Habría que parafrasear al asesor de Bill Clinton: es la “permisología”, ¡estúpido! Mientras 6 naranjillos sigan parando el proyecto de tierras raras o frenemos miles de millones de inversión en hidrógeno verde porque las torres eólicas podrían afectar el vuelo migratorio de ciertas aves, la verdad es que no hay nada que hacer.
1) Chile: el “perro del hortelano” del calentamiento global. Hemos repetido muchas veces que nunca antes los intereses de Chile habían estado tan alineados con los intereses del mundo.
2) Atraer y no ahuyentar capitales. El desarrollo de estas industrias requiere grandes capitales. Y especialmente inversión extranjera. Una planta de hidrógeno verde de tamaño mediano, como la que intenta construir el consorcio HIF en Magallanes, cuesta alrededor de US$4.500 millones. Y lo que queremos es que esa región se transforme en la capital mundial del hidrógeno verde.
3) ¿Qué mueve la aguja? Nadie dice que la institucionalidad ambiental no debe ser respetada. Pero tenemos que cambiar de enfoque. Como país nos interesa que los proyectos se hagan. Eso es lo que genera empleo, riqueza y recaudación fiscal.
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Los movimientos semanales son, en su mayoría, ruido buscando titular. Lo que de verdad está moviendo la aprobación es lento, estructural y biográfico: la escalera, el bolsillo, la promesa. Para verlo no hay que mirar más seguido. Hay que mirar más profundo.
Cualquier parlamentario que intente construir un proyecto de mediano plazo, articular una posición razonable frente a un gobierno de derecha, o proponer una salida programática coherente, va a chocar contra la misma lógica interna que castigó a Paulina Vodanovic y a los tres senadores del PPD.
La invariabilidad es materialmente importante para estimar la posible rentabilidad de un proyecto, es decir con la perspectiva individual de cada inversionista en un nuevo proyecto. En el agregado de las finanzas públicas, en lo macro, es marginal, intrascendente.
No todo es culpa de las fake news o de quienes promueven engaños y quimeras. A veces somos nosotros mismos quienes preferimos no ver la realidad y terminamos inmunizándonos -por miedo, por vergüenza o por falta de coraje- contra verdades que nos son incómodas. En su último libro, Mark Lilla analiza el fenómeno.
Las economías que liderarán el futuro no serán únicamente las que construyan más carreteras, puertos o centros de datos. Serán aquellas que comprendan que la infraestructura más estratégica ya no es la que mueve bienes, sino la que desarrolla capacidades para crear conocimiento, adaptarse al cambio y transformar la innovación en crecimiento sostenible.