-¿Fue un error del Presidente entregar esta placa honorífica a Garzón, un personaje que puede dividir en Chile?
– Complejo caso. Por una parte, no soy quién para juzgar jefes de Estado. Por otra parte, topo con una colisión entre una emoción presidencial y una causa nacional. La emoción la comparto. Para los chilenos que sufrimos la dictadura, Garzón fue el primero en rayarle la pintura de la impunidad a Pinochet. Agrego que para muchísimos españoles también fue una emoción, aunque vicaria: Garzón hizo con el dictador chileno lo que ni él ni nadie en España pudo hacer con Franco.
– ¿Y donde está la colisión?
-Porque para condecorar o distinguir a alguien, hay que leerlo completo. Y sucede que con Pinochet ya fallecido, Garzón decidió apoyar la agresión contra Chile de Evo Morales, camuflada como demanda ante la Corte Internacional de Justicia. A él le pareció -ignoro con qué base- que era de “absoluta justicia”, pero a los jueces de la Corte no, pues la rechazaron de manera rotunda.
Después siguió interviniendo en temas nuestros controversiales. Recuerdo que se autopostuló como árbitro en el conflicto con el pueblo mapuche, firmó una carta del Grupo de Puebla criticando a nuestro Poder Judicial, pidió demandar al expresidente Piñera ante la Corte Penal Internacional por delitos de lesa humanidad. Todos temas que mostraban una posición partisana, muy legítima, pero muy controversial. Por lo demás, también es un político controversial en España. Por ello, distinguirlo en Madrid a nombre del pueblo de Chile me pareció excesivo aquí y allá.
– En España fue inhabilitado por 11 años como juez.
-Yo vivía en Madrid cuando salió del Poder Judicial. Tengo el recuerdo de que quiso postularse como candidato a diputado por el PSOE y puso como condición ser el primero de la lista, para asegurar el escaño. Cayó pésimo en los veteranos socialistas militantes y creo que ahí partió mal con su reinvención como político. Por eso, cuando se habla de Garzón como un jurista, yo creo que eso es pretérito definido. Hoy es un político.
-¿No conocía su currículo el círculo que asesora al presidente Boric en estas materias?
-Supongo que alguien debió informarle. No cuesta mucho googlearlo. Para mejor comprenderme yo mismo, me hice la siguiente hipótesis aproximativa: el Rey o el Presidente del Gobierno español vienen a Chile y distinguen -o condecoran- a un campeón chileno del separatismo catalán. Plop, diría Condorito
-Aparte del lado emocional, ¿merecía una medalla?
-En términos generales creo poco en las condecoraciones y en las medallitas. Pero, como pasatiempo de analista, pienso que la merecía en un momento acotado: cuando, con su señal, nos obligó a juzgar en casa a Pinochet. Fue entonces cuando se instaló aquí el debate entre permitir o no que fuera juzgado en el extranjero. Pero después, lamentablemente, jugó de hecho un rol adverso contra Chile por motivaciones ideológicas.
Creo que lo que hizo (apoyar la demanda boliviana, intentar ser árbitro en el caso mapuche, criticar al Poder Judicial chileno, acusar a Piñera por DDHH, saludar a la “primera línea” del estallido) es injerencia indebida y que debemos defender la patria propia incluso contra quienes antes hicieron algo bueno para Chile. Sean de derechas o de izquierdas.
-Pero ha generado dudas y críticas de varios parlamentarios la procedencia y la legalidad de la medalla que se le entregó. Piden a Contraloría revisar el procedimiento.
-Podemos debatir si se pueden dar medallas sin que estén legisladas. Yo creo que es posible. Es que si tú te descuidas, donde vayas te endosan un galvano o una medalla. Yo tengo una colección que es la delicia de mis nietos, juegan a condecorarse. Nunca me he preguntado si quienes me las dieron tenían autorización legislativa.
-Pero ¿hubo un error cuando se dijo que era una medalla conmemorativa?
-Creo que eso se dijo a posteriori. Yo escuché en vivo y en directo que era un “reconocimiento” a Garzón. Curiosamente leí un boletín oficial que hace equivalentes las palabras “reconocimiento” y “condecoración”.
-La pregunta que muchos se hacen es cómo se tomó la decisión, si supo o no el canciller. ¿Cuál es tu impresión?
-Me parece claro que esto no fue iniciativa del canciller, que es muy profesional. Por lo demás, él mismo aclaró que fue una “decisión presidencial”. Es inimaginable que Alberto van Klaveren haya querido darle una medalla a Garzón.
-Se dio un giro bastante importante desde que el embajador en Madrid, Javier Velasco, dijera en 2022 que los 30 años habían sido creadores de desigualdad. Pero ahora el Presidente Boric dice en España que los 30 años habían creado prosperidad.
-Ese es uno de los motivos por los cuales yo no juzgo presidentes. Lo que muchos llaman “volteretas” del nuestro, yo lo llamo aprendizaje y eso hay que celebrarlo. He vivido muchos años fuera y sé que pocos políticos llegan a gobernar con el conocimiento indispensable de la política exterior. El problema mayor es cuántos son los pasos hacia adelante que dan y cuantos los pasos hacia atrás. Es decir, cuánto demoran en aprender.
-Esta visión positiva de los 30, años, ¿es parte de su aprendizaje?
-Quiero creer que sí y que no habrá mucho retroceso. Hoy es evidente que está recurriendo a la experiencia de políticos de la Concertación y que en su sector propio tiene problemas graves. En particular, el de esos compañeros suyos que llegaron para asaltar el cielo del poder revolucionario, como decía Isaac Deutscher y terminaron asaltando las arcas del Presupuesto Nacional.
Y déjame recordar que esos 30 años fueron muy fructíferos con respecto a política internacional. El trinomio Aylwin-Silva Cimma-Foxley reposicionó internacionalmente al aislado Chile en el primer período de la Concertación. Los demás gobiernos, en mayor o menor medida, mantuvieron esa buena política de Estado.
-El reconocimiento a Garzón ha sido muy celebrado por el Partido Comunista de Chile. ¿Este es otro triunfo del PC después de la salida de Patricio Fernández?
-El Partido Comunista podrá ser combatido y discutido pero tiene dos cosas imprescindibles en una buena organización política: estrategia y disciplina. Por eso es un partido centenario y resiliente.
-En resumidas cuentas, tú crees que el presidente se dejó llevar por la emoción.
-Yo creo que su decisión fue emocional y no una política de Estado. Pero también reconozco que se trata de una emoción representativa. Por eso, creo que está en el interés del país el que demos vuelta la página.
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