Febrero 20, 2023

Mubi: mis 9 películas de selección. Por Ana Josefa Silva

Periodista y crítica de cine
Captura del filme White God.

Joyas premiadas en el Oscar y sobre todo en importantes festivales; películas entrañables que pasaron más desapercibidas de lo que merecían, y también algunas con mucho humor de por medio.


Lo que hay en Mubi no tiene desperdicio. Por eso, esta selección es muy acotada. (¿Haremos otra?).

White God

Esta es una de mis películas imborrables. Porque aún me estremece, porque es única en su original manera de ser a la vez un drama de denuncia social e íntimo y eficaz como thriller de suspenso. Porque tiene una de las secuencias más asombrosas y emocionantes que recuerde.

 

Hungría. Una chica de 13 años es “depositada” por su madre -que viajará por tres meses a Australia con su novio- en manos de su padre, que no es que se muera de ganas de recibirla. El intercambio del “paquete” se hace en plena calle. Para peor, Lili viene con su perro, Hagen, un mestizo grande y bonito, buena persona. La expresión del padre se torna más agria.

El padre es un sujeto rudimentario -trabaja como supervisor en un matadero- pero tiene una razón para mirar feo al perro: en cuanto llegan al departamento, la vecina con alma de policía política le recuerda bruscamente que no se admiten canes, menos si no son de raza, inscritos. Es la ley.

Así, la niña y su perro —el único que le da afecto— son separados de la manera más insensible. Pasamos de la inocencia a la violencia, incluida su versión sádica, pisando territorios de pesadilla apocalíptica hasta aquélla escena en que uno no puede contener un brinco. Pero ya todo se ha desatado. Y entonces la secuencia pasmosa con que abre la película -la niña en bicicleta seguida por cientos de perros corriendo tras ella por calles vacías- cobra sentido. (Se usaron 274 animales para el rodaje).

Con White God (¿juego de palabras God-Dog?) el húngaro Kornél Mundruczó desafía a la imaginación más delirante, construyendo una parábola elocuente, prístina y compleja a la vez -la historia se sigue sin aliento, como un thriller dramático intenso y emotivo-, sobre las relaciones (y el abuso) de poder en el tejido social más cotidiano de nuestras sociedades. Ese que ostenta aquel funcionario gris que nos puede complicar o facilitar el trámite; el profesor hastiado; el (la) chofer de la 4 x 4 que tira el auto encima; y más que nada la desidia con que (no) nos hacemos cargo de los frágiles y vulnerables de nuestra sociedad. Lili y Hagen son los indeseados, los que sobran, los que no importan.

¿Cuánto daño se le puede hacer a los mansos y humildes de corazón hasta llegar a transformarlos en dañinos? Mundruczó nos responde con imágenes de una belleza inolvidable, con la Rapsodia Húngara de Liszt cruzando un mundo y el otro. Pero lo hace no con un final dulce, sino con una escena conmovedoramente poética y calma, cargada de una atmósfera de tragedia que queda allí para ser completada por el espectador.

White God (Dios blanco | Feher isten)

  • Director: Kornél Mundruczó.
  • Guion: Kornél Mundruczó, Viktória Petrányi, Kata Wéber.
  • Música: Asher Goldschmidt.
  • Fotografía: Marcell Rév.
  • Reparto: Zsófia Psotta, Sándor Zsótér, Lili Horváth, Szabolcs Thuróczy, Lili Monori.
  • Hungría, 2014.
  • Duración: 119 min.

La isla de Bergman

Mia Hansen-Love escribe y dirige este homenaje al proceso creativo y al venerado Ingmar Bergman. Chris (Vicky Krieps) y Tony (Tim Roth), una pareja de cineastas, viajan a la isla sueca de Farö, donde el histórico director Ingmar Bergman vivió y rodó varias de sus películas. Piensan pasar allí el verano con el fin de inspirarse para sus nuevos proyectos.

 

Como destino turístico intelectual, allá se unirán a un grupo que anda en lo mismo: conocer el “santuario” (la casa del cineasta), pasear por los lugares icónicos de la filmografía de Bergman, recorrer en bicicleta el entorno solitario y de naturaleza salvaje, cenar bajo las estrellas.

