Caso Araos: ¿El fin de la “amistocracia”? Por Carlos Correa Bau

Director Ejecutivo de Qualiz
Crédito: Agencia Uno.

Sin duda que una serie de eventos desde aquel de la ex ministra Siches, o los desaciertos de Jackson en la Segpres, dejaron instalada la sensación que al Presidente le importan más sus amigos del Frente Amplio que el desempeño de su gobierno. La reacción en el caso del subsecretario Araos es un paso importante para dejar atrás esa idea.


A raíz de la salida del subsecretario Araos, y la entrada de un cuadro experto del gobierno de Lagos, el gobierno planteó que era prudente nombrar a alguien que no iba a necesitar una curva de aprendizaje. El concepto da cuenta que el gobierno y el Presidente, tras una larga curva de aprendizaje tiene plena conciencia que sus cargos de confianza no son espacios para agarrar fogueo político, como le gusta a muchos en el Frente Amplio.

Si bien notas de este medio muestran que la decisión no fue tan sencilla, el proceso fue mucho más rápido que casos anteriores de chambonadas. Un ejemplo de ello es la ex ministra del Interior Izkia Siches, a quien inexplicablemente se le mantuvo en el cargo varios meses después del espectáculo en el Congreso, donde declaró con indignación sobre una falsa información de migrantes que no eran expulsados.

El éxito del gobierno está ligado al establecimiento de confianzas. En ello el Presidente tiene plena conciencia y lo dijo en su cuenta pública, reconociendo que había cierto escepticismo en las personas sobre la capacidad de la actual administración de hacerse cargo de los problemas concretos, en especial la seguridad.

Sin duda que una serie de eventos desde aquel de la ex ministra Siches, o los desaciertos de Jackson en la Segpres, dejaron instalada la sensación que al Presidente le importan más sus amigos del Frente Amplio que el desempeño de su gobierno. La reacción en el caso del subsecretario Araos es un paso importante para dejar atrás esa idea.

A falta de transformaciones en la sociedad, a la administración actual le queda hacer el mejor delivery de políticas públicas. La realidad de un gobierno derrotado en las dos contiendas electorales que se enfrentó, sin una nueva Constitución que haga posible el programa, como decían en los meses anteriores de entrar a la Moneda, hace impensable seguir en una agenda de reformas profundas.

Por otro lado, el gobierno es minoría en el Congreso y la oposición prefiere bailar el ritmo republicano en vez de sentarse a la mesa de negociaciones. El tira y afloja de la Reforma Tributaria, donde incluso con acuerdos empresariales, la UDI ha dicho que la rechazará es la mejor evidencia de ello. En ese escenario, el éxito está dado por la solución de problemas concretos como seguridad ciudadana, atención de salud o la reactivación económica. Es efectivo que las deudas en esos tres ámbitos no son responsabilidad de la administración actual, pero eso a nadie la importa.

La gestión diaria de los asuntos importantes para las personas no da espacio a improvisaciones. Uno de los efectos de las tantas que ha habido, incluyendo un cierto lenguaje de desdén hacia administraciones anteriores con lo que partió el actual gobierno, es la instalación de una duda legítima sobre las capacidades de las autoridades actuales.

El mayor de esos problemas recae sobre las figuras del Frente Amplio, vistas en muchos casos como soberbios, y con exceso de postgrado, pero escasez de contacto directo con las personas. De manera jocosa se ha llamado a este fenómeno como el “ñuñoismo”, haciendo referencia a la comuna del sector oriente de la capital convertida en un ícono cultural de la izquierda. De la misma manera que la homogeneidad de egresados de la Universidad Católica generó un problema para la administración Piñera, la similitud de muchos del círculo del Presidente hace pensar en el mismo defecto de origen. En cada improvisación, los medios suelen recordar eso, con el consiguiente daño en las confianzas.

En esta sensación de ineptitud, el Socialismo Democrático ha logrado instalarse como una cantera adecuada de cuadros para el gobierno. Por su propio historial y la cantidad de militantes o simpatizantes que tuvieron cargos de responsabilidad en administraciones anteriores, pareciera a veces que son la reserva técnica del gobierno, y el lugar donde se debieran sacar los futuros cuadros. Ha sido esa la tónica en cada uno de los reemplazos, donde se repite el guión de salida de un funcionario inexperto, con un historial de críticas profundas a la administración anterior, por un cuadro con experiencia en la administración del Estado. Pero no es posible tampoco una administración con solo figuras de ese mundo, que ya fue derrotado electoralmente por Apruebo Dignidad.

La solución a esto pasa por un ajuste en el relato, dejando claro las tareas de una mejor administración y la generación de confianzas, en vez de las salidas por goteo. Varios han declarado superada la teoría de los anillos concéntricos, y la existencia de dos coaliciones, pero cada vez que ocurre una situación como esta, vuelve a resurgir. El camino pareciera ser un gobierno formado por cuadros con más habilidad en los asuntos públicos, y menos de la pandilla ideológica de origen del Frente Amplio. En ello no debiera haber partidismos, y quizá dejar atrás el criterio de los equilibrios políticos incluyendo más independientes o figuras con más experiencia.

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