Reporte de sostenibilidad: fin a la sopa de letras. Por Héctor Lehuedé

Abogado de la Universidad de Chile, magíster en ciencias jurídicas de la Universidad de Stanford, socio de RAZOR Consulting

Los nuevos estándares de sostenibilidad crean un lenguaje común para reportar los riesgos y oportunidades de sostenibilidad de una empresa, tal como hicieran las Normas Internacionales de Información Financiera (IFRS), hace ya muchos años, para el reporte financiero.


Los riesgos relacionados con la sostenibilidad, que incluyen los sociales, ambientales y aquellos derivados del cambio climático, pueden ser riesgos materiales para la economía global. Pueden causar efectos significativos en el valor de las empresas cotizadas en Bolsa, las que representan dos tercios de la capitalización del mercado mundial donde en mayor o menor están invertidos los ahorros de todos nosotros.

Que la exposición de esas empresas a esos riesgos no sea adecuadamente reportada, implica que los precios de las acciones o bonos emitidos por ellas no serán correctos, y quedarán expuestos a variaciones abruptas de cotización. Esa variaciones dañan la eficiencia e integridad de los mercados de capitales, que son las mejores herramientas que tenemos para asignar el capital en una economía de mercado. Por eso, el reporte de los riesgos de sostenibilidad se ha vuelto una prioridad en el desarrollo de estándares de divulgación en todo el mundo.

Por un largo tiempo, sin embargo, a pesar de existir un consenso respecto de la importancia de contar con regímenes de divulgación adecuados y comunes, coexistieron varios marcos de reporte alternativos, cada cual con objetivos y énfasis diversos, con distintos criterios de materialidad y umbrales de reporte, que generaron confusión y contribuyeron a lo que se caricaturizó como una “sopa de letras” de reporte ESG.

En ese contexto, los reguladores dudaban qué marco o estándar de reporte adoptar, temiendo que se consolidara globalmente uno distinto al elegido. Los emisores, por su parte, se veían presionados a reportar voluntariamente bajo varios marcos y estándares simultáneamente, produciendo reportes que no siempre eran de utilidad para los inversionistas y grupos de interés, quienes debían lidiar con informaciones no comparables.

El 26 de junio pasado, todo eso empezó finalmente a cambiar. Ese día, el Consejo de Normas Internacionales de Sostenibilidad (ISSB), entidad dependiente de la Fundación IFRS, emitió sus dos primeros estándares internacionales de sostenibilidad, IFRS S1 y IFRS S2. Estas normas tienen la vocación de unificar las divulgaciones relacionadas con la sostenibilidad en los mercados de capitales, y vienen a reemplazar a todas esas iniciativas paralelas que competían hasta ahora.

Los nuevos estándares crean un lenguaje común para reportar los riesgos y oportunidades de sostenibilidad de una empresa, tal como hicieran las Normas Internacionales de Información Financiera (IFRS), hace ya muchos años, para el reporte financiero. Los estándares están diseñados para garantizar que las empresas proporcionen información relacionada con la sustentabilidad juntamente con los estados financieros, y se sustentan en las normas IFRS que son aplicables en la preparación de esos estados financieros en más de 140 jurisdicciones.

Así, la nueva norma S1 busca unificar el reporte a los inversores sobre los riesgos y oportunidades relacionados con la sostenibilidad a los que se enfrentan las entidades en el corto, medio y largo plazo. Para ello se basa en el marco de reporte de Integrated Reporting (IR), que fue diseñado para ayudar a las empresas a crear y preservar el valor de forma sostenible, cubriendo de forma holística el proceso de creación de valor, desde la gobernanza hasta la divulgación del modelo de negocio y los impactos a lo largo de su cadena de valor.

La norma S2, por su parte, establece qué reportar en relación al cambio climático. En su desarrollo se incluyeron las recomendaciones del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima (TCFD), y esta semana el Consejo de Estabilidad Financiera  solicitó a la Fundación IFRS que se haga cargo del seguimiento del reporte de las empresas que han adoptado el marco TCFD, con lo que la integración pasa a ser completa en materia de reporte de cambio climático. Esta norma también incluye una guía complementaria derivada de los temas y métricas relacionados con el clima desarrollados por los estándares de la Sustainability Accounting Standards Board (SASB). Ellos incluyen normas para facilitar la divulgación en 77 industrias y sectores específicos, actualizados para alinear los temas y métricas con la nueva norma S2.

Así, desde hace algunas semanas, se ha dado un paso enorme hacia estándares globales de reporte de sostenibilidad. Esta información, divulgada uniformemente, permitirá a los inversionistas, grupos de interés y reguladores juzgar el comportamiento de las empresas en materia de sostenibilidad, e impulsar mejores conductas en un área de la que depende la estabilidad financiera, la economía global, e incluso nuestra subsistencia en el planeta.

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