Las complicaciones en China están aparentemente bien documentadas: altos niveles de endeudamiento, alta dependencia al mercado inmobiliario y una población que ha comenzado a reducirse. Pero las cosas se han complicado y solucionar los problemas del país podría ser mucho más difícil de lo esperado.
La raíz de todo está en el mercado inmobiliario. En 2020, el gobierno chino decidió tomar medidas drásticas contra los desarrolladores con el fin de evitar la gestación de una burbuja inmobiliaria. El foco del gobierno estaba en el largo plazo, frente a una población que comenzaba a reducirse y que iba a requerir de menos viviendas. La apuesta, por tanto, fue evitar gestar un problema sin solución, pero pagando los costos en el corto plazo. Lamentablemente la pandemia complicó todo, con un largo cierre económico que hizo más grandes las dificultades.
La reapertura, a juzgar por lo que ha pasado, probablemente fue acelerada por la presión que se gestó. Y aunque hubo un impulso económico inicial, las cifras de julio definitivamente encendieron las alarmas: hubo sorpresas a la baja en producción industrial, ventas minoristas, inversión y créditos. En parte, las complicaciones se pueden explicar por la debilidad económica global (en 8 de los últimos 12 meses ha habido caídas en las exportaciones), pero el problema claramente tiene raíces internas. La fuerte caída en los precios de las viviendas ha mermado los ahorros de los hogares (70% de la riqueza de éstos está en el mercado inmobiliario) y ha vuelto escaso el trabajo en ese sector, provocando presión sobre el empleo, especialmente entre los más jóvenes. La combinación no ha hecho más que agregar presión bajista sobre el consumo.
Pero las tensiones en China van más allá de simple debilidad económica. El desplome en el mercado inmobiliario (con ventas cayendo un 50% desde el peak) ha disminuido también los ingresos de los gobiernos regionales, cuya principal vía de financiamiento es la venta de terrenos. Esto ha llevado a disminuir el gasto social, provocando a su vez descontento e incluso protestas. La solución que han encontrado muchas provincias es utilizar los LGFV (“Local Government Financing Vehicles”) para comprar terrenos, estabilizar precios y mejorar ingresos. El 2022 más de la mitad de los terrenos residenciales fueron comprados por LGFVs. Lo anterior eleva los riesgos, considerando que de acuerdo con el FMI estas entidades son el principal factor de vulnerabilidad de la deuda en China, con un total de deuda equivalente a un 75% del PIB, falta de solvencia y trasparencia.
El contagio ha llegado, también, a el “shadow banking”. Zhongrong International Trust, uno de los más grandes “shadow banks” del país, cayó en default en más de 30 wealth management products durante las últimas semanas, generando protestas entre la población y dudas respecto a la situación financiera de estas entidades. No está claro si estos productos están ligados directamente al mercado inmobiliario, pero todo hace suponer que sí. El problema, es que existe, además, un link entre los trusts y los LGFV, dado que el 15% de la deuda de estos últimos está relacionada a “shadow credit”. El contagio entre las partes podría ir mucho más allá de la simple exposición al mercado inmobiliario.
El problema de fondo es estructural, con un modelo de financiamiento del mercado inmobiliario que parece sólo funcionar si los precios van al alza. Lo anterior es problemático, en una economía cuyo PIB se explica en un 28% por este sector y la construcción, y que a la par enfrenta una población que ha comenzado a reducirse y que necesita evitar formar una burbuja. La falta de transparencia y las vulnerabilidades de la deuda hacen probable que esta “mini crisis” adquiera mayores proporciones, pero a todo evento el costo será menor crecimiento, en un proceso que podría acelerarse. El mercado asume con esto que el gobierno lanzará un paquete de ayuda fiscal, pero el foco debiera estar en contener riesgos y no impulsar una economía bajo un modelo de crecimiento que necesita ser modificado.
Nada de lo anterior será gratis para el resto del mundo. China representa un 18% del PIB global, aportó un tercio del crecimiento en la última década y es el mayor consumidor de cobre del mundo. Los problema de China, definitivamente, son problemas para el mundo.
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Permisología: Tiempos para tramitar concesiones en telecomunicaciones superan norma legal y se exceden 122%.https://t.co/emZZElYEIl
— Ex-Ante (@exantecl) August 21, 2023
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