En $240 mil millones se estima el perjuicio fiscal del mayor fraude tributario en la historia de nuestro país. Miles de facturas falsas fueron emitidas para así rebajar la base del IVA y pagar un menor impuesto al debido. Afortunadamente este caso ha sido detectado, sin embargo, es solo una pequeña fracción de toda la evasión que hasta el día de hoy permanece oculta.
Pero ¿de cuánto estamos hablando?
¡Buenas noticias! Después de una década sin información completa, el gobierno publicó datos actualizados sobre evasión tributaria. Según las nuevas cifras del Servicio de Impuestos Internos (SII), la brecha de cumplimiento en el IVA y el impuesto a las empresas es de 6,5% del PIB. Es decir, el Estado estaría dejando de percibir casi un cuarto de sus ingresos tributarios potenciales por incumplimiento impositivo.
Esta cifra nos deja con un sabor amargo, tanto por su magnitud como por la evolución que ha mostrado en el tiempo. Basta comparar con la brecha de 3,9% del PIB que publicó la CEPAL (2020) hace unos años para estos dos impuestos. Estamos hablando de un aumento sideral, en torno al 70%. Más aún, considerando que en la última década se han implementado varias leyes para combatir la evasión.
Las empresas serían las principales responsables de esta alza. Mientras que el incumplimiento tributario en el IVA muestra incluso una tendencia a la baja, la tasa de evasión del impuesto a las empresas aumenta de un 31% el 2009 –última cifra oficial disponible– a un 51%. Es decir, más de la mitad de todo el potencial que se podría recaudar con el impuesto que pagan las firmas se estaría evadiendo en la actualidad.
Ante un aumento de esta envergadura se hace necesario despejar cuánto de esto se debe al cambio en la metodología oficial y qué corresponde a un aumento efectivo de la evasión de las empresas. Se ha argumentado que una parte importante de esta se relaciona con la alta informalidad –lo que es cierto–, pero este factor está lejos de explicar la dramática variación que vemos en las tasas que, por lo demás, no se estaría reflejando en la evasión del IVA.
Debido a las dificultades inherentes que tiene el cálculo de la evasión, donde ninguna metodología es perfecta y cambios en los supuestos pueden entregar cifras distintas, la tendencia de la tasa es un factor clave para entender la situación actual. De ahí la importancia de contar con una serie comparable. ¿Cuánto del cambio en la evasión de las empresas se debe a razones metodológicas? Actualmente no es fácil estimarlo porque la información disponible no tiene todo el detalle que uno querría, en particular en los cálculos pasados. Tampoco el informe recientemente publicado por el SII hace referencia a las cifras oficiales previas. Pero, a simple vista, se observan diferencias en el tratamiento de algunos componentes como el diferimiento de impuestos y las rentas de bienes raíces.
Por otra parte, es hora de avanzar en nuevas formas de medir el cumplimiento tributario que nos entreguen un panorama más completo. Otros países más experimentados no solo usan métodos macroeconómicos como nosotros para medir la evasión en el impuesto a la renta, sino que hacen auditorías a una muestra de contribuyentes y luego extrapolan los resultados a toda la población.
Sin duda que este método, conocido como ascendente, tiene desafíos importantes, especialmente para asegurar la representatividad de sus resultados, pero al mismo tiempo proporciona información valiosa para entender mejor la dinámica de la evasión. Ella es clave para identificar posibles mejoras a la administración tributaria, y es la principal desventaja del método que usamos en la actualidad.
Medir la evasión tributaria no es una tarea fácil. Lo demuestra la ausencia por varios años de mediciones oficiales completas y la existencia de distintas fuentes que utilizan diversos supuestos para su cálculo. El “Pacto Fiscal” del presidente Boric busca recaudar un 1,5% del PIB mediante un mayor cumplimiento tributario, que representa más de la mitad de toda la recaudación esperada. Así como se buscó transversalidad en temas como el aporte a la recaudación del crecimiento y de una mayor eficiencia en el gasto público, parece relevante lograr acuerdos técnicos amplios que nos permitan contar con cifras de cumplimiento tributario que susciten un necesario consenso y comparabilidad en el tiempo.
Chile tiene un desafío importante para combatir la evasión tributaria, especialmente en un contexto de continuos déficits fiscales y aumentos esperados del gasto público. Solo cifras precisas y consensuadas de cumplimiento tributario nos permitirán definir metas realistas de evasión y debatir sobre las políticas que el país necesita para reducirla. De otra forma corremos el riesgo de dar palos de ciego para enfrentar este problema y terminar sin los niveles de recaudación que tanto necesitamos.
Publicaciones relacionadas
El Niño no solo es un fenómeno climático: es un test de resiliencia macroeconómica. Y en esa prueba, Chile actualmente no tiene tanta agua en la piscina. Porque al final, cuando la corriente se vuelve más fuerte, no importa quién nada más rápido, sino quién tiene un bote capaz de resistir la tormenta. Perú parece […]
Chile ya dispone de los activos necesarios, tales como proveedores sofisticados, talento técnico y científico, centros de investigación y una trayectoria probada de colaboración. Lo que corresponde ahora es articular estas capacidades con determinación y bajo un claro liderazgo del Estado. Transformar una ventaja natural en capacidades construidas tomó décadas. Fortalecer el ecosistema minero en […]
Lo que produjo el CAE no fue un accidente. Fue el resultado de prometer sin diseñar, corregir a medias y luego usar el instrumento como munición ideológica. Mientras no haya costos políticos para quienes hacen eso, seguiremos repitiendo la historia en educación, salud, vivienda y pensiones. Confundir el instrumento con el objetivo tiene consecuencias. El […]
El problema es cuando se instalan por inercia. Sin preguntarse qué comportamiento están empujando. Porque cuando los incentivos están mal diseñados, no dejan de ayudar: empiezan a dañar.
Los costos que implica ignorar la opinión de los economistas bien entrenados no son abstracciones teóricas; son consecuencias concretas para las personas, quienes merecen que sus líderes tomen decisiones basadas en la evidencia, la racionalidad económica y el contexto cultural.