Un discurso paradojal. Hace un par de días apareció el presidente Boric en cadena de televisión anunciando la nueva ley de presupuesto. Estaba pletórico de optimismo y entusiasmo con un letrerito en el pódium que decía “Chile Avanza”. Nos habló de la creación de más de 200 mil empleos nuevos y de calidad en el sector público y otros tantos en el privado, de las 45 mil cirugías que se efectuarían el 2024 para acortar las listas de espera, del aumento histórico del presupuesto en salud para terminar varios hospitales en construcción y Centros de Atención Familiar, sobre la construcción de miles de viviendas.
Doble discurso. Lo que pasa, pensé para mis adentros, es que el presidente ha cambiado y ha hecho severas autocríticas por dichos, pensamientos y actuaciones pasadas. Ya no cree que la lucha por una nueva constitución sea la madre de todas las batallas.
Ausencia de autocrítica. Fue un notable abandono de deberes que cambió para siempre la naturaleza de su gobierno y de su presidencia, un momento decisivo que me trajo a la memoria el penal desperdiciado por Caszely frente a Austria en 1982, el más recordado de nuestra historia futbolística. Busqué en Google y me llamó la atención la reacción del jugador ante el fiasco. “Me afectó muchísimo, pero yo tengo una ventaja, porque el resto de la gente en este país le tiene miedo a la palabra fracaso y yo no”.
Un puente que no lleva a ninguna parte. Han pasado cuatro años desde que se inició el proceso constituyente que terminó siendo un puente que no lleva a ninguna parte. Cuatro años perdidos, lleno de incertidumbres que paralizaron el desarrollo económico y social del país, provocaron fuga de capitales y desinversión, cesantía e inseguridad.
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