-Se supone que el ministerio de Cultura debería ser pura ganancia. Pero con Boric ha habido un escándalo tras otro.
-Cultura es lo más fácil que hay. Basta que apliques los criterios de UNESCO. Lo que hacía Piñera uno y Piñera dos era administrar una invención concertacionista. Porque, en realidad, la cultura ha sido siempre concertacionista. Con Piñera, lo único que hicimos fue administrar una estructura que ya venía y que no había que cambiar mucho, porque esto no se puede innovar tanto tampoco.
-¿Dices que la cultura es siempre de izquierda?
-Entre comillas, la cultura es siempre de la izquierda. Solo hay que administrarla bien. No crees problemas, no trates de innovar en algo que ya está probado. Lo cual era una ventaja porque significaba respetar el trabajo de mucha gente que venía de antes y que había logrado instalar modos de trabajo.
-¿Y qué pasa con Boric, cuando cultura se vuelve incómoda?
-Cuando llega Boric, todo se enreda. Porque son anti concertacionistas, más que antipiñeristas. Entonces llegan a fundar y echan a todo el mundo, por lo tanto rompen con una tradición que se mantenía mal que mal dentro de un cierto rango normal. Introducen la voracidad porque no habían tenido figuración pública. Entonces llegan personas muy voraces, muy ineptas, muy inexpertas, muy soberbias. Y hacen lo que sabemos.
-¿Hay una mirada anti mercado?
-Esa es la paradoja. Se llena de funcionarios que son anti-mercado, anti industria, anti-todo, antisistema al interior mismo del Estado. Julieta Brodsky, a propósito del fiasco de la Feria del Libro Frankfurt, lo reconoce claramente: el programa de gobierno no pasa por Frankfurt. Y dice la verdad. O sea, no les interesaba. ¿Por qué íbamos a hacer más ricas a las editoriales? Si el programa de cultura no pasaba por ahí, ¿entonces por donde pasa?
–Estuviste la primera vez que se inauguró el pabellón chileno en Venecia, con una muestra de Iván Navarro. ¿Qué pasó ahora?
-Sería muy banal pensar que es solo ineptitud. Creo que inconscientemente es una política deseada de no estar porque no entienden qué significa Venecia. La Bienal se les pasó, por provincianismo inexperto. Es el colmo del provincianismo de gente que sobrevalora la acción cultural, entendida como proselitismo, en contra de las artes, como valor. Por ejemplo, hace dos años que no resuelven la Ley de Patrimonio, entonces no hacen nada bien.
-El consejo de monumentos tiene muchos proyectos paralizados.
-Es cierto, muchas inversiones congeladas. Hay una especie de fundamentalismo, de octubrismo cultural, porque para esta gente la propia noción de patrimonio es oligarca. Son anti patrimonialistas. Son proselitistas porque son anti elitistas. Lo cual debe tener muy maltrechos a los artistas que votaron por Boric, porque la práctica ministerial ha trabajado en contra de los artistas. Venecia es un golpe tremendo.
-¿No hay una política cultural de Boric?
-No, no la tienen. Lo que hay es una falta de pragmatismo, de un arribismo, de una voracidad impresionantes. En cultura hay que instalar una ficción, pero la del Gobierno es vaga, imprecisa, vindicativa. Cuando hablan de los territorios están equivocados. ¿Sabes por qué? Porque no tienen ni idea del paisaje.
Cuando no van a Frankfurt, es porque no entienden cómo funciona la industria editorial mundial y el peso que tiene la industria editorial chilena y la edición independiente. Yo me pregunto: a los artistas que votaron por Boric, les quitaron Venecia, les quitaron Frankfurt, ¿qué otra cosa más les van a quitar? El abajismo de cierta izquierda en el Ministerio los hace ponerse contra el arte. Porque entienden la cultura como una cultura del proselitismo.
-¿Qué impresión te dio el pabellón de Chile en el Artiglieri dell’Arsenale cuando lo conociste?
-Es un lugar precioso. Pero hay que gestionarlo con tiempo, conociendo las singularidades de los italianos. Y eso al parecer no se hizo ahora.
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