-Según la centroizquierda, las enmiendas lo que hacen es impedir que haya una discusión de políticas públicas en el futuro. Alegan que con estas enmiendas no se podría tener un sistema de salud como el de Alemania, Inglaterra o España. ¿Cuál es tu impresión?
-Era obvio que para las izquierdas las enmiendas del Partido Republicano y Chile Vamos iban a ser ingratas. En el caso del derechos sociales, ellos quieren una mayor preeminencia estatal, lo que dista mucho de lo que dice la enmienda de Chile Vamos, que fue de las pocas que los unieron con el Partido Republicano.
-Los mismos argumentos que usa ahora la centroizquierda para criticar a la derecha se podrían usar al revés. ¿Esto augura una discusión muy ardua en el Consejo?
-La izquierda debe entender que está en minoría. Y como tal debe abrirse a conversar y a aceptar que incluso a nivel cultural sus posturas no son las más populares. La libertad de elección le hace sentido a la ciudadanía en términos de salud, en términos de pensiones. La ciudadanía es más bien reticente a una preeminencia estatal en temas de derechos sociales.
El oficialismo está en desventaja. Tiene que abrirse a negociar. De lo contrario, es muy probable que la derecha se vea muy tentada a votar a favor de su sector sin escuchar más allá de sus límites.
-¿Cómo ha sido la relación entre Republicanos y Chile Vamos en estos estos días? ¿Ha tenido más fricción de la que esperabas?
-Llegaron solamente a 4 enmiendas de manera conjunta: las de derechos sociales y la de las Fuerzas Armadas. Queda harto camino por recorrer, porque uno diría: listo, tenemos libertad de elección en materia de la propuesta constitucional; tenemos un capítulo de las Fuerzas Armadas que va a ir sí o sí. Pero en las otras enmiendas no está nada claro; en el caso de la configuración de del Poder Legislativo, los guarismos de ambos sectores no coinciden. El Partido Republicano instaló un número de 48 para el Senado. En lo que sí están de acuerdo es en rediseñar el Congreso. La discusión va a ser cómo lo vamos a rediseñar. En algún momento pareció muy bien aspectada la cercanía en Republicanos y Chile Vamos, pero en el detalle ambos sectores tienen grandes diferencias.
-¿Por qué las Fuerzas Armadas necesitan un capítulo especial? ¿Hay un objetivo en términos ideológicos o políticos?
-Para las derechas, es un tema que tiene que ver con marcar un hito político e ideológico, que por cierto es hoy día súper atractivo para la población. Y en ese sentido, lo que debería hacer la izquierda es soltar ese tema, entender que ahí también están en desventaja y mejor dedicarse a rediseñar lo que tiene que ver con el Estado social de derechos.
-Las encuestas no están acompañando al proceso. En la última de Feedback, un 44% decía que iba a votar rechazo. ¿Hay un riesgo grande de que este proyecto fracase, igual que el anterior?
-El riesgo es alto, sobre todo por esta dinámica del voto obligatorio. El voto obligatorio deja un amplio espacio para la incertidumbre. Estamos a cinco meses del plebiscito de diciembre y el ánimo que se va configurando es que las personas no ven como una prioridad el cambio de la Constitución. Para ellos el proceso ya pasó. El proceso del año pasado fue “el momento”, pero fracasó.
Hoy día la gente quiere mayor seguridad, que baje la inflación, que la tasa de desempleo disminuya. Esas certidumbres son las que buscan y no una certidumbre a nivel constitucional. Si en algún momento pensamos que la suerte del Partido Republicano iba a estar ligada al proceso constituyente, ahora se empieza a diluir esa idea. Por eso impone su agenda en el tema de las enmiendas. Pero no creo que esta discusión haga que la ciudadanía se interese porque es un debate demasiado árido.
-El Presidente Boric ha mantenido distancia. ¿De qué manera el Gobierno debe apoyar el éxito de este proceso?
-Debe apoyar técnicamente al proceso, dar las facilidades, pero con prescindencia del gobierno total y absoluta. Ni siquiera a nivel de apoyo o rechazo. Por ejemplo, si la ministra Orellana tiene alguna crítica respecto a la enmienda de republicanos, ella debería omitirse y no opinar. Si el tema de la preeminencia estatal no va, el Presidente debe entender que perdieron la elección de mayo. Son minoría. Hoy deberían llevar la agenda en el Congreso, sin ningún tipo de agenda en el proceso constituyente.
-Hablando del Presidente, ¿fue innecesario el homenaje a Garzón?
-No se entiende que el Presidente le pida a los partidos políticos firmar una declaración pública en torno a los 50 años, cuando al mismo tiempo conmemora a Baltasar Garzón, que incluso es una figura divisoria para la izquierda. La incomodidad en que puso al canciller Van Klaveren fue absoluta. Y eso es súper complejo porque el Presidente tiene que comprender que él representa al Estado de Chile afuera.
No puede ser que el Presidente cada vez que ha salido de Chile tiene algún episodio de amateurismo a nivel de relaciones exteriores. El Presidente debe aceptar que nos representa a todos y no solamente a su visión de la historia.
-En ese sentido, ¿se ha impuesto la visión del Partido Comunista, que puede generar divisiones, para los 50 años del Golpe?
-El Partido Comunista, con la salida de Patricio Fernández, con las declaraciones de Daniel Jadue en que apuntó a que ciertos sectores de la izquierda fueron prácticamente golpistas, lo único que hace es aportillar cualquier tipo de conmemoración del oficialismo. Y complejiza aún más el relato que el Gobierno ha querido crear.
Más bien lo que va a suceder es que una fecha que para la izquierda debería ser de unión terminó siendo de desunión. Al final del día terminaron todos peleados. Y eso es muy malo para la gestión de gobierno por un lado, pero también para los futuros procesos electorales. Porque quiere decir que no hay un ethos que una a la izquierda, ni siquiera el golpe de Estado del 73.
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