Marzo 14, 2024

Tres puntos clave en sostenibilidad para las empresas en 2024. Por Pamela Méndez

Socia líder de Servicios de Sostenibilidad y Cambio Climático de EY Chile

Tanto a nivel nacional como internacional, las iniciativas sostenibles van en el camino correcto. Pero el ritmo, la velocidad y la intensidad faltan. De alguna forma, lo que se necesita es un mayor sentido de urgencia en todos los mercados y sectores, incluso en aquellos con sistemas y modelos de gestión y negocios más avanzados.


La adopción y evolución del panorama regulatorio y estándares relacionados con la sostenibilidad y el cambio climático ha evolucionado durante la última década hacia una Referencia Normativa Global y se han vuelto cruciales para responder a la creciente importancia de la sostenibilidad en el mundo y, especialmente, para abordar de manera urgente el enorme desafío que nos impone el cambio climático. Estamos avanzando desde lo voluntario a lo obligatorio.

Estos avances se han impulsado a partir del año 2015 con tres hitos importantes: el lanzamiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, cuyas metas se definieron para el año 2030; la creación del grupo de trabajo sobre divulgaciones financieras relacionadas con el clima TCFD, cuyos resultados están siendo integrados en todos los marcos de sostenibilidad a nivel global; y el histórico acuerdo global durante la COP21 que todos conocemos como el Acuerdo de París.

Así, para las empresas, la agenda sostenible ha tomado cada vez más importancia. Durante los últimos años, en nuestro país y el mundo se emitieron y actualizaron distintos marcos y estándares de sostenibilidad y cambio climático principalmente dirigidos a los mercados de capitales. Lo anterior, como una ayuda a la toma de decisiones de los usuarios primarios de los informes financieros y de este modo proporcionar métricas uniformes para mejorar la eficacia y la eficiencia de dichos mercados.

De esta forma, el ISSB a través de la IFRS S1 y S2, la Unión Europea por medio de la CSRD/ESRS, la SEC rules han establecido marcos para garantizar que las empresas divulguen y comuniquen públicamente información adecuada sobre los riesgos de sostenibilidad a los que se enfrentan y el impacto que tienen en la sociedad y el medio ambiente y han definido los escenarios de tiempo acotados para llevarlo a cabo (2024, 2025 y 2026). La información para compartir con los mercados de valores ahora debe cumplir criterios de utilidad y fiel representación de una organización o entidad. Esto implica información comparable, verificable, oportuna y comprensible.

Esta referencia normativa global, nos lleva a la primera clave para las empresas este año: comprender el concepto de interoperabilidad, considerando la interdependencia de los mercados y las variables geopolíticas que imperan hoy en los negocios y sus cadenas de valor. Para ello, el desafío radica en la creación e implementación de sistemas y procesos que favorezcan el intercambio y uso efectivo de la información sobre la sostenibilidad.

Esto no solo se limita a una organización, sino que se extiende a la colaboración con otras empresas, reguladores y partes interesadas. Para lograr este nivel de interoperabilidad, las compañías deben superar retos como la estandarización de datos, resguardar la privacidad de la información y gestionar variaciones en las regulaciones y expectativas entre diferentes sectores y geografías. La interoperabilidad puede impulsar la transparencia, la colaboración y la innovación en la ruta hacia la sostenibilidad.

En segundo lugar, identificamos el desafío de integrar la sostenibilidad en la cadena de valor. Este se centra en la inclusión consciente y analítica de cómo las interrelaciones entre los recursos y relaciones de una organización como el entorno, la sociedad o la economía, afectan o se benefician con diferentes componentes de la sostenibilidad y los efectos del cambio climático, no solo en las operaciones directas de una empresa, sino también a lo largo de todo su proceso productivo. Desde el abastecimiento de materias primas, hasta la producción, distribución y disposición final del producto, cada etapa presenta oportunidades para mejorar la sostenibilidad.

Sin embargo, este reto va más allá del control directo de la empresa e implica coordinar y colaborar eficazmente con proveedores, distribuidores y otros socios comerciales para lograr prácticas de negocio sostenibles. Además, las empresas deben enfrentar obstáculos como variaciones en las regulaciones y expectativas, mantener la calidad y competitividad del producto, y garantizar la transparencia y trazabilidad en toda la cadena de valor.

Por último, en tercer lugar, existe el desafío en la gestión de riesgos y oportunidades. El cual implica el reconocimiento y manejo de amenazas dinámicas y emergentes, como los riesgos relacionados al cambio climático, físicos y de transición. Esta gestión requiere flexibilidad para adaptarse a cambios constantes y específicos de cada territorio. Los desafíos incluyen la obtención de datos precisos, la adaptación a regulaciones cambiantes y la implementación de estrategias locales. Al superar estos retos, las empresas pueden mejorar su sostenibilidad y rendimiento a largo plazo.

En general, tanto a nivel nacional como internacional, las iniciativas sostenibles van en el camino correcto. Pero el ritmo, la velocidad y la intensidad faltan. De alguna forma, lo que se necesita es un mayor sentido de urgencia en todos los mercados y sectores, incluso en aquellos con sistemas y modelos de gestión y negocios más avanzados.

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