Noviembre 19, 2023

Nudo de Carlos Pagni: lectura clave para entender el presente argentino. Por Jorge Ramírez

Ex-Ante
Sergio Massa y Javier Milei

El autor define al conurbano bonaerense como el espacio territorial en el que se condensan los principales conflictos políticos, sociales y económicos del país trasandino. El espacio de desencuentro de la población argentina entre las aspiraciones y las condiciones efectivas para materializarlas. Al igual que en 2001, está claro lo que los habitantes del conurbano quieren destruir, sin embargo, no es claro lo que quieren construir. Aquello estará por verse este domingo en las urnas. Donde el grito de protesta deberá canalizarse a través del voto silente. 


El politólogo argentino Carlos Pagni es el analista del momento, su libro El nudo, se ha transformado en un best seller y lectura indispensable para entender las complejidades de la política contemporánea Argentina. Lo novedoso de la aproximación teórica de Pagni es que su unidad de análisis para explicar los elementos de continuidad y cambio en la política allende Los Andes, no son las viejas categorías tradicionales de la ciencia política como el sistema de partidos, la relación Ejecutivo Legislativo, la desafección ciudadana e institucional, etc.

La unidad de análisis para Pagni es la ciudad, en específico, el conurbano bonaerense y cómo éste va modelando el pulso de la política trasandina.

Habitualmente se entiende que es la política la que modela la ciudad, y no al revés. De ahí lo estimulante del análisis. A través de una aguda mirada, Pagni relata cómo el conurbano es el medio específico de acción, despliegue y articulación de los distintos actores políticos de la historia reciente Argentina, desde Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner, Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Sergio Massa y hasta Javier Milei. Para Pagni, el conurbano es el gran epicentro del poder trasandino, pero a su vez, el principal nudo.

¿Qué es el conurbano bonaerense y por qué es relevante?

El autor define al conurbano bonaerense como el espacio territorial en el que se condensan los principales conflictos políticos, sociales y económicos del país trasandino. El espacio de desencuentro de la población argentina entre las aspiraciones y las condiciones efectivas para materializarlas.

El conurbano se ha ido expandiendo. Si a principios del siglo XX, sólo un 6% del total de la población argentina residía en esta zona, en 2023, el 29% de la población total trasandina habita el conurbano, mientras que sólo un 7% de la población habita la Ciudad de Buenos Aires. Siendo esta última la postal trasandina por excelencia, aunque una postal con poca representatividad real del país. 

Este frenético cambio demográfico, urbano y territorial que aconteció en el conurbano produjo evidentes contrastes. Por ejemplo, Pagni muestra con estadísticas que mientras que en la Ciudad de Buenos Aires las calles no pavimentadas son el 2%, en el conurbano corresponden al 28%, y mientras la carestía de agua potable es de sólo un 2% en Ciudad de Buenos Aires, en el conurbano llega a un 26%. Más dramático resulta el contraste a nivel de falta de acceso a alcantarillado: 2% en Ciudad de Buenos Aires, contra 55% en el conurbano.

Pagni describe cómo habitualmente los espacios más carenciados son también los más fértiles en expresiones variopintas, desde reivindicaciones sindicales rupturistas, agudizados conflictos guiados por piqueteros que protestan al compás del cansino ritmo de la cumbia villera, niños que sueñan con ser futuras estrellas del fútbol, como lo fue Maradona, o más recientemente Carlos “Apache” Tévez, oriundo de Fuerte Apache, una villa miseria más, dentro de las más de 1.000 que integran la vasta zona del conurbano: un anfiteatro de urbanización acelerada, espacio que como define Pagni, citando a un dirigente peronista de la zona: “se hizo solo” y en el que afloran talentos, contradicciones, ilusiones, pero por sobre todo, frustraciones.

El lugar del desempleo crónico y la más absoluta dependencia estatal.

El politólogo plantea que la trasformación peronista está mediada por el rol gravitante del conurbano. El viejo peronismo que tuvo al sindicalismo como eje de su intervención política, mutó hacia un nuevo centro de gravedad: la pobreza organizada en el conurbano de la Provincia de Buenos Aires. Pagni menciona que Eduardo Duhalde, durante la administración de Carlos Menem, fue el colonizador de este espacio, que luego sería fundamental para los Kirchner, Macri y hoy el propio Javier Milei.

El conurbano es, por cierto, una demarcación geográfica extensa, con cierta heterogeneidad dentro de una homogeneidad trazada por la marginalidad. Es el área con mayor nivel de frustración, bronca y desafección, por consiguiente, la que integra las tres unidades electorales con mayores nivel de abstención electoral y donde el discurso anti política de Javier Milei ha tenido mayor resonancia.

2001 como coyuntura crítica.

El 20 de diciembre de 2001 es la fecha en que el conurbano bonaerense estalla. Turbas enardecidas comienzan a saquear supermercados y vandalizar hasta llegar al perímetro de la Plaza de Mayo. Pagni narra cómo un grupo de importantes dirigentes, entre ellos Martín Lousteau y Augusto Rodríguez Larreta (tío de Horacio Rodríguez Larreta, actual Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires), interrumpieron una reunión en el sector de Puerto Madero para avanzar hasta el centro neurálgico de la ciudad, conmocionado, Lousteau declaró: “De esto que estamos viendo va a salir algo nuevo. No sé cómo será. Pero no va a ser bueno”. No se equivocaría.

