Noviembre 14, 2021

Los empleados de Kast. Por Jorge Selume Aguirre

Ex-Ante
Crédito: Agencia Uno.

A la hora de los reconocimientos, no podemos olvidar que uno de los primeros y más leales empleados de Kast ha sido la ex Concertación, que tras liderar los 30 años más exitosos de la historia de Chile decidió, de forma inexplicable, renegar de ese logro y enterrarlo seis pies bajo tierra, como si su éxito fuese una fuente de vergüenza de cara a las nuevas generaciones que hoy acceden a los beneficios de ese desarrollo.

Falta una semana para las elecciones presidenciales y pareciera, de acuerdo a las encuestas, que todos los astros se han alineado en favor de José Antonio Kast. Pero las circunstancias que rodean la política no son simplemente fruto del azar. Por un lado, la suerte debe hallar al candidato trabajando y, por otro, sus contrincantes deben aportar con errores no forzados.

Al margen de la efectiva campaña que ha desplegado Kast, nadie puede desconocer que la balanza electoral se ha inclinado a su favor principalmente por los sucesivos traspiés de sus competidores; quienes, producto de su lamentable performance, parecen empeñados en trabajar para potenciar las chances del candidato republicano. El caso de Boric es el más elocuente, al punto que asoma como un serio aspirante a ganar la distinción de empleado del mes.

En un país donde la violencia es una de las principales preocupaciones de los ciudadanos, especialmente los vulnerables, el candidato del FA ha optado por dejar la pista despejada a Kast con acciones incomprensibles, como por ejemplo apoyar el indulto a los condenados del estallido. Condenas que incluyen homicidios, robo con fuerza, porte ilegal de armas, incendios o saqueos a farmacias. Después de eso, cuesta creer que a Boric le preocupan genuinamente los locatarios de Santiago Centro que fueron vandalizados y quemados por el mismo lumpen que ahora él pretende dejar en libertad.

Algo parecido sucede cuando Boric no condena los ataques incendiarios que sufren los agricultores, grandes y pequeños, en la Araucanía. ¿Quién puede creer que protegerá a los trabajadores si no los defiende decididamente cuando les queman sus maquinarias y fuentes laborales? Lo mismo pasa cuando lamenta solo la muerte de algunas víctimas del conflicto y no a todas por igual, como si para él hubiesen vidas que son más valiosas que otras y estuviese, por un momento, disponible a torcer un derecho que él mismo reconoce como fundamental: la igualdad, en este caso, ante la ley.

Una prueba de ello es su incapacidad de condenar las acciones de Celestino Córdova, quien, a pesar de estar condenado a 18 años de cárcel por haber quemado vivos a dos ancianos, es considerado por Boric como un “preso político” por el hecho de pertenecer al pueblo mapuche. ¿Esto quiere decir que para el candidato frenteamplista hay quienes gozan de un fuero ante la ley basado en su etnia u origen? Dicha lógica de privilegios nos recuerda más a la Roma clásica que a una democracia moderna.

Ahora bien, la posición de Boric, que de por sí ya es difícil, se complejiza aún más gracias a que sus compañeros y aliados contribuyen activamente en dinamitar sus posibilidades presidenciales. En la práctica, a veces da la impresión de que sus colaboradores también trabajasen para Kast. El repertorio de pruebas es extenso, pero hay algunos hitos que aún resuenan con fuerza en la opinión pública.

Por ejemplo: su jefe económico declarando que “no tenemos grandes diferencias” con el PC; el secretario general de RD asegurando que van a “meterle inestabilidad” a un país que camina sobre la cornisa; su asesora previsional reconociendo que en un eventual gobierno “el trabajador no tendrá propiedad sobre el nuevo ahorro” y que por tanto este no podrá ser heredable a los hijos y, finalmente, el PC, su principal aliado político, apoyando a un dictador que logró reelegirse luego de aprisionar a sus siete contendores.

Este calamitoso entramado de situaciones ha llevado a que Boric continuamente se vea forzado a cuadrar el círculo entre lo que él y sus colaboradores piensan y dicen, tornándose su lenguaje, verbal y corporal, más opaco y menos penetrante. ¿Cuándo fue la última vez que el candidato del FA instaló una propuesta en la agenda pública? Hoy cuesta escuchar la voz de Boric, se le nota atribulado y eso los votantes lo perciben como una señal de confusión que impacta en la confianza, pues les resulta difícil saber cómo piensa.

Pero a la hora de los reconocimientos, no podemos olvidar que uno de los primeros y más leales empleados de Kast ha sido la ex Concertación, quien tras liderar los 30 años más exitosos de la historia de Chile decidió, de forma inexplicable, renegar de ese logro y enterrarlo seis pies bajo tierra, como si su éxito fuese una fuente de vergüenza de cara a las nuevas generaciones que hoy acceden a los beneficios de ese desarrollo.

Una vez que se desató ese nudo que conectaba a los dos mundos liberales (económico en la derecha, valórico en la izquierda), se disolvió la malla que sostenía la cívica conveniencia, el espíritu reflexivo y las decisiones basadas en la evidencia empírica, produciéndose un vacío de poder que quedó a merced de liderazgos demagógicos que no tienen problemas en relativizar dictaduras de acuerdo de donde provengan.

Como consecuencia, el próximo domingo nos veremos forzados a elegir entre dos extremos que nos recuerdan más al Chile dividido de inicios de los 90 que al país integrado que soñábamos para el 2030. Por mientras, tendremos que conformarnos con la esperanza de que luego de la fiebre electoral, el archipiélago de liderazgos liberales y reformistas pueda agruparse y transformarse en un continente que imponga su peso en el mapa político.

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