El repaso del cine del realizador es ineludible. Pero el objetivo del viaje es trabajar, algo que le cuesta más a Chris. Mientras él asiste a charlas y foros, ella intenta escribir algún borrador. Así, bosqueja “la historia de Amy”, una chica que se parece mucho a ella misma. solo que es un poco más joven y se relaciona con hombres atractivos.

En este juego de metacine, el relato se focaliza en la relación de Chris y Tony que empieza a mostrar sus trizaduras.

Bergman Island

  • Dirección y guion: Mia Hansen-Løve.
  • Música: Raphael Hamburger.
  • Fotografía: Denis Lenoir.
  • Reparto: Vicky Krieps, Tim Roth, Mia Wasikowska, Anders Danielsen Lie, Joel Spira, Oscar Reis, Jonas Larsson Grönström.
  • Francia, 2021.
  • Duración: 112 min.

Los últimos años del artista: Afterimage

El gran Andrzej Wajda (Katyn, 2007) presentó Los Últimos Años del Artista: Afterimage en la Sección Oficial del Festival de Toronto en 2016. Al mes siguiente, a los 90 años, fallecería. Había estudiado pintura en la Academia de Bellas Artes de Cracovia antes de ingresar en la Escuela de Cine de Łódź.

 

Esta película se focaliza en los últimos años de vida del pintor vanguardista polaco Wladyslaw Strzeminski, perseguido por el régimen comunista (tal como el director). Respetado y querido maestro, había fundado en 1934 el segundo Museo de Arte Moderno del mundo. Había aprendido a pintar después de que le fuera amputada una pierna y un brazo tras la Primera Guerra Mundial.

Cuando la URSS posa sus garras sobre Polonia en 1948, Strzeminski se niega a seguir las órdenes del Partido que decide que todo debe estar supeditado al “realismo social”. Incluido el arte.

La imagen con que abre el filme es elocuente: un inmenso telón rojo con la figura de Stalin va cubriendo el edificio y tiñendo de ese color el desangelado departamento donde está el pintor. Allí mismo, con precisión y lentitud, Strzeminski rasga el lienzo para espanto de los uniformados que están supervigilando la labor. De ahí en adelante, con terquedad aunque sin arrestos heroicos, irá sufriendo las consecuencias de negarse a seguir los dictámenes del Partido. Todo esto escenificado desde la más kafkiana burocracia.

“¿Por qué no quiere sumarse a los cambios?”, le pregunta un funcionario/académico. Aunque acompañado por algunos discípulos, su decadencia es inexorable. Nada que doblegara su parca tenacidad.

Directo y escueto, Wajda no filma ni un cuadro demás: las imágenes, los colores, la iluminación son elocuentes; los diálogos breves y como cuchillos. El personaje de su hija, una escolar de una madurez forzada por las circunstancias, es de aquellos inolvidables. Personaje y metáfora a la vez, asistirá, también sin mayores aspavientos, a los funerales de su madre primero y luego de su padre.

El cineasta y el pintor fueron símbolos de resistencia ante la tiranía oficial.

Afterimage: Los últimos años del artista (Powidoki)

  • Dirección y guion: Andrzej Wajda.
  • Música: Andrzej Panufnik.
  • Fotografía: Pawel Edelman.
  • Reparto: Boguslaw Linda, Aleksandra Justa, Bronislawa Zamachowska, Jacek Beler.
  • Polonia, 2016.
  • Duración: 98 min.

Alcarràs

  • Disponible desde el 24.

Con su segunda película, Carla Simón (la primera fue Verano 1993) volvió a ganar el Oso de Oro en Berlín. Ha sido de los pocos filmes españoles que pasó (brevemente) por nuestras carteleras, en un momento en que el cine peninsular vive un momento prodigioso.

 

Es pleno verano en Alcarràs (Cataluña) y mientras los mayores cosechan duraznos, Iris, una niña vivaz y despierta, juega con sus pequeños primos. La familia Solé reúne a tres generaciones en su casona en medio del campo.

El sol, el impresionante verdor, el viento suave, la piscina junto a la casa y el jugueteo divertido de los niños parece sumergirnos en un panorama bucólico. Y sí, también habrá almuerzos regados y alegres con más familiares aún, animadas fiestas tradicionales en el pueblo. Pero ya en esas primeras secuencias sabemos que se anuncia el fin.

