos antiguos e inéditos a modo de semblanzas sobre personajes históricos, figuras míticas y retratos de autores. Una especie de perfil nacional y algunos textos autobiográficos.


El PERFIL HUMANO. En uno de sus más agudos “retratos”, Lytton Strachey cuenta  cómo cambió en tres generaciones la nariz de los Pitt, famosa familia de políticos ingleses del siglo XVIII. Inicialmente era un apéndice ganchudo y colgante, casi predatorio; es el caso de Lord Chatham, responsable de la expansión imperial británica. Pero, ya en el rostro de su nieta, Lady Hester Stanhope, una excéntrica orientalizada que terminó sus días recluida en Djoun, un promontorio libanés desde donde se divisa el azul del Mediterráneo, nos encontramos con que la nariz de los Pitt se ha vuelto finamente respingada aunque despreciativa.

En el relato de Strachey la suerte del imperio corre a la par con la fisonomía de sus protagonistas. Idea no del todo original —recordemos lo dicho acerca de Cleopatra— pero que deja entrever que si ello sucede con la nariz, con el alma ocurre otro tanto sino más. Es que Strachey tiene razón. Si de historiar se trata, no hay que desatender el protagonismo nasal de los personajes.

Pero no se alarmen, no me voy a remitir a perfiles criollos. Este es un país tan nuevo que renace todos los días y aunque abundan las narices, faltan aún generaciones. Además, Strachey mismo dice que esto de las narices es crucial únicamente cuando se habla de aristócratas.

Más bien, traigo a colación el tema porque uno de los defectos que empobrecen a nuestra historia es que crecientemente pasa por encima el factor personal. Es tal el afán de hacer historias de procesos y estructuras, de la manera más árida imaginable por lo demás, que no extraña el que ya nadie compre libros de historia, menos aún que los lean. Para qué decir del peso que tienen los historiadores a la hora de opinar públicamente. Si alguna vez influyeron, hoy en día apenas cumplen funciones pedagógicas y esas lamentablemente a medias.

A modo de ejemplo, un recién publicado manual de historia patria, supongo que pensado para la preparación de la P.A.A., incluye dos veces el nombre de la cónyuge de Cristóbal Colón, sin otros detalles. De la persona de Portales no se dice nada, aun cuando se vuelve a insistir en sus “ideas”, entre otras una supuesta pretensión de hacer de Chile la Inglaterra del Pacífico. La personalidad de Prat, a quien se le destina un apartado especial, es más evidente que la de Bello, por lo heroico.

De Alessandri Palma se repiten los mismos lugares comunes de siempre, y se acompaña algo así como un “curriculum vitae”, lo cual habría hecho reír al León. Más aún, de creerle a este manual, en la gestación de CORFO no participó persona alguna, aunque Michael Townley, en contexto distinto sí es mencionado, dos veces, una más incluso que el General Contreras. Y bueno, como era suponible, de la personalidad de Pinochet nada se adelanta, ni siquiera aparece una foto suya y eso que sobran.

Si ésta es la “nueva” historia que se anuncia, se echa de menos la vieja, la de siempre. La que va desde Heródoto, Plutarco y Gibbon hasta cuando Febvre escribe acerca de Lutero, Elliott sobre el Conde-Duque de Olivares, Foucault sobre un asesino anónimo rescatado de los archivos, o Strachey, el más modesto, quién mediante meras metáforas nasales retrata la decadencia de toda una civilización. En fin, les falta olfato a nuestros “nuevos” historiadores.

Portada del libro “Perfiles” de Alfredo Jocelyn-Holt. 

 

PARA HABILOSOS Y MALVADOS. Hay dos tipos de individuos: los inteligentes y los habilosos. Los primeros saben, entienden, problematizan. Los segundos suelen ser inteligentes pero canalizan esa manera compleja de ver las cosas para únicamente agrandarse a sí mismos y obtener más poder. En efecto, en política, los inteligentes tienden a ser un tanto intelectuales y algo torpes, poco prácticos, doctrinarios y arrogantes.

Cuesta encontrar a un inteligente tolerante. Con el habiloso, en cambio, es casi imposible darse cuenta qué tan hábil es; frecuentemente resulta ser hasta más hábil e inteligente que lo que parece a primera vista. Los habilosos son flexibles aunque vulgares e inescrupulosos; el inteligente, por el contrario, insiste en  ser fino, maniáticamente puntilloso. Es que los inteligentes son, por lo general, intratables y atormentados, mientras que los habilosos, simplemente de no fiar.

Entre los inteligentes uno podría mencionar a Richelieu, Jefferson, Robespierre, Bolívar, Disraeli, Marx, Trotski o Jaime Guzmán. En cambio, de una lista de habilosos no podrían faltar Fernando de Aragón, Alejandro VI, Talleyrand, Fouché, Stalin, Franco, Castro y Nixon. Balmaceda fue en exceso cerebral, quizá por eso se pegó un tiro en la cabeza. Lo que es Arturo Alessandri, y ya antes Domingo Santa María, para qué decir Pinochet, unos vivos, frescos, si es que no lisa y llanamente malvados. Al inteligente basta con leerlo; al habiloso, con escucharlo o ver cómo apuñala y esconde el arma.

Este Breviario para políticos del Cardenal Mazarino—Random House Mondadori, 2007—, obviamente, es un texto de un crápula y bribón, dirigido a otros de igual calaña. Esto siempre y cuando aceptemos que el texto sea de Mazarino (cuestión que no está clara), y el lector lo sienta propio, sea que ha pensado las ideas que aquí aparecen, las haya llevado a cabo o esté de acuerdo con ellas. Por ejemplo, el axioma siguiente que postula el autor: “Actúa con tus amigos como si algún día tuvieran que convertirse en tus enemigos”.

“Máxima que uno puede entender, también, al revés: ‘Actúa con tus enemigos como si algún día tuvieran que convertirse en tus amigos’. Vale decir, “Mantén siempre cierta desconfianza hacia todo el mundo… El centro siempre es preferible a los extremos… Desconfía de todo aquello hacia lo que te arrastren tus sentimientos… Ten siempre presentes estos cinco preceptos: (1) Simula, (2) Disimula, (3) No te fíes de nadie, (4) Habla bien de todo el mundo, y (5) Piensa antes de actuar…

Finge ser amigo de todo el mundo… Actúa de tal modo que nadie sepa nunca cuál es tu verdadera opinión sobre un asunto… Habla siempre bien de tus superiores y elogia en especial a los que pueden serte de utilidad… Cuidado: tal vez en este mismo momento alguien—¡a quien no ves!—te está observando y escuchando”.

Evidentemente, un personaje que piensa así; o peor aún, actúa así, es un monstruo. Sin embargo, como aventura la brillante introducción de Umberto Eco, ¿no será que estamos ante una sátira al igual que lo que se ha afirmado respecto al Príncipe de Maquiavelo? Nadie que sostenga estas máximas las puede creer de buena fe. A lo sumo, quizá, las puede postular como manual de sobrevivencia dentro de un mundo que se rige conforme a estas coordenadas. En cuyo caso, se trataría de un texto inteligente que finge ser de un habiloso tan deshonesto como astuto.

Lea también:

La falta de autoridad en la Universidad de Chile. Por Alfredo Jocelyn-Holt

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