Febrero 11, 2023

El Partido Laborista: la casa grande del progresismo británico. Por Noam Titelman

Economista y uno de los fundadores del Frente Amplio

Ahora que la realidad política de la isla europea parece que se apronta a un cambio mayor, bien valdría la pena familiarizarse con uno de los principales referentes de los partidos de izquierda y centroizquierda del mundo.


La última vez que el Partido Laborista británico estuvo en el poder, Reino Unido seguía siendo parte de la Unión Europea y Estados Unidos recientemente había elegido a su primer Presidente afroamericano. Después de 13 años en la oposición, las últimas encuestas son decisivas: si las elecciones fueran hoy, el Partido Laborista tendría en torno a 20 puntos de ventaja, lo que se traduciría en una mayoría de aproximadamente 314 asientos en el Parlamento.

Como sea, un partido que luego de más de 100 años de historia sigue siendo tan vigente bien merece respeto y, quizás, una columna como esta, aunque signifique alejarse momentáneamente de la contingencia política nacional.

La ley electoral británica señala que el país tendrá sus elecciones a más tardar el 24 de enero de 2025. Reino Unido es un aliado estratégico de Chile en varios ámbitos y la cercanía entre ambos países se ha expresado en múltiples gestos a lo largo de su historia. Ahora que la realidad política de la isla europea parece que se apronta a un cambio mayor, bien valdría la pena familiarizarse con uno de los principales referentes de los partidos de izquierda y centroizquierda del mundo.

En general, se considera como origen del Partido Laborista la conformación del “Comité de Representación Laboral” en 1900. Este comité agrupaba a varias organizaciones sindicales y políticas con el objetivo explícito de aumentar la representación de la clase trabajadora en el Congreso británico.

Como ha explicado Gary Marks (1989) el Comité de Representación Laboral fue visto por la mayoría de los sindicatos como un medio para tener más miembros del Parlamento con biografías de clase trabajadora, pero sin tener necesariamente un compromiso con el socialismo. o cualquier otra postura programática.

En 1906, ayudado por una alianza con el Partido Liberal, el Comité logró elegir 29 parlamentarios. En su primera reunión después de las elecciones, estos 29 parlamentarios decidieron adoptar el nombre de “Partido Laborista”.

La diversidad de posiciones ideológicas que convivían dentro del partido se mantuvo desde sus orígenes. Esta incluía desde marxistas leninistas (sobre todo trotskistas) hasta reformistas institucionalistas (liderados por la corriente “fabianista”).

Sin embargo, en 1918, luego de la Primera Guerra Mundial, el partido deja de concebirse como una asociación de sindicatos y agrupaciones políticas para, por primera vez, definirse como una partido de militantes de base con una línea programática e ideológica marcada. Esta es la época en que la constitución del Partido Laborista adopta la controvertida “clausula IV”, que establece como uno de sus objetivos el establecimiento de la propiedad colectiva de los medios de producción. Si bien el partido nunca se declaró explícitamente socialista, para muchos este era el sentido de esta cláusula.

Más allá de su relación con ideologías y programas específicos, el Partido Laborista a lo largo de su historia ha sido un partido reformista, quizás el más eminentemente institucionalista de Europa y profundamente identificado con la clase obrera. Un hito fundante del imaginario sobre el Partido Laborista fue la creación de varias de las instituciones centrales del Estado de bienestar Británico, incluido el sistema de salud nacional (NHS), luego de la Segunda Guerra Mundial, y al mando de Clement Attlee.

Dentro de este paraguas de representación de la clase obrera, que buscó ser el partido Laborista, cabían desde trotskistas hasta socio-liberales. Estas corrientes convivían y se disputaban el partido en varios episodios, algunos no muy amistosos. Así, el Partido Laborista adquirió la fama de ser un partido de importantes disputas internas.

Por ejemplo, un hito que definió al partido fue la expulsión de la corriente Militant, ligada al trotskismo, durante la década de los ochenta, y que fue el primer paso en la consolidación de la política de Tercera Vía que empujaría New Labour. Esta política incluyó, entre otras cosas, eliminar la cláusula IV de la constitución del partido Laborista, en 1995.

Por otro lado, la imagen y la base electoral del partido sufriría importantes cambios a partir de la década de los ochenta y más aún en los noventa. De sus orígenes como un comité con el explícito objetivo de representar a la clase trabajadora y tener más dirigentes sindicales en el parlamento, el Partido Laborista empezó a tener crecientemente más fuerza en las nuevas clases medias. Los votantes más jóvenes y con educación superior empezaron a jugar un rol mucho más importante en su base electoral. La llegada de Jeremy Corbyn a la presidencia del partido estuvo fuertemente apoyada por este tipo de votantes.

Es innegable que la unidad en la diversidad del Partido Laborista estuvo empujada por el sistema electoral británico. El sistema uninominal, en que se elige miembro del parlamento a un solo representante por distrito, castiga fuertemente la dispersión. Pero no es solo eso.

Más allá de los cambios demográficos e ideológicos que sufrió el partido a lo largo del siglo XX, este mantuvo desde su creación una misión y un conjunto de valores. Hasta el día de hoy el Partido Laborista británico busca ser un instrumento de esas grandes mayorías que reclamaban cambio social con seguridad, ya sea que estén en la clase trabajadora o en la clase media. Además, si bien el rol de los sindicatos es menor que el que fue hace cinco décadas, estos siguen teniendo una fuerte incidencia sobre el partido.

Aun hoy varios sindicatos están afiliados al Partido Laborista, incluyendo las principales uniones sindicales del país (Unison y Unite the Union). Hay más partidos progresistas en Reino Unido, pero la imagen del laborismo como “casa grande del progresismo” parece indisputable.

En cualquier caso, al mando de su actual presidente, Keir Starmer, ha habido un explícito y notorio intento de recuperar algunos votantes de clase trabajadora que el partido perdió en las últimas elecciones. La enorme ventaja que muestran las encuestas para el partido sugieren que efectivamente esto podría ocurrir, aunque más que nada por la debilidad de los conservadores. Si la ventaja actual se traduce en una victoria electoral, solo el tiempo lo dirá.

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