Aparecen camiones y gente instalando paneles solares. Y es que el patriarca de la familia recibió esas tierras “como se hacía antes, sin firmas”. No hay papeles. De manera que este será el último verano en que los Solé se dediquen a lo que han hecho por generaciones: plantar y cosechar. Porque la tierra les dejará de pertenecer.

Los ojos de los niños, la mayor parte del tiempo, y el resto de esta familia de campesinos son la cámara con que se nos abre este cotidiano. De una belleza sobrecogedora, de dolores agazapados, las imágenes fluyen con naturalidad; los personajes se dejan “espiar” en sus afanes y sus preocupaciones.

Las de Iris, tener rincones donde jugar; los adolescentes, aprender el baile para la Fiesta; los mayores, resolver el día a día; y el hombre de la casa, seguir hasta que se pueda, aunque se quiebre. (Ojo con la canción “La Patrona”).

Alcarràs

  • Dirección: Carla Simón.
  • Guion: Carla Simón, Arnau Vilaró.
  • Música: Andrea Koch.
  • Fotografía: Daniela Cajías.
  • Reparto: Jordi Pujol Dolcet, Anna Otín, Xenia Roset, Albert Bosch, Ainet Jounou, Josep Abad, Montse Oró, Carles Cabós.
  • España, 2022.
  • Duración: 120 min.

Drive my car

Ganadora del Oscar 2022 a Mejor Filme Internacional (además de otros 82 premios) esta es una fina y delicada pieza cinematográfica. Basándose en un cuento de Haruki Murakami (1949), Hamaguchi teje una historia intimista en torno a la pérdida, la culpa, el dolor y la posible redención.

 

Es un drama contenido que relee a Chejov, estableciendo un paralelo entre el protagonista —un director y actor de teatro— y los personajes de “El tío Vania”, acaso una de las obras más representadas del autor ruso en el mundo. Yüsuke tiene la costumbre de repasar y ensayar las obras escuchando en su auto un casete grabado por él y su esposa, una reputada guionista.

Aunque la primera obra que lo vemos representar en escena es “Esperando a Godot”, durante las tres horas del filme son las sutiles y a la vez estremecedoras líneas de “El tío Vania” las que escucharemos y veremos una y otra vez, de diferentes maneras. Tras sufrir una pérdida, Yüsuke acepta trasladarse a Hiroshima para dirigir un montaje de la obra de Chejov. Un montaje en lengua japonesa, coreana, inglesa y de señas.

Siempre conduciendo su viejo automóvil rojo. Ha pedido ser ubicado en un hotel a una hora de distancia del Teatro para disponer de ese tiempo escuchando las grabaciones de la obra: es su manera de estudiarla y ensayar. Se trata de un lugar situado en una isla, con el mar apacible frente a su ventana.

Allá se le asigna un conductor, que resulta ser una chica joven, Misaki, de pocas palabras. Tal como en las obras de Chejov, en Drive My Car los dramas que se van descubriendo se despliegan como la vida misma, sin aspavientos y a la vez profundos y muy reales. Sin apuro. Porque solo así emergen nuestros fantasmas escondidos.

La cámara de Hamaguchi es capaz de capturar esa humanidad tanto en los planos más acotados —en los ensayos, ceremonias, presentaciones, reuniones íntimas— como en los asombrosos planos generales donde caben el mar y el auto rojo circulando por la orilla del camino.

La aparentemente improbable amistad que surge entre Misaki y Yüsuke se abre al espectador en dos de las secuencias más inolvidables de este filme extasiante y bello.

Drive my car (Doraibu mai kâ)

  • Dirección: Ryûsuke Hamaguchi.
  • Guion: Ryûsuke Hamaguchi, Takamasa Oe. Historia: Haruki Murakami.
  • Música: Eiko Ishibashi.
  • Fotografía: Hidetoshi Shinomiya.
  • Reparto: Hidetoshi Nishijima, Tôko Miura, Reika Kirishima, Sonia Yuan, Satoko Abe.
  • Japón, 2021.
  • Duración: 179 min.

