-Gabriel Boric hará su primer viaje oficial a Argentina. ¿Cómo es visto desde allá el presidente chileno más joven y el más votado de la historia?
-Boric es visto, como suele suceder, con ojos argentinos. Hasta ahora se lo percