Algo es algo: En el futuro, pollo

Por Juan Diego Santa Cruz, cronista gastronómico y fotógrafo

A Ray Bradbury, el autor de las no tan optimistas “Crónicas Marcianas”, que empezó a escribir de viajes espaciales cuando no los había, una vez le preguntaron: ¿para qué sirven los viajes espaciales? Y contestó: “para vivir para siempre, para preservar el gran don de la vida”. Yo agregaría, para preservar el gran don de disfrutar la vida comiendo. Algo es algo.


En la radio a pilas escuché que dos tercios de los jóvenes chilenos creen que el futuro será peor. Me imagino que una buena porción de los adultos piensa igual apoyada en el peso de los hechos recientes. Como dice Vicentico, no se piensa en el verano cuando cae la nieve.

Esta tendencia a imaginar un futuro ruinoso no es nueva y es un deporte practicado por políticos de oposición, viejos gruñones y jóvenes criticones. Por su parte, los escritores de ciencia ficción suelen tener una buena cuota de responsabilidad en esta mirada apocalíptica y vuelven una y otra vez a pronosticarle a la humanidad distopías en que las mujeres son sirvientes sexuales, los zombies llegan para comernos a mascadas, el totalitarismo se apodera del mundo y nuestros ejércitos enfrentan a escopetazos o con rayos láser a los invasores de los confines de la galaxia. Poco me importa si en el futuro mis tataranietos terminan disparándole a los marcianos, pero me resultan insoportables los augurios de los pesimistas que vaticinan que las futuras generaciones comerán como animales de corral.

No tengo idea por qué la futurología siempre se encarga de arruinar la comida. Antes imaginaban que el porvenir estaría lleno de píldoras que reemplazarían a un buen plato. Hoy la moda es pregonar que el planeta está condenado irreversiblemente a irse al carajo climático como si la imaginación del hombre no fuese un factor a considerar cuando se trata de solucionar problemas.

Notas de prensa propagadas por los más prestigiosos medios se citan entre sí para anunciar para el año 2050 la venida de la alimentación a base de algas, cereales, plátanos falsos de Etiopía, insectos, carne de laboratorio y de pandanus que, aunque no lo he probado, es la comida con el nombre más horrible jamás creado. Si vivo hasta el 2050, me uniré a la primera religión que prohíba su consumo. La plantucha oriunda de las Filipinas, sin duda bautizada por un proctólogo, es un pariente pobre de la piña aparentemente capaz de soportar el armagedón climático. De su sabor hay pocos antecedentes y no quiero imaginarlos.

Si de insectos se trata, yo que probé los chapulines en Oaxaca y los encontré ricos, puedo asegurarles que una dieta a base de escarabajos, orugas, hormigas, abejas, avispas, saltamontes, langostas y grillos puede ser de lo más triste que un ser humano pueda tragar. ¿De dónde sacarán la idea que los humanos nos vamos a resignar a comer como chimpancés? ¿Pensarán los ingenuos que el ser humano se quedará impávido frente a la falta de goce y cariño?

Estoy seguro que en el futuro crearán hígados de ganso para reventarlos de tanto grano que le meterán pero no habrá pájaro que sufra en el proceso y comeremos foie gras a destajo. Las corvinas gordas serán de criadero y el mar estará limpio porque se habrán dado de baja todos los barcos con motores a petróleo y los chinos ya no tirarán más plásticos a sus ríos. Las lechugas no crecerán en los jardines verticales de edificios céntricos porque la cosecha será siempre más fácil en horizontal y los campos regenerativos nos ofrecerán una variada cantidad de hojas verdes con nombres que hoy no conocemos. Los pollos crecerán marinándose con tomillo fresco, limón y ajo; los japoneses ya le habrán sacado las pepas hasta a los plátanos; crecerán frutillas en los antejardines y las vacas darán leche pasteurizada.

A Ray Bradbury, el autor de las no tan optimistas “Crónicas Marcianas”, que empezó a escribir de viajes espaciales cuando no los había, una vez le preguntaron: ¿para qué sirven los viajes espaciales? Y contestó: “para vivir para siempre, para preservar el gran don de la vida”. Yo agregaría, para preservar el gran don de disfrutar la vida comiendo. Algo es algo.

Receta para el domingo

Pollo con arroz

  • Para 6-12 personas (uno o dos tutos por persona)

Si hablamos de buen futurismo la película Blade Runner dirigida por Ridley Scott es de lo mejor que va a encontrar. El director entendió muy bien que aunque el futuro sea bravo y lleno de replicantes, el hombre común necesita un momento de tranquilidad para comer, aunque sea un plato de tallarines. Si la película hubiese sido chilena, lo más seguro es que a Harrison Ford le habrían servido un plato de pollo con arroz. Porque le aseguro, si sigue existiendo Chile en el futuro, los chilenos comerán pollo y comerán arroz.

Esta receta de pollo es un poco elaborada pero vale la pena porque eleva al más común de los pájaros a un lugar especial. Haga la prueba.

Ingredientes:

Para la marinada:

  • 2 limones, lavados

  • ¼ de taza de hojas frescas de tomillo u orégano ( a falta de fresco es pasable el seco)

  • 1½ cucharadas de perejil fresco picado

  • 6 dientes de ajo medianos o grandes, pelados y aplastados con el cuchillo

  • 1 cucharadita de peperoncino o de aji chileno

  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra

Para el Pollo:

  • 12 tutos cortos de pollo con hueso y piel, enjuagados con agua fría

  • 3 a 4 dientes de ajo grandes, pelados y cortados en rodajas finas

  • 1 cucharada de sal

  • 2 limones, lavados

  • Ramitas frescas de tomillo u orégano para decorar

Prepare la marinada: use un pelador de verduras para sacar 12 tiras grandes de cáscara de los limones, teniendo cuidado de cortar solo la capa exterior de color amarillo. Ponga las tiras en un bolo grande y agregue tomillo u orégano, perejil, ajo, peperoncino y aceite de oliva.

Prepare el pollo: seque cada pieza con toallas de papel y corte el exceso de piel con una tijera. Con los dedos, separe suavemente la piel de cada pieza de su carne, teniendo cuidado de dejar la piel adherida en un extremo, para crear una bolsa entre la piel y el pollo. Coloque los tutos en el bol con la marinada. Ordene los tutos para que todos queden cubiertos con la marinada. Cubra el bolo y refrigere por al menos 2 horas o toda la noche.

Cuando esté listo para cocinar, precaliente el horno a 200 grados. Por mientras se calienta el horno retire los muslos de la marinada y colóquelos con la piel hacia arriba en una fuente para llevar al horno. (Reserve los dientes de ajo y la cáscara de limón de la marinada; deseche el líquido). Ponga algunas rodajas de ajo entre la carne del pollo y su piel. Agregue sal sobre cada tuto.

A continuación corte por la mitad los limones y exprímalos suavemente para quitar parte del jugo. Luego córtelos en rodajas delgadas y colóquelas sobre toallas de papel para absorber más jugo. ( la idea es que las rodajas sean carne y cáscara y poco jugo). Ponga una capa de rodajas de limón sobre los tutos de pollo y también las cáscaras y ajos de la marinada. Lleve al horno por 45 minutos o hasta que la piel del pollo esté dorada y crocante.

Retire del horno y ponga los tutos en una fuente con tomillo fresco encima. Acompañe de arroz blanco y ¡A gozar!

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