Cold War

Potente drama político y pasional en medio de las turbulencias que vivieron Polonia y sus habitantes post Segunda Guerra Mundial. Pawel Pawlikowski (Oscar 2015 por Ida ) decidió titular “Guerra Fría” a una historia de amor tórrida y fatal que se anuncia en las primeras imágenes.

 

Es 1949 en Polonia. Cruzando parajes inmensos, una pequeña comitiva llegará hasta el caserío, donde entre los escombros de una iglesia, se divisa tras el hielo la imagen de una Madonna.

Son tres personas que buscan conformar un espectáculo que desde el folclore polaco se alinee con las rígidas normas del protectorado soviético bajo el que ahora están sometidos y agrade a las autoridades (Stalin, especialmente).

El grupo lo encabeza un director de orquesta, Wiktor, que en un gran casting reunirá a cientos de cantantes y bailarines locales.
Entre los postulantes, resalta una chica de trenza rubia e inmensos ojos claros, Zula (portentosa Joanna Kulig).

Desde que ella posa sobre el director su inquietante mirada, Wiktor perderá completamente el control sobre su destino, aunque él se tome la vida en llegar a sospecharlo. En ese juego de poderes que es el amor, ¿qué es una campesina adolescente, acusada de un crimen atroz, frente a un respetado artista que la supera en varios años?

Las cada vez más complicadas fronteras separan a los amantes y los unen en París en un local de jazz llamado “L’Eclipse”. Zula (Joanna Kulig) es una Monica Vitti (El Eclipse) más perversa; una Lola Lola-Marlene Dietrich (El Ángel Azul) más desconcertante e impredecible.

La tragedia, las contradicciones, los vaivenes de la pareja juegan a reflejar, tal como la Madonna en el hielo de la destruida iglesia de la aldea, la convulsa historia de su país. Y que como Zula, se desliza entre aquello que está fuera de su control y la fuerza de la porfía.

Cold war (Zimna wojna)

  • Dirección: Pawel Pawlikowski.
  • Guion: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki, Piotr Borkowski.
  • Fotografía: Lukasz Zal (B&W).
  • Reparto: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc.
  • Polonia, 2018.
  • Duración: 88 min.

Sils Maria

Sils Maria es una localidad del valle Engadin, en el cantón suizo de Grisones. Fue el refugio favorito de Nietzsche (aún está su casa) y lugar de veraneo de Thomas Mann y Hermann Hesse. Marcel Proust también lo frecuentaba. Allí se desarrolla este singular drama sicológico y existencial que tiene a tres mujeres en el centro, cada una en un muy diferente momento vital.

 

Las primeras escenas muestran a una estresada Valentine (asombrosa Kristen Stewart) respondiendo llamadas. Es la asistente de Maria Enders (Juliette Binoche), una estrella internacional de cine y teatro, que viaja a Suiza para asistir a un homenaje al director que la lanzó a la fama con un montaje teatral que luego trasladó al cine, La serpiente de Maloja.

Una llamada le anuncia que el homenajeado acaba de morir. La otra es la de un joven director que quiere remontar esa obra en la que Maria, a sus 18 años, encarnaba a Sigrid, una joven algo perversa, que enamoraba a Helena, una mujer de edad mediana, conduciéndola a un trágico final.

El director está empeñado en contar con Maria en el elenco, claro que para que haga el rol de Helena. Maria ha hecho una exitosa carrera en Hollywood y está hastiada de actuar «enfrente de pantallas verdes», en películas en las cuales los diseños digitales importan más que lo que interpreta un actor. Justamente el tipo de filmes que tiene como súper estrella a Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz), una chica sub 18, caprichosa e indolente, que en la nueva producción teatral tomará el rol de Sigrid, «su» rol.

A su vez, en Maria hay una cierta arrogancia intelectual que es una de las tantas maneras que tenemos los seres humanos para resistirnos al cambio. Su encuentro con Jo-Ann tendrá otro efecto-espejo. Antipática y soberbia, la chica le restregará a Maria que ya está mayor: a fin de cuentas, la única ventaja comparativa de la starlet es su juventud y de alguna forma inconsciente ella lo intuye.

Sils Maria no se agota en estos vericuetos bergmanianos: las capas de lectura que ofrece darían para tesis de varias disciplinas. Pero el puzzle que construyen magníficamente las tres actrices y sus personajes, que parecen uno solo jugando a sobreponer el tiempo, es suficiente para hacerla fascinante.

