Octubre 13, 2023

Proceso constitucional: Votar En Contra será la revancha de la izquierda. Por Jorge Schaulsohn

Ex presidente de la Cámara de Diputados
Los consejeros Yerko Ljubetic y Alejandro Köhler (Unidad para Chile) y la comisionada experta Verónica Undurraga.

El plebiscito del 17 de diciembre es el partido de la revancha que le permitiría a la izquierda recuperarse de las dos inmensas derrotas sufridas con el triunfo del rechazo y la elección de los consejeros y está esta alentada en su intransigencia por las encuestas que favorecen el En Contra, pero eso no está garantizado. Muchas de las disposiciones aprobadas son populares entre la población según indican las mismas encuestas, mientras que las ideas de la izquierda ya fueron rechazadas una vez.


¿Fracaso?. Todo indica que este segundo intento de cambiar la constitución estaría terminando exactamente igual que el primero, es decir en un enfrentamiento ideológico entre las izquierdas y las derechas. Lo que trae aparejado un sentimiento de frustración y se interpreta como un gran fracaso de la “clase política” con su secuela de recriminaciones mutuas, por no haber sido capaces de construir la “casa de todos”.  Entonces cabe preguntarse si eso es verdaderamente así y también en qué consistiría el “fracaso”.

  • Desde un punto de vista procedimental no se puede hablar de fracaso puesto que se han cumplido rigurosamente todas y cada una de las etapas contempladas en la reforma a la constitución que habilitó el proceso. Los debates se han conducido de una forma ordenada, pacífica y civilizada en un clima de respeto mutuo.
  • También se han respetado rigurosamente los “bordes” acordados por el Congreso, que no existieron en la Convención, de modo de garantizar un marco jurídico básico que fijó límites a la competencia tanto de los expertos como de los consejeros, por lo que no fue necesario activar en ningún momento el mecanismo de los árbitros.
  • Solo hubo un reclamo a la Corte Suprema por la inclusión de nuevos capítulos que fue prontamente desechada.  Es decir, no operó ninguno de los mecanismos diseñados para resolver las disputas que se anticipaban, simplemente porque ellas no se produjeron.
  • Así las cosas, se supone que el fracaso sería la falta de unanimidad o de acuerdo entre las izquierdas y las derechas a la hora de aprobar los contenidos de la nueva constitución.
  • Es cierto que en un momento surgió la esperanza de que ello se produjera, especialmente cuando se aprobó el ante proyecto de los expertos.
  • Pero se olvida que la unanimidad que se produjo entre ellos se logró solo porque no se abordaron ninguno de los temas sustanciales, pertinentes y controvertidos; y porque los Republicanos, que tenían la mayoría en el consejo no estaban verdaderamente representados. En consecuencia, el tan cacareado “acuerdo histórico transversal” realmente nunca existió.

Falsa expectativa. Se creó una falsa expectativa fijando como parámetro del éxito o del fracaso la existencia de un acuerdo político sustantivo entre la izquierda y la derecha sobre el contenido de la nueva constitución.

  • Naturalmente, que los acuerdos son deseables, pero no siempre alcanzables. Escribir una constitución es un acto esencialmente político-ideológico toda vez que en ella se consagran los derechos, principios y valores fundamentales de la sociedad. La Constitución no es solo una “hoja de ruta”, ni un listado de reglas.
  • Por eso el mecanismo diseñado para hacerlo contempló una asamblea o consejo electo por votación popular, donde se le entrega a los partidos políticos el monopolio para la designación de candidatos.
  • Es absurdo hablar de un fracaso porque en un organismo electo por votación popular se aprobaron un conjunto de normas impulsadas por la mayoría referidas a la consagración de determinados derechos.
  • Según el comisionado del partido comunista Alexis Cortés “no es legítimo que la derecha ejerza su mayoría cuando se redacta una constitución para construir la casa de todos no un condominio cerrado”. Esta postura antidemocrática que   coloca en la interdicción a la mayoría no resiste el menor análisis; sin embargo fue abrazada con entusiasmo por casi todo el oficialismo,  lo que hizo prácticamente imposible los acuerdos.
  • El único escenario en el cual se podría hablar en propiedad de un fracaso es si el texto propuesto por el Consejo es rechazado por la ciudadanía, algo que está por verse.

La izquierda se cambió de caballo. La idea de una nueva constitución adquirió para la izquierda un valor simbólico existencial ligada a la ruptura definitiva con el régimen económico y social “heredado” de la dictadura; en un instrumento para cambiar las bases del sistema.

  • Concepto que se vio reforzado cuando la abrumadora mayoría de los ciudadanos aprobaron una asamblea constitucional y luego favorecieron a la izquierda en la elección de convencionales.  Envalentonada por el respaldo ciudadano la izquierda plasmó su proyecto en un texto refundacional que fue, para sorpresa de muchos rechazado.
  • Sin embargo, ahora la izquierda se cambió de caballo y aspiró a que la mayoría de derecha dejara sus convicciones en el vestíbulo de la sala de reuniones. Solo aceptarían un texto habilitante, para que todo sea resuelto en el parlamento.
  • Con esta idea se podrá estar muy de acuerdo y tal vez sea correcto, pero en el contexto del Chile polarizado, que fue testigo del estallido social y que vivió la mala experiencia de la convención no era realista.
  • El oficialismo sabía que la cancha estaba rayada desde el minuto en que la derecha se alzó con la mayoría del consejo; y que no dudaría ni un instante en usarla para defender las bases de un modelo de desarrollo basado en una economía capitalista abierta al mundo que mira al Estado con desconfianza.

El partido de revancha. Hoy, la única opción políticamente racional para la izquierda es el rechazo. El plebiscito del 17 de diciembre es el partido de la revancha que le permitiría recuperarse de las dos inmensas derrotas sufridas con el triunfo del rechazo y la elección de los consejeros. En un lenguaje futbolero equivale al repechaje que puede cambiar su destino. Borraría de un plumazo el estigma de perdedor, dejando en una posición muy incómoda a la derecha y en particular a José Antonio Kast.

  • Es una estrategia arriesgada. En política todo lo que termina bien está bien. Hoy la izquierda esta alentada en su intransigencia por las encuestas que favorecen el rechazo, pero eso no está garantizado.
  • Muchas de las disposiciones aprobadas son populares entre la población según indican las mismas encuestas, mientras que las ideas de la izquierda ya fueron rechazadas una vez. A esto hay que agregar el enorme desinterés que hay en la población sobre el proceso constituyente, lo que refleja que no es un asunto prioritario para las grandes mayorías que no creen que una nueva constitución les resolverá sus problemas más urgentes.
  • Las personas que se dicen “apolíticas” suelen identificarse más con el pensamiento de derecha y antes del voto obligatorio se quedaban en su casa. Para el rechazo y la elección de consejeros salieron en masa con los resultados conocidos.
  • El texto como va quedando no es “medieval” como dijo la expresidenta Bachelet, aunque si bastante conservador; pero totalmente ajustado a los principios democráticos como señaló la Comisión Venecia.
  • Por último, sigue siendo un hecho la baja popularidad del gobierno, hoy afectado por la corrupción que junto con la sensación de inseguridad y malos resultados económicos podrían favorecer la opción del apruebo.

PD: noticia en desarrollo, todo puede cambiar.

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