Por qué el gobierno le quitó el piso al alcalde Carter para demoler viviendas de narcos. Por Jorge Schaulsohn

Ex-Ante

Afirmar que las demoliciones son solo un “show” mediático que no aporta nada al combate a la delincuencia es un grave error. Todo lo que reafirme el respeto al estado de derecho, tan ignorado en Chile desde el estallido social, es fundamental para combatir la delincuencia. Para el gobierno se hacía insostenible que el ejemplo de Carter comenzara a ser imitado por alcaldes en todo el país, incluyendo a los de su propia coalición. Hasta el presidente de la Cámara los había llamado a hacer lo mismo.


Tengo claro que la demolición de ampliaciones ilegales en viviendas vinculadas a narcotraficantes no sirve para eliminar las bandas criminales que se han adueñado de las poblaciones y barrios atemorizando a sus habitantes.

También entiendo que tras ellas hay objetivos políticos del alcalde que busca convertirse en un “presidenciable” y en el cual ha tenido un enorme éxito, gracias a la extraordinaria exposición mediática recibida por las demoliciones, que incluso lo llevó a ser entrevistado por el diario El País de España.

Naturalmente, el éxito político meteórico alcanzado por Carter genera envidia y preocupación entre sus eventuales competidores y adversarios políticos que ahora buscan imitarlo y/o destruirlo.

Al gobierno tampoco le gusta que una figura de la oposición aparezca como el gran enemigo de los narcos opacando su propia agenda contra el crimen organizado y por eso lo critican y acusan de efectista, demagogo y populista; y la verdad sea dicha, es que todos esos calificativos tienen bastante asidero.

Carter es un “self made man”, un populista y un maestro de la autopromoción, que cuida cada detalle de sus apariciones públicas y de su presentación personal para explotar su apariencia física, que llegó a la alcaldía siendo concejal, casi por descarte cuando el alcalde titular socialista tuvo que renunciar por razones de salud resultando electo por una mayoría circunstancial del Concejo Municipal.

Una persona de origen modesto sin muchas redes con las elites políticas ni empresariales ajeno a la aristocracia de la UDI partido al cual renunció acusándolo de estar manejado por una dinastía en que se repiten los apellidos, se asignan los cargos por conocidos, donde hay temor a la competencia; un esquema de desigualdad y clasismos que tiene la sociedad chilena completa y del cual la UDI no se escapa.

Pero sigue proclamándose un político de derecha la que, según él debe defender el mérito, el esfuerzo personal el talento y no tener miedo a los cambios Dice que “hay un gran trabajo que hacer en ese aspecto porque si son un partido de derecha que defiende el mérito, el esfuerzo personal tiene que darse oportunidad a la gente de mérito y no se pueden asignar los cupos por apellido o porque salgan en la televisión”.

En Chile el terreno está abonado para el surgimiento de un líder populista porque la magnitud del desprestigio de las instituciones republicanas y muy especialmente del Congreso y los partidos políticos están en niveles históricos; y el alcalde Carter se está ofreciendo para llenar el vació.

El populismo se caracteriza por la simplificación de los problemas sociales y busca persuadir al pueblo de que ellos están mejor preparados para resolverlos que sus competidores de la “elite”. Los populistas fomentan el miedo y la inseguridad entre la población y atacan a los partidos políticos.

El populismo es peligroso porque no necesariamente es antidemocrático; existe un “populismo moderado” que no pretende destruir las instituciones democráticas, pero si alcanzar el poder ofreciendo soluciones facilistas e irrealizables que necesariamente llevan a la frustración y al deterioro de los países.

El representante más genuino del “populismo moderado” fue Joaquín Lavín solo que en su época no se hablaba de populismo, sino que de “cosismo”. Un personaje creativo cuya obsesión era hacer cosas extrañas que llamaban la atención como playas en Santiago, el bombardeo de las nubes, los “toques de queda” para menores de edad, eliminación de las tareas en los colegios, armar a los guardias municipales, prohibir los limpiadores de vidrios, etc. Lo que él llamaba “enfocarse en los grandes problemas reales y cotidianos de la gente más que en los discursos políticos”.

Carter es su discípulo más aventajado un populista moderado, que surge desde la derecha pragmática; pero que, a diferencia de Lavin carece totalmente del respeto y la consideración de los poderes “facticos” de su sector.

Hay que reconocer que Carter tuvo el talento y la imaginación y la valentía para concebir una fórmula jurídica muy ingeniosa y tan sencilla que llama la atención que a nadie se le hubiese ocurrido antes: utilizar la ley de construcción y urbanismo para dictar un decreto municipal de demolición de las construcciones ilegales y así hostilizar y desafiar el absoluto predominio de los narcos en la población.

Las demoliciones ofrecen una válvula de escape a la frustración de los vecinos del sector que llevan años sufriendo las humillaciones y el matonaje de los narcos que actúan como dueños del territorio, una reivindicación de su dignidad ante la incapacidad del Estado de hacer nada concreto que alivie su sufrimiento; y por eso la gente lo apoya.

De modo que afirmar que las demoliciones son solo un “show” mediático que no aporta nada al combate a la delincuencia es un grave error. Todo lo que reafirme el respeto al estado de derecho, tan ignorado en Chile desde el estallido social, es fundamental para combatir la delincuencia.

Lo mismo ocurre con el combate contra el comercio ambulante pese a que sabemos que volverán a instalarse en algún momento, desalojar inmuebles ocupados ilegalmente, combatir la evasión en el transporte público.

Sin embargo, el estratagema de Carter tiene un “talón de Aquiles”; si bien él tiene la facultad exclusiva de ordenar las demoliciones necesita una estrecha colaboración con el Ministerio Público para que pase los datos sobre cuales viviendas están vinculadas con el narcotráfico; y esa colaboración ahora le está siendo negada por el Fiscal Nacional que inició un sumario para sancionar a los fiscales que entreguen esa información sin la cual las demoliciones no son posibles.

Para el gobierno se hacía insostenible que el ejemplo de Carter comenzara a ser imitado por alcaldes en todo el país, incluyendo a los de su propia coalición. Hasta el presidente de la cámara los había llamado a hacer lo mismo.

Las demoliciones son algo tangible, concreto, con los vecinos presente, que se transmiten por televisión, copan los matinales y transforman a Carter en el gran protagonista en la lucha contra el narco (aunque no sea así); el gobierno aparece como ausente, distante, ajeno, burocrático, algo que no estaba dispuesto a tolerar.

Por eso el Fiscal Nacional, que en la mañana había felicitado a Carter en forma entusiasta por la tarde cambió súbitamente de actitud. Algo paso en el intertanto, Un llamado telefónico según el alcalde, que hizo que el fiscal le pisara la manguera, cortándole el oxígeno ya que de ahora en adelante los fiscales no compartirán más esa información; y los narcos podrán continuar usufructuando de sus viviendas “enchuladas” ilegalmente, dentro de las poblaciones donde prefieren vivir porque se sienten protegidos por el silencio forzado de los habitantes.

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