Juan Sutil y la Araucanía: “Si el gobierno hubiera perseverado en el camino del diálogo (con Alfredo Moreno), quizás no tendríamos este problema”

Alicia Hamilton
El presidente de la CPC, Juan Sutil.

El presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio es crítico respecto a cómo se ha abordado el conflicto de La Araucanía desde el retorno a la democracia, tanto por parte de la derecha como de la izquierda. Este miércoles presentó un plan de 40 medidas para intentar avanzar en soluciones . “Es una interpelación para que el sector político avance”, afirma.

—¿En qué ha cambiado su percepción sobre el conflicto desde que asumió en la presidencia de la CPC?
—Hoy estamos presenciando una situación mucho más develada de la que existía, donde tenemos tres aspectos del conflicto: 1. Legítimas demandas que tienen relación con la dignidad, reconocimiento institucional. 2. La falta de paciencia de algunas comunidades que van tomando la vía violenta o semi violenta  -para mí violenta por cierto- optar por las tomas o usurpación. Y 3. Ha recrudecido el delito común: robo de animales, robo de madera, que financian de alguna forma esta violencia y también el narcotráfico.

—Esta semana entregaron 40 propuestas para erradicar la violencia, ¿Cuáles son los principales ejes de ese plan?
—Tiene 4 ejes: Institucional, administrativo y legislativo; desarrollo productivo; territorio e infraestructura y Cultura y Educación. Los más claves en materia legislativa o institucional, que se enfoca en el avance de la agenda indígena que no está cumplida, en materia de reconocimiento constitucional, consejo de pueblos, ministerio de asuntos indígenas, y suma y sigue. Después están los temas de orden y seguridad como es la Inteligencia, modernización de las policías, y avance en todas las leyes que impidan que la impunidad aflore.

—¿Qué contribuciones, en concreto, podrían hacer los empresarios en La Araucanía?
—Esta es una interpelación para que el sector político avance en las soluciones. Hemos hecho una propuesta que en algunos casos muchas se han desarrollado desde el retorno de la democracia, pero las hemos enriquecido. Hemos puesto esto en la discusión política del país, hemos trabajado por más de 6 meses en esto junto con los gremios y la sociedad civil de la región mapuche y no mapuche y hemos puesto todos nuestros talentos, disposición, nuestro trabajo y recursos para avanzar en la materia, de modo que, quienes toman las decisiones de hacer las leyes, sean interpelados, para eso hay que poner recursos y hacer acciones. Esto no es solo buenas ideas y propósitos, son acciones.

—¿El sector político no ha estado a la altura en esta materia?
—No. La región sufre la polarización política de Chile, donde un sector político de la izquierda se cierra muchas veces a todo, y un sector político de la derecha a veces se cierra también a todo en materia de la agenda indígena. Creo que es el momento y la oportunidad de sentarse a pensar sobre cuán mal lo han hecho, incluyéndonos a los chilenos que los hemos elegidos, para llegar a este extremo. Cada vez que los países se polarizan retroceden y esa una razón de por qué la situación en La Araucanía hoy es tan desastrosa.

—Desde la mirada empresarial, ¿Cuáles podrían ser los efectos de no abordar este problema a tiempo?
—El hecho de no haber avanzado en esta materia, se puede lamentar cómo hemos detenido un proceso en el cual hubiéramos logrado que los pueblos originarios tuvieran mucha más dignidad y reconocimiento desde un punto de vista no solo constitucional sino que cultural, de su valor histórico y aporte a la sociedad, ellos podrían tener representación, hubiésemos evitado llegar a este punto de conflicto, y desde ese punto de vista para nosotros, los empresarios, se traduce en algo muy simple: la región de la macrozona sur, La Araucanía, tiene un 80% de inversión pública mientras que en resto de las regiones del país el 80% de la inversión es privada. ¿Por qué? Porque el sector económico le cree a la inversión, a los chilenos y su potencial, le cree a sus talentos y su gente, en cambio en esa región no se puede avanzar, no están las condiciones para tener un clima que genere mejor inversión, desarrollo e inclusión.

—Cuando Alfredo Moreno asumió como ministro de Desarrollo Social hubo empresarios esperanzados en sus gestiones respecto del conflicto en La Araucanía. ¿Cree que fue un error removerlo?
—Yo fui de los empresarios que apoyó a Alfredo Moreno, confío en sus capacidades, compromiso y forma de actuar y creo que es lamentable y uno de los errores más complejos fue haber retrocedido y abandonado en el avance de la solución de los problemas en La Araucanía. Hoy nadie puede contar la historia, porque no sabemos cómo hubiese sido, pero sí me quedo con el beneficio de la duda de que si el gobierno hubiera perseverado en el camino del diálogo (con Alfredo Moreno) quizás no tendríamos este problema. Este no era solo un encargo del gobierno, sino de toda la sociedad.

