“El modelo judicial está pensado con otro tipo de delincuentes”. Claudio Martínez Cerda, PS, fue director de Gendarmería entre 1993 y 1997 —es decir, durante los gobiernos de los expresidentes Patricio Aylwin y Eduardo Frei—. Es autor, entre otros libros, de Punto de fuga, donde relata la fuga en helicóptero de 4 frentistas desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), en 1996.
La CAS volvió a la agenda pública a propósito de la resolución del juez Urrutia. ¿Cuál fue el origen de ese penal?
El origen de la CAS se remonta al momento en que aparentemente una facción del Frente Patriótico asesina al senador (UDI Jaime) Guzmán y luego vino el secuestro de Cristián Edwards y ahí el gobierno reacciona rápidamente, porque se dio cuenta de que estaba frente a un problema mayúsculo, y adoptó dos medidas: una fue la creación de La Oficina, el organismo coordinador de seguridad pública y, dos, se decidió la construcción de la Cárcel de Alta Seguridad, con características similares a las que tiene el módulo de extrema seguridad, porque los 2 grupos que estaban causando una seria perturbación al proceso de retorno a la democracia eran Lautaro y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.
¿Ya existía entonces el temor de que se coordinaran delitos desde el penal?
El grupo Lautaro en ese momento hizo pública lo que ellos llamaron la doctrina de la cárcel combatiente, que era un símil a lo que expresó Sendero Luminoso en Perú. Y en buenas cuentas decía que combatiente encarcelado era combatiente activo, por lo tanto, se mantenía activo desde la cárcel. Y llevado a los tiempos actuales, es lo que está ocurriendo con el crimen organizado dentro de las cárceles. Hay un equivalente ahí.
Usted planteó en una carta a El Mercurio que los internos ya contaban con alternativas de comunicación controladas que volvían innecesario recurrir a las videollamadas…
El Frente Patriótico declaró, con el asesinato del asesinato del senador Guzmán y con el secuestro de Edwards, una franca oposición al proceso de transición a la democracia, por lo tanto se estimaron 2 cosas: uno, cortar de raíz el concepto de cárcel combatiente y por lo tanto se diseñó un locutorio que permitía controlar las comunicaciones. Y, por otro lado, se diseñó un recinto carcelario que permitiera la segregación: separar a los líderes de la tropa o de los soldados, de modo de dar espacio para que estos se reinsertaran…
¿Qué característica tenía ese locutorio?
Era una sala dividida por un vidrio, tenía asientos por los dos lados y un pequeño mesón, tal como se ve en las películas, y Gendarmería tenía acceso a lo que conversaban.
Incluso, esa cárcel tuvo micrófonos inicialmente, porque lo que quería la inteligencia del gobierno, en ese momento, era saber qué se estaba planificando.
Eso quedó en desuso…
Esos micrófonos y ese locutorio nunca funcionaron porque, entre otras cosas, la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, por unanimidad, que iba desde el Partido Socialista hasta la UDI, declararon que esta cárcel tenía características inhumanas, esa fue la expresión que usaron.
¿La segregación sí funcionó?
Por las declaraciones que he escuchado al propio ministro de Justicia subrogante, esa segregación, en la cárcel de seguridad actual, que tiene otro nombre, se cumple. Entiendo que los líderes están en un segmento que se llama de máxima seguridad.
¿Se propuso también entonces poner una malla en el techo que hubiera dificultado la fuga en helicóptero?
Se conversó en su momento, pero el contexto de derechos humanos era muy poderoso y se estimó, uno, por parte de inteligencia, que en Chile no había grupos, con excepción de los narcotraficantes, que pudieran intentar un rescate aéreo. Un juicio que demostró ser errado. Y también se estimó que con un locutorio, el control estricto de las comunicaciones y las visitas, no era posible planificar un rescate como el que se hizo finalmente. Entonces, el rescate del helicóptero tiene directa relación con el hecho de que el locutorio y los medios para poder interferir las comunicaciones no funcionaron. Ahí quedó vulnerado el sistema de seguridad y naturalmente que eso posibilitó la planificación de la fuga en helicóptero.
En el escenario actual, en que las amenazas son El Tren de Aragua y otras bandas de crimen de organizado, ¿tiene vigencia ese locutorio?
El locutorio hoy tiene plena vigencia, es un elemento fundamental y hoy cumple no solamente la función de inhibir o controlar las comunicaciones, sino que también busca evitar el ingreso de uno, los celulares, que son la principal herramienta para mantener la comunicación y, en segundo lugar, la planificación de actos desde el interior al exterior, que es lo que más está en discusión. Y por último evita una cosa a futuro que es el ingreso de armas.
Estamos frente a bandas de alta complejidad y organizaciones bien sofisticadas, y el locutorio es central en prevenir que el crimen organizado controle las cárceles.
¿Es un problema la falta de protecciones más altas o en los techos de los patios que eviten que lleguen pelotas lanzadas desde el exterior?
Evidentemente eso disminuye la posibilidad de que manden paquetes, ya sea con drogas, celulares o armas desde el exterior, pero también eso se resuelve controlando la periferia de las cárceles. No puede ser que la periferia de las cárceles sea territorio de nadie y entiendo que en Santiago ya se han tomado medidas, por lo tanto, aquí es un tema multifactorial (…) que depende también de quiénes son responsables del espacio público.
¿Cómo lee la decisión del juez Urrutia? En su carta lo llamó dogmático e ideologizado…
A pesar de que en mi carta lo afirmo, que puede haber una razón ideológica, yo creo que tanto el tema de los Derechos Humanos como el tema de la Justicia llevada a un extremo teórico, casi académico, finalmente colisiona con la realidad. Los derechos humanos colocados a un nivel de dogma terminan perjudicando a las personas que nunca han cometido delitos, cuyos derechos humanos son vulnerados por estas bandas de crimen organizados.
Se puede contra argumentar que eso da pie a minimizar u olvidar los derechos humanos.
Ahí hay una discusión que hay que abrirla: cuáles son los derechos que los presos de alta peligrosidad pierden, además de la libertad. Yo entiendo que los presos a los que se les dio este beneficio tenían derecho a visita por locutorio, por lo tanto, no es real que no tuvieran derecho a las visitas, sino que lo tenían, pero en un sistema distinto que impide la articulación de delitos.
¿Cuál es su propuesta?
Se requiere legislar, porque el modelo carcelario y el modelo judicial está pensado con otro tipo de delincuentes. La irrupción del crimen organizado en Chile, con bandas internacionales, con métodos y procedimientos que nosotros desconocíamos, requiere de un ajuste de la legislación y de los reglamentos del sistema carcelario.
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