-¿Qué está pasando en las universidades norteamericanas con estas protestas contra Israel? ¿Cómo es el fenómeno?
-Lo que gatilla estas protestas es la guerra en Gaza. Y un aspecto que es muy norteamericano. Las universidades grandes, particularmente las privadas, tienen inmensos fondos de inversión, creados a través de donaciones y los estudiantes están pidiendo que esos fondos no mantengan inversiones en Israel o con empresas que fabriquen armamento. Una parte del movimiento se llama BDS, Boicott, Divestment and Sanctions.
-¿Cómo ha sido la respuesta de la policía?
–Los campamentos han estado ahí por días o semanas, han ido creciendo. Lo que ha llevado a algunas acciones más dramáticas de la policía ha sido la ocupación de edificios. En Estados Unidos, las universidades no permiten el acceso a policías. Si aparece la policía es porque las autoridades piden restablecer el orden, restablecer la capacidad de poder entrar y salir de los campus.
-¿Cuál ha sido la reacción de Biden?
-Hasta el momento no ha reaccionado. No tiene mucho que decir. Solo dijo que no estaba de acuerdo con mandar la Guardia Nacional. Recuerda que en los años 50, cuando empezaron a segregar colegios y universidades en el sur, se mandaron guardias nacionales para permitir que los estudiantes afroamericanos pudieran acceder porque no lo estaban permitiendo.
La similitud es que ahora estos grupos no están permitiendo pasar a estudiantes judíos. Algunas voces están diciendo que hay que mandar a la Guardia Nacional para restablecer el orden. Y Biden dijo que no estaba de acuerdo con eso. También le preguntaron si él iba a cambiar su política para Medio Oriente a partir de estas protestas. Y dijo que no.
-¿Hay alguna relación con la renuncia de la rectora de Harvard, Claudine Gay, en enero?
-Sí, en el sentido de la dificultad de las universidades en responder adecuadamente al tipo de discurso que está ocurriendo en los campus norteamericanos. Muchos estudiantes o académicos judíos se quejaron de que algunas de las acciones y slogans eran derechamente antisemitas. Y las universidades decían que había libertad de expresión y libertad académica. Pero ella tuvo que renunciar.
Hay que ver qué pasa con la presidenta de Columbia, que también ha sido criticada por la forma en que ha manejado esta crisis. Y en otros campus también. Los estudiantes judíos han alegado que se sienten amenazados, que no les permiten entrar. En la UCLA un grupo de estudiantes entrega un papelito para permitir la entrada. Se habían tomado una biblioteca y sólo si uno era antisionista o anti Israel, podía pasar. Ese nivel de intimidación, discriminación, cruza el límite de libertad de expresión.
-¿Estas protestas juveniles, estudiantiles, son las más grandes que se han visto desde Vietnam?
–Hubo protestas en los 80 contra las armas nucleares. Pero sí puede decirse que han sido una de las más grandes, debido a la cantidad de universidades. Este tipo de protestas con campamentos, puede que sea lo más grande que ha ocurrido desde Vietnam.
-¿Existen elementos de extremismo islámico?
-Sin duda. Son distintos grupos que tienen como objetivo criticar a Israel; algunos son islámicos, otros son grupos de extrema izquierda. Otros son simplemente cabros que no saben porque están ahí. Han aparecido en la prensa muchas entrevistas y cuando le preguntan a estos estudiantes qué significa “from the river to the sea” (que alude a tirar a los judíos al mar) no saben de qué están hablando. Hay gente súper comprometida, gente de extrema izquierda y anarquistas como en nuestras protestas acá.
-¿Tiene que ver con ese famoso concepto llamado woke?
-Es una palabra que se ha aplicado a distintos aspectos del progresismo norteamericano. Curiosamente uno ve ahí a grupos como Queer for Palestine o de LGTB que apoyan a Hamas, que es un grupo fundamentalista islámico que si pillara a estos estudiantes los tirarían de un edificio para abajo.
El concepto de interseccionalidad está muy de moda en los campus norteamericanos: todos los grupos oprimidos tienen que apoyarse y apoyar las causas de otros grupos oprimidos, aunque no tengan nada que ver.
-¿Es un momento complicado para los judíos en EEUU?
–Hay una organización que mantiene un registro de incidentes antisemitas, que se llama la Anti-defamation League. La cantidad promedio al año ha sido entre 800 y 900 incidentes en Estados Unidos. Desde 2014 empieza a subir, y el año pasado, con la guerra en Gaza, hubo un salto gigantesco: 8.873 incidentes en 2023, un 873 % de aumento desde 2014. Eso se repite en Europa, en Canadá, en Inglaterra.
-¿Y ha llegado a las universidades chilenas?
-Ha habido protestas contra la guerra, en distintos momentos, pero en las universidades todavía no hay manifestaciones del mismo tipo. Habrá que ver qué pasa en las próximas semanas.
-¿Estas protestas son pacíficas o tienen elementos violentos también?
-No han quemado nada. Pero en el contexto norteamericano, la toma de un edificio es muy violenta, no es muy común desde los años 60. Lo otro es este tema de no permitir o elegir a quienes pueden pasar, preguntando tu afiliación religiosa o si eres sionista. A muchos estudiantes eso les violenta. Eso recuerda cuando en Chile decían el que no salta no pasa. En EE.UU. lo hacen dependiendo de tu religión. Las protestas tienen elementos parecidos al estallido.
-¿Se relaciona con las manifestaciones que han habido en París, en Berlín?
-Sí, pero en general en Europa no se han realizado en las universidades, sino en las calles. En Londres, han habido amenazas hacia judíos, usando los mismos eslogans. En Alemania, en cambio, hay más restricciones, no se puede negar el Holocausto. En Estados Unidos la noción de libertad de expresión permite que se pueda decir casi cualquier cosa. Cabe recordar que el discurso de que el sionismo es racista tiene sus raíces en los años 60 y 70 en la Unión Soviética. Se están repitiendo muchos de estos eslogans y los estudiantes no tienen la información para rebatirlos.
-Una de las figuras más atacadas es Netanyahu. ¿Con quién lo comparan?
-Lo comparan con Hitler. Uno puede estar de acuerdo o no con Netanyahu; pero hace mucho tiempo que tenía que haberse ido y ya estaba cuestionado legalmente dentro de Israel. La mayoría de los israelíes quiere que se vaya hoy. Pero no es casualidad que el discurso estudiantil diga que los israelíes están cometiendo un genocidio, que es un término que surge desde el Holocausto. Eso, según mi punto de vista, lo que hace es minimizar de alguna forma lo que hizo Hitler.
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