Sils Maria (Clouds of Sils Maria)

  • Dirección y guion: Olivier Assayas.
  • Fotografía: Yorick Le Saux.
  • Reparto: Juliette Binoche, Kristen Stewart, Chloë Grace Moretz, Johnny Flynn, Lars Eidinger, Hanns Zischler.
  • Francia, 2014.
  • Duración: 124 min.

Sorry we missed you

En el tramo más bajo de la cadena de ese mundo laboral que se ha tejido como telaraña en torno a las App pone su ojo Ken Loach. Ricky (Kris Hitchen) no ha conseguido mantenerse estable en algún empleo. Su mujer, Abby (Debbie Honeywood) es cuidadora en un hogar de ancianos. La solución que encuentran: vender el pequeño auto de Abby y dar el dinero como parte de pago para comprar una furgoneta.

 

Así, Ricky se convierte en repartidor de una compañía de delivery, lo que laboralmente lo deja a medio camino entre un empleado y un trabajador por cuenta propia. En rigor, ello significa la peor parte de uno y otro. En ese estilo naturalista propio de Loach —heredero del cine de realismo social británico— el relato va exponiendo el cotidiano de Ricky en un in crescendo que arranca desde una rutina abordable hasta llegar a momentos chocantes y hasta violentos.

El lado de B de este nuevo y floreciente mercado laboral. El relato es envolvente y cercano, con lo que consigue que el espectador viva la angustia con los protagonistas, lo que se atenúa algo con ciertos momentos distendidos. Aunque escasea el humor Loach instala un acto de fe: si la sociedad se muestra fría y egoísta, hay solidaridad entre grupos cercanos, en este caso, una familia amorosa y cálida.

Sorry we missed you

  • Dirección: Ken Loach.
  • Guion: Paul Laverty.
  • Música: George Fenton.
  • Fotografía: Robbie Ryan.
  • Reparto: Kris Hitchen, Debbie Honeywood, Rhys Stone, Katie Proctor, Nikki Marshall, Harriet Ghost, Linda E Greenwood.
  • Reino Unido,2019.
  • Duración: 101 min.

Amor y amistad

Seductora, fina, intrigante, bella, encantadoramente fría y astuta como nadie, Lady Susan Vernon es uno de los más fascinantes personajes con que uno tendrá el gusto de toparse alguna vez en el celuloide. Esta viuda alegre, que mueve los hilos sin fallar puntada, es la protagonista de Amor y Amistad y surgió de la pluma de una muy joven Jane Austen. (Se trata de una novela editada póstumamente con otro nombre).

 

Basándose en estos textos, el director y guionista neoyorkino Whit Stillman dio vida a esta chispeante y vertiginosa comedia de enredos, construida a base de esos diálogos oblicuos que no tienen desperdicio y que en este caso se suceden de una escena a otra. La película irrumpe cuando Lady Susan (¡magistral Kate Beckinsale!) está abandonando algo precipitadamente la residencia de sus anfitriones, Lord y Lady Manwaring, tras haber flechado al primero y dejado con pataleta a la segunda.

Es 1790. El escándalo ha llegado a Londres y sus alrededores, cosa que no hace la menor mella en nuestra protagonista. Lady Susan, quien ha enviado a su joven hija Federica interna a un colegio, llega a instalarse al castillo de su cuñado Charles Vernon y su mujer Catherine, en Churchill. Sus planes son casar a Federica con Sir James Martin (Tom Bennett), un sujeto de muy pocas luces.

Amor y amistad es como un destilado de los mejores momentos que nos brindara la condesa viuda Violet Crawley (Maggie Smith) en Downton Abbey. Ágil, inteligente y divertida,

Amor y amistad (Love and Friendship)

  • Dirección y guion: Whit Stillman.
  • Novela: Jane Austen.
  • Música: Mark Souzzo.
  • Fotografía: Richard Van Oosterhout.
  • Reparto: Kate Beckinsale, Chloë Sevigny, Xavier Samuel, Stephen Fry, Emma Greenwell.
  • EE.UU.,2016.
  • Duración: 94 min.

 

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