—¿Usted cree que se debiese reponerse a Moreno al mando de la resolución del conflicto?
—Lo desconozco, ese es un tema que lo tiene que decidir el Presidente de la República. Aquí, lo que hay que entender muy bien que este es un problema multifacético que ya no requiere de más diagnóstico sino un plan de acuerdos por parte del sector político para dar soluciones.

—¿Cómo evalúa que lo ha hecho el Gobierno al abordar esta materia? En algunos sectores se dice que el Presidente no ha actuado con la fuerza necesaria por temor a que lo llenen de acusaciones por violaciones a DDHH, y gente cree que eso ha sido un carácter inhibidor de la acción del Presidente, ¿Cómo lo ve?
—Creo que es más complejo que eso. Aquí el problema es la fractura del sector político. No hay un avance, se ha negado en muchos aspectos la sal y el agua hacia iniciativas del Gobierno y por otro lado el Gobierno ha aplicado ciertas iniciativas que se transforman en un recrudecimiento del problema.

¿A qué se refiere?
—Yo creo que el Gobierno debió haber persistido después de la muerte de Catrillanca. Y creo que la izquierda más dura debiera no haber instrumentalizado ese lamentable hecho para un beneficio de corto plazo. Se debió haber buscado las causas y soluciones del conflicto y resulta que, hasta hoy, todos sabemos los hechos ocurridos, pero nadie ha resuelto la vía de solución de cada uno de los problemas, partiendo por la modernización de las policías y un montón de otras materias fundamentales.

—¿Teme que en un 2021 cargado de elecciones el tema se politice y no se llegue a soluciones concretas en el corto plazo?
—Yo espero que la ciudadanía haga un stop y deje fuera a quienes están en los extremos y los castigue para que haya un compromiso hacia buscar los equilibrios, concordar y avanzar. Espero que así sea, de lo contrario, lo que estamos haciendo es agudizar un conflicto que puede ir escalando.

—Hay quienes plantean que existe el temor de que los agricultores recurran a la autodefensa dado que siente que Carabineros no los protege, ¿Cómo lo ve?
—Esta situación puede derivar en enfrentamientos civiles y quién sabe en qué más. Eso puede ocurrir, así como una persona en Santiago puede tener un arma inscrita en su casa, y entra una persona e intenta atentar contra tu familia y tienes la oportunidad de defenderte lo vas a hacer en tu legítimo derecho. Y eso empezará a ocurrir si este gran problema no se resuelve. Y esto puede ir escalando fruto de la falta de Estado de Derecho, la falta de control y el desborde del conflicto. Sumado todo esto, le hago un cargo al sector político, que desde el retorno de la democracia se han hecho muchas promesas y no se ha avanzado en ellas y junto con no avanzar han ido recrudeciendo el conflicto.

—¿Ha estudiado otros países que han tenido conflictos y los han solucionado? ¿Qué rescataría de esos modelos?
Hay experiencias que han sido muy positivas, como lo que ocurrió en Bilbao, país vasco, que dice relación con el involucramiento de la empresa y la sociedad civil en el conflicto y se logró una solución. Esta misma experiencia ocurrió en Medellín, Colombia. Donde el sector empresarial entró con mucha fuerza y logró presionar para que el sector político, que hoy en Chile está atrincherado y así lo estuvo también en España y en Colombia, puedan acercar posiciones y buscar la manera de salir adelante. Hoy Chile está absolutamente trancado en materia legislativa, llevamos décadas sin ningún avance. Creo que es fundamental que el sector privado y la sociedad civil, las fundaciones, las corporaciones, las personas saquemos la voz e interpelemos al sector político para lograr avanzar. De lo contrario los países retroceden o se frustran y estamos ante ese riesgo.

El ex ministro neozelandés encargado de pactar con los maoríes dijo que es posible que Chile avance hacia un proceso similar de reconciliación pese a que las historias son distintas. Plantea que es clave para un proceso exitoso, que tanto la centroizquierda como la centroderecha deben estar unidos en la necesidad de un proceso así. ¿Ve dicha voluntad en el espectro político chileno?
—Comparto plenamente esas afirmaciones del exministro neozelandés. Creo que estamos en un alto riesgo de que la centroizquierda y centroderecha no concuerden los acuerdos necesarios para llegar al fin a un acuerdo exitoso en el conflicto. Y eso es grave. ¿Por qué entramos nosotros, los empresarios, a la cancha? Porque somos parte de la sociedad civil y no queremos que este país se nos pierda ni estanque, queremos que vuelva a ser el Chile del futuro, inclusivo, desarrollado, donde todos puedan desarrollar sus proyectos de vida, donde un Estado actúe correctamente, porque en esta materia es el Estado el que ha fallado.


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