Al mismo lugar al que anteriormente habían llegado las columnas de trabajadores a idolatrar a Perón, esta vez llegaban a protestar quienes habían perdido el empleo. Las víctimas del fracasado y colapsado sistema de industrialización y proteccionismo argentino.

Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Fue el grito que copó las calles del centro cívico, pero reverberó en todo el país. El balance fue triste, cerca de una veintena de muertos en violentas jornadas de manifestación en las que literalmente la democracia argentina colapsó y ardió. Bastaron algunos días para que el Presidente De la Rúa presentara su renuncia, a las 19:52 del 20 de diciembre de 2001 con una carta escrita de puño y letra, abandonando la Casa Rosada en un helicóptero.

Fue todo tan vertiginoso que Pagni cuenta que el ex presidente del gobierno español Felipe González había viajado desde España a Buenos Aires para ofrecer asesoría y consejo a De la Rúa. Cuando llegó a la Casa Rosada, se encontró con De la Rúa en la casa de gobierno, con la salvedad de que éste había dejado de ser presidente en los hechos -aunque formalmente aún lo era- y sólo volvía a la sede del Ejecutivo para retirar sus pertenencias del despacho presidencial. Una de las tesis más interesantes de Pagni es que, en muchas dimensiones, la sociedad argentina aún no sale de la crisis del año 2001.

El conurbano y el Kirchnerismo.

Pagni menciona cómo, si bien fue Duhalde quien descubrió la mina de oro que representaba políticamente el conurbano para consolidar un proyecto de poder político, serían los Kirchner, surgidos de las entrañas de ese aparato, quienes se dedicarían a explotarla.

Néstor Kirchner era consciente de que tomar control del dispositivo territorial de poder del conurbano era una condición necesaria -y quizás suficiente- para pacificar el convulso escenario político trasandino. Néstor se comprendía a sí mismo, en la mirada de Pagni, como un gran jefe de una gran red de dirigentes locales, gobernadores e intendentes con arraigo local. Pero desplazar el arraigo de Duhalde en el Conurbano fue un proceso, en el cual, la punta de lanza sería su señora Cristina, quien derrotaría en una suerte de contienda electoral de “primeras damas” a la esposa de Duhalde en la elección como senadora por Buenos Aires.

Pagni identifica en esa elección un punto de partida en la colonización del espacio decisivo en la política argentina: el conurbano, en el cual, se desataría la experimentación más temeraria de una economía subsidiada, aislacionista y Estado céntrica.

El Kirchnerismo buscó una nueva inserción social del peronismo a través del conurbano. En esta estrategia, pobreza y clientelismo son dos componentes decisivos. En medio de esta operación es que surge Sergio Massa, un hombre que no escogió el lugar en el que nació (fuera del conurbano) pero sí el lugar en el que políticamente sirvió: el conurbano, particularmente en Tigre.

Pagni menciona que, desde un inicio, los K, vieron en Massa un buen alfil para neutralizar el peso de una figura que les producía recelo: Daniel Scioli. Posteriormente Massa, conformaría un Frente Renovador al interior del peronismo que le provocaría más de algún dolor de cabeza a Cristina, en la que ha sido una permanente relación de amor y odio, cercanía y distancia.

La derecha en el conurbano: siembra y cosecha

Pagni identifica en febrero de 2014 la fecha en que los equipos del por ese entonces Gobernador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Mauricio Macri, deciden entrar a disputar el conurbano al kirchnerismo. La apuesta era introducir una nueva narrativa centrada en dos grupos claves del conurbano: el pobre que sueña o aspira con ser de clase media y el pobre que sueña con volver a ser de clase media, tras verse severamente afectado por el desastre económico Kirchnerista. En definitiva, explotar electoralmente la ambición de progreso.

Es esa ambición la que devino a un estado emocional de mayor complejidad, pero quizás mayor potencia dada la agonizante situación económica: rabia, frustración, bronca e ira. Un nuevo rostro sería quien la interpretaría: ya no Mauricio Macri ni María Eugenia Vidal, su mujer fuerte desplegada en el conurbano, sino que un outsider, el economista libertario Javier Milei.

En la elección primaria (PASO) no sólo sorprendió el hecho de que Milei llegara en el primer lugar de las preferencias, sino también su amplia votación en los sectores más postergados del conurbano bonaerense. Aunque también es cierto que Massa fue capaz de recuperar mucha votación en este lugar, de la mano de su plan “platita”, inyectando liquidez al duplicar planes y bonos, con los que literalmente financió una de las campañas más caras de la historia de la política, por un costo equivalente a 1,3 puntos del PIB.

Al igual que en 2001, está claro lo que los habitantes del conurbano quieren destruir, sin embargo, no es claro lo que quieren construir. Aquello estará por verse este domingo en las urnas. Donde el grito de protesta deberá canalizarse a través del voto silente en el secreto de las urna. Quien gane en el conurbano, siguiendo la lógica de Pagni, ganará la elección y de paso, quizás, desate el nudo.

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