Así de dispares son los estrenos que llegan a sala este finde:
En el siglo XVII, a un pueblo de La Toscana, llega una fervorosa niña católica (más cercana a los delirios místicos que a la fe propiamente tal), llevada a un convento por sus padres. Allí es recibida por la abadesa Felicita (Charlotte Rampling), luego de un regateo por el pago del ingreso. Ya convertida en una siempre inspirada joven, Sor Benedetta (Virgine Effira) empieza a tener visiones —un mix religioso-erótico— y a mostrarse en éxtasis en público (esto es, la capilla con las monjas y al sacerdote del convento). Luego le “aparecerán” estigmas que nunca terminan de convencer a Felicita, pero, como el deán le hace ver, no está nada mal que en el pueblo surja una monja milagrosa, a ver si adquieren el status suficiente como para que el Papa llegue a pensar en él como cardenal.
Como las heridas de manos y pies no sanan pronto, la abadesa le destina una muchacha a cuidarla. Bartolomea ha llegado al Convento huyendo de un padre abusador y de la prostitución y se ha quedado allí por una serie de situaciones azarosas. Entre ambas empieza a insinuarse una relación lésbica que se desata del todo cuando, en vista de tanto milagro, Benedetta es súbitamente nombrada abadesa. Gracias a ello, deja su pequeña y modesta celda y accede a la alcoba “real”, donde la pareja puede dar rienda suelta a su erotismo.
Aunque está basada en el libro histórico de Judith C. Brown, “Immodest Acts”, con esta película en Paul Verhoeven se percibe una necesidad de mostrarse provocativo y epatante, quizás porque a estas alturas es muy difícil conseguir escandalizar al público (occidental, al menos). Y lo que aparece como denuncia a la Iglesia Católica, además de bien conocido, carece del impacto que hubiese tenido en otros momentos más “prestigiosos” de la Iglesia de Roma. La discusión sobre el sufrimiento como el eje del amor cristiano —herencia medioeval— está muy superficialmente abordado. (Los elementos sacrílegos existen solo para los creyentes).
Pero en lo que Verhoeven ha logrado acertar es con historias de mujeres perversillas e indefinibles, como la magnífica Elle (2016, con una inolvidable Isabelle Huppert). Algo que ya había ensayado en Bajos Instintos (1992), que si bien tuvo una recepción regular de la crítica, es una película que permaneció en el imaginario colectivo y marcó para siempre la carrera de Sharon Stone.
En Benedetta, además de las poderosas imágenes —y la cuidadosa ambientación de época— lo más interesante es la permanente ambigüedad que rodea al personaje, un ser manipulador y digno de algún estudio psiquiátrico. Algo no menor, considerando lo explícito y crudo de muchas escenas lésbicas. Porque aún así, la retorcida personalidad de Benedetta desconcierta incluso a la pragmática Felicita y desarma hasta al Obispo inquisidor.
BENEDETTA
Este largo animado es una película dinámica, que mezcla aventuras, humor y suspenso para relatar una emocionante historia padre-hija. En el Nueva York de los años ’20, Georgia Nolan es una niña alegre que vive sola con su padre, de profesión bombero. Ella sueña con seguir los pasos de su progenitor. Pero el Capitán Nolan le dice que ¡por ningún motivo! Que este no es un oficio para chicas.
Cuando Georgia crece y su padre ya está retirado, el presuntuoso alcalde de la ciudad llega a pedirle ayuda al Capitán: hay un pirómano que ha estado destruyendo los teatros de Broadway. Solo queda uno en pie. Al comienzo no muy convencido, Nolan reasume su rol y logra reclutar a unos cuantos voluntarios no muy aptos para la labor. Georgia aprovecha la circunstancia, se corta el pelo, se pone un bigote y así, disfrazada de chico, se presenta en el Cuartel.
En un gran despliegue de colorido y creación de distintas atmósferas, la cámara va desde los interiores más recónditos hasta los vertiginosos rascacielos en construcción.
La tensión se instala en dos sentidos: por una parte, Georgia tiene que esmerarse en no ser descubierta, y por otro, el singular equipo, en una verdadera labor detectivesca debe no solo controlar los desastres que va dejando el pirómano sino intentar descubrir quién es. Aquí el guión juega de manera muy ingeniosa, entregando pistas e instalando ciertas dudas de manera que, luego de varios giros sorpresivos, los protagonistas (y el espectador) lleguen a dilucidar el misterio. Pero también hay un secreto celosamente guardado en torno a Georgia, y no es solo su disfraz de hombre.
La película es un homenaje a las primeras mujeres que integraron el Cuerpo de Bomberos, a quienes se las presenta al final, junto con los créditos.
Encantadora y ¡muy entretenida!
CORAZÓN DE FUEGO (Fireheart)
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