-El 11 de mayo un 40% apoyaba una nueva constitución, hoy llega al 21%; es decir ha perdido la mitad. ¿Esta caída tan pronunciada es algo fuera de lo común en este tipo de procesos?
-A mí me parece normal en un proceso que nunca logró conectar emocionalmente con la opinión pública, que evidencia un nivel de desgaste enorme. Aunque comenzó con aspectos positivos como las 12 bases fundamentales gracias a un acuerdo político, se fue enredando con el nombramiento de los expertos, directamente por el Congreso y no con votación popular.
-¿A qué se debe este desafección de la población?
-Este proceso es un zapato chino, una paradoja constitucional. Un 80% estuvo de acuerdo con las 12 bases. Los dos primeros capítulos del Consejo de Expertos lograron más del 70% de apoyo, al igual que las enmiendas del Partido Republicano. Y aún así hoy la propuesta logra apenas el 21% a favor. Es decir, las razones para aprobar o rechazar no son por el contenido constitucional, ni por el anteproyecto ni por las enmiendas republicanas.
-¿Entonces, cuáles son las causas: un hastío, una distancia con el problema constitucional?
-Tiene que ver con el hastío, el cansancio, el contexto, debido a la sobre politización del proceso. Es decir, la gente vota dependiendo de si es de izquierda o de derecha, no por la propuesta. Todas las razones principales vienen desde fuera del texto.
-Comparado con el primer proceso, ¿este ha tenido peor apoyo desde el principio?
-Es un proceso completamente diferente, pero siento que estamos en esa etapa, entre marzo y abril, cuando en el proceso anterior se da vuelta el balance entre el el apruebo y el rechazo, que crece más de diez puntos. Y esa distancia termina sosteniéndose hasta el final.
-¿Cuando aparecen las críticas más fuertes, del mundo de la centroizquierda?
-Estamos en esa etapa intermedia. Es un proceso más corto y con una opinión pública más desapegada del proceso. Será clave octubre, cuando comiencen a definirse los principales personajes y la franja, que van a tener un rol importante. Sabemos que toda elección puede cambiar durante el último mes.
-¿Cuál es el perfil de quiénes votan en contra?
-Cuando tienes un 60% de rechazo es bastante transversal. Más bien, la pregunta es: ¿dónde está el a favor hoy día? Y está más concentrado en la derecha que en la izquierda. Te diría que es el único segmento donde se ve una diferencia significativa.
-¿Y en términos de grupos socioeconómicos hay alguna tendencia?
-Es igualmente transversal. Es un voto negativo que traspasa todos los segmentos.
-Este proceso empezó con un 44% en contra y ahora está en 59%. O sea, subió 15 puntos el rechazo. ¿Fue así con la ex Convención?
-Sin duda. El proceso anterior partió ganando el apruebo con más de 15 puntos de distancia y terminó perdiendo por 30. Fue incluso más radical la caída.
-En la encuesta miden cómo influye el presidente Boric: si llama a votar a favor complica esa alternativa.
-Claro, si llama a votar apruebo, genera una movilización por estar en contra. Pero si llama a rechazar, tampoco genera un cambio. Lo que la opinión pública parece estar esperando del presidente Boric es prescindencia, a diferencia del proceso anterior, donde se la jugó por completo por el apruebo.
En este escenario, hay una posibilidad de camino. Hoy estamos en 21% a favor; si la propuesta se aprueba solamente con los votos de Chile Vamos y Republicanos puede aspirar a 34. Si además, Kast llama a votar a favor, puede llegar a 37. Pero aún así no apruebas.
-¿Cuál sería la opción?
-Buscar un texto más transversal, apoyado por todos, que sería el único camino posible, al menos en el corto plazo, para que esto termine positivamente.
-¿Ni Boric ni José Antonio Kast pueden cambiar la tendencia?
-Boric podría tomar una decisión de dejar en libertad de acción, o no manifestarse en torno a esto, pero Kast tiene un rol: que el Partido Republicano gane y la gente vote a favor de su propuesta. Por lo tanto, la pregunta es: ¿cómo consigo aprobar en ese contexto? La estrategia de buscar apoyo a través de las enmiendas populares no ha surtido efecto. El camino son los acuerdos transversales.
-¿Qué te parece esta aparición que tuvo el fin de semana la alcaldesa Matthei, que dijo que así como va el texto no tiene ninguna posibilidad de aprobarse y que ella no va a gastar su capital político apoyándolo?
-Tiendo a estar de acuerdo con la alcaldesa. Todo proceso electoral tiene inercias y si se mantiene el estatus quo, este se va a rechazar. Veo poco probable que esto se apruebe. Y en ese contexto la alcaldesa no estaría disponible a jugar su capital para cambiar ese destino.
-Es curioso, porque la gente sigue estando de acuerdo con tener una Constitución nueva (64%). Pero quiere una Constitución que de estabilidad al país (76%).
-La posibilidad de aprobarla es un acuerdo político amplio, probablemente fuera del Consejo, que involucre a todas las fuerzas políticas. Un texto donde todos ganen y todos pierdan. Así se acaba con el debate constitucional y por otro lado le da estabilidad al país en el largo plazo.
-El rechazo sube de 57 a 59, lo que no es significativo. ¿Pero crees que temas como el aborto, que se ha discutido tanto, pueden hacer variar la aguja?
-Creo que no ayuda para que crezca el apruebo. A algunos les molestará el fin de las contribuciones para la primera vivienda; a otros les molestará la posibilidad futura de que se termine el aborto; a otros les molestará la reducción de los parlamentarios. Como fuere, es evidente que las enmiendas no están generando un clima favorable. Y por lo tanto es urgente un cambio de estrategia de Republicanos y Kast si quieren que esto resulte.
-¿Quiénes son los mayores damnificados con el “en contra”?
-El primer damnificado es Chile, que no logra cerrar un proceso constitucional que ya lleva años abierto, que era el llamado a encausar racionalmente el desborde emocional que significó el estallido social, que era el llamado a generar los cambios que permitieran tener un sistema político que le de gobernabilidad a Chile… Entonces Chile es el principal dañado.
Ahora, en términos políticos, es evidente que el Partido Republicano, que tiene la responsabilidad de lograr el triunfo electoral, va a ser el principal damnificado de continuar esta tendencia negativa.
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