La reciente asunción de Chile a la presidencia pro tempore de la Alianza del Pacífico marca un momento crucial para este bloque de integración. A pesar de ser la cuarta vez que Chile lidera este organismo, los desafíos actuales son los más complejos desde su creación en 2011. Factores como el estancamiento económico, la debilitación democrática y las tensiones entre los países miembros han generado un ambiente político adverso para la integración.
Desde su génesis en 2011, la Alianza del Pacífico representaba una promesa de prosperidad y dinamismo entre Chile, Colombia, México y Perú. Sin embargo, desde entonces, la situación ha cambiado considerablemente. En lugar de un crecimiento robusto, el rendimiento de economías de los países miembros ha decepcionado, con un promedio de crecimiento por debajo del 2.5%, diluyéndose en el paisaje latinoamericano.
Asimismo, la fortaleza de las democracias se ha debilitado, con los cuatro países registrando retrocesos en el “Índice de Democracia” de The Economist. Un reciente estudio que hemos publicado en el Instituto Libertad analiza cómo en el período 2011-2023, las cuatro democracias han descendido hasta ser rotuladas como “democracia defectuosa” o “régimen híbrido”.
Otro elemento adicional han sido las crecientes tensiones entre los miembros de la Alianza, alcanzando su punto máximo a mediados del año pasado, cuando el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador se negó a transferir la presidencia pro tempore a Perú, al no reconocer la legitimidad de la presidenta Dina Boluarte. Para entonces, Chile tuvo que funcionar como un inusual puente, asumiendo la presidencia por un brevísimo intervalo, con el único objetivo de traspasar el mandato de uno al otro.
Si bien estos conflictos han deteriorado la cohesión del bloque, la Alianza mantiene una estructura subterránea que continúa funcionando en gran medida, con iniciativas que promueven la cooperación en diversas áreas como economía, educación, medio ambiente, tecnología y migración.
La presidencia de Chile enfrenta varios desafíos importantes. Entre ellos, está el liderar los grupos técnicos de la Alianza, consumar la eterna promesa de integración de nuevos países, consolidar la estrategia de diplomacia conjunta (embajadas), fortalecer los lazos comerciales y morigerar las divisiones dentro del bloque. Para esto último, el fin del período presidencial de AMLO será una ventana de oportunidad.
A pesar de los obstáculos, la Alianza del Pacífico sigue siendo un mecanismo de integración realista, caracterizada por metas acotadas, formas concretas y logros tangibles. La presidencia pro tempore de Chile representa una oportunidad que, bien gestionada, puede convertirse en el fortalecimiento del compromiso de los países miembros y en la revitalización de su agenda de cohesión política y económica. De lo contrario, la única integración será la de integrarse a la larga lista de fallidas organizaciones de multilateralismo latinoamericano.
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