Enero 16, 2022

¿Podrá Boric navegar entre dos águas? Por Sergio Muñoz Riveros

Ex-Ante

Es posible que Boric quiera sinceramente dar a su gestión un sello como el descrito ante los empresarios, pero eso implica seguir un curso de acción que no le gustará al PC ni a un sector del FA, además de la izquierda anarco/octubrista, que ya lo está amenazando con “no soltar las calles” si no indulta a los presos de la revuelta. La primera prueba en materia de orden público será el 26 de marzo, “día del joven combatiente”, que seguramente se convertirá en una dura jornada callejera por el indulto.

El mandatario electo se esforzó en Enade por reducir la desconfianza del empresariado hacia lo que él representa y lo que puede esperarse de su gobierno. Llegó a decir que su tono moderado de la segunda vuelta no había sido “un disfraz de campaña”, sino expresión de su actual visión de las cosas. Fue ciertamente novedoso que hablara de crecimiento e inversión, que han sido nociones ajenas al ideario frenteamplista.

Los líderes empresariales valoraron sus palabras, pero juzgarán los hechos, respecto de lo cual serán reveladores el nombramiento del gabinete y las primeras medidas. Boric tendrá que demostrar que su perfil de equilibrio no es puro tacticismo, y ello lo obligará a tomar decisiones que pueden acentuar los recelos de los sectores que consideran irrenunciable la lucha contra el capitalismo (o neoliberalismo, que para ellos es lo mismo), y que estarán dentro y fuera del gobierno.

Si quiere evitar que el país se deslice hacia una crisis, Boric necesita actuar con realismo no solo en la economía, sino respecto de todo lo que hoy está cuestionado en la Convención, que se ha convertido en una verdadera caja de Pandora, Deberá modificar la visión que sostenido durante sus 8 años de diputado, o sea, el izquierdismo de agitación y los gestos rupturistas.

El problema es lo que podría llamarse “el peso de la noche”, vale decir, el lastre de las viejas supersticiones revolucionarias acerca de cómo crear “una nueva sociedad” mediante la compulsión antimercado, la hostilidad hacia la iniciativa privada y la idolatría del Estado. Precisamente por eso, debe tener presente a Salvador Allende: para no hacer lo que él hizo.

Es posible que Boric quiera sinceramente dar a su gestión un sello como el descrito ante los empresarios, pero eso implica seguir un curso de acción que no le gustará al PC ni a un sector del FA, además de la izquierda anarco/octubrista, que ya lo está amenazando con “no soltar las calles” si no indulta a los presos de la revuelta. La primera prueba en materia de orden público será el 26 de marzo, “día del joven combatiente”, que seguramente se convertirá en una dura jornada callejera por el indulto.

¿Qué papel jugará el PC en el nuevo gobierno? ¿Podría impulsar una línea comparable a la del PS de los años de Allende, que busque “avanzar sin transar”? Si lo hiciera, se expondría de un modo temerario. No están los tiempos para aventuras revolucionarias, aunque sus 7 representantes en la Convención parecen creer que ahora la revolución puede hacerse redactando una nueva Constitución.

Lo previsible es que los dirigentes comunistas procedan con pragmatismo para asegurar una cuota relevante de cargos públicos para el partido, pero sin asomar demasiado la cabeza, para no arriesgarse a pagar los costos de los errores e insuficiencias.

Intuyendo que las cosas no serán fáciles, el PC buscará que el FA cargue con el peso principal de las responsabilidades. Si las aguas se encrespan, algo que es muy probable, sus dirigentes se preocuparán de que el partido no salga mal parado. Para dar mayor fuerza a su postura, no dudarán en movilizar todo lo que tienen para presionar al gobierno desde la calle.

Boric carece de una fuerza propia significativa, y eso limitará su autonomía de vuelo. Su coalición no tendrá mayoría en el Congreso, y el apoyo de los partidos de la antigua centroizquierda será probablemente variable y condicionado. Nada será sencillo. En tal contexto, solo le sirve el sentido de las proporciones. Cualquier reforma ambiciosa, por ejemplo, la tributaria, le exigirá negociar y pactar.

¿Enfrentará el nuevo gobierno una oposición de izquierda, además de la que desplegará la derecha? Todo parece indicarlo así. De partida, los grupos armados en la Araucanía ya han anunciado que seguirán en lo suyo, y frente a eso no bastará con proclamar las virtudes del diálogo.
Para sobrevivir, el nuevo mandatario deberá convencerse de que tiene que encarnar la legalidad. Y para gobernar aceptablemente, disponerse a dialogar y establecer acuerdos. Todo eso tiene costos. Lo peor sería la ambivalencia, la indefinición o dar la impresión de que no sabe adónde ir.

 

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