Diciembre 5, 2023

El candado de la minería. Por José Luis Barroilhet

Socio de Spencer Stuart
Hecho en Canva.

El cobre nos va a ayudar a mantenernos vivos. Esta industria nos ayuda a bajar la pobreza, a generar oportunidades y a tener un país más próspero. Este propósito sí convoca talentos y puede aunar voluntades económicas y políticas.


El caso de negocios está clarísimo: necesitamos todo el cobre que se pueda producir y el mundo se nos cae si no logramos minimizar el cambio climático. No hay analista financiero ni empresa minera que no anticipe que el precio va a subir. Pero no vemos muchos proyectos nuevos y existe la sensación de que las empresas están atascadas. ¿Qué está pasando?

  • Lo primero es que el sector financiero no está tan fácil. Las tasas de interés están muy altas. El historial de sobrecostos de proyectos de inversión y pocos retornos para los accionistas hacen que la inversión minera tenga poco atractivo. Además, el ciclo de los proyectos, los años de espera de permisos e ingenierías, y los permanentes cambios de regulación hace que el riesgo de la inversión pueda ser demasiado.
  • Lo segundo es que, para la mayoría de los talentos, esta industria no les resulta atractiva. La oferta de valor no solo son los sueldos, también implica un estilo de vida y acceso a líderes a los cuales admirar y aprender de ellos. Además, los talentos necesitan un propósito. El trabajo debe tener un sentido que vaya más allá y que les permita hacer un mundo mejor. Pero esta industria no ha logrado producir líderes como Satya Nadela (el CEO de Microsoft) o Jamie Dimon (JP Morgan). Ellos han sido capaces, no solo de transformar sus compañías, sino transformar y reinventar sus industrias.
  • Lo tercero es que la industria minera tiene mucho impacto. Es cierto que la regulación se ha puesto muy exigente para minimizarlos y las empresas han respondido al desafío con gran agilidad. Pero el impacto sigue ahí. Todos queremos minería, pero nadie la quiere en el patio de su casa.

Estas tres razones forman un candado y alimentan la sensación de atasco. Si para hacer una empresa se necesita financiamiento, talento humano y una buena idea de negocios que beneficie a la sociedad, para la minería esto es muchísimo más complicado que para otras industrias. Y quizás es injusto. La industria minera termina aportando mucho valor, los estados ganan con sus royalties, las economías se benefician con las industrias asociadas y, al final de la cadena, Apple hace millones de dólares con los iPhones. Pero la empresa y los inversionistas mineros no ven tanto.

Hoy más que nunca es necesario romper este atasco.  Para las empresas es clave enfrentar la crítica del sector financiero con seriedad. Las empresas pueden hacerlo mejor en su gestión financiera, bajar sus costos y entregar mejores resultados. Antofagasta Minerals es un buen ejemplo de una reducción de costos a pesar de la inflación. El precio de la acción ha premiado esta gestión.

Por otra parte, la innovación está disponible. La minería puede ser más invisible y mitigar su impacto. Un ejemplo es Anglo American. La empresa logró desarrollar un proyecto llamado Woodsmith en la mitad de un parque nacional en Inglaterra, y el parque ni se enteró de lo que pasa cientos de metros bajo tierra. No hay caminos, ni tendidos eléctricos, ni polvo. La producción viaja bajo tierra directamente hacia el puerto.

Y por último, y quizás lo más relevante: el propósito. Las empresas mineras son fundamentales para Chile. El cobre nos va a ayudar a mantenernos vivos. Esta industria nos ayuda a bajar la pobreza, a generar oportunidades y a tener un país más próspero. Este propósito sí convoca talentos y puede aunar voluntades económicas y políticas.

Si ponemos atención en estos tres focos podemos superar el atasco. Porque la  industria minera es el futuro de Chile y todos queremos un futuro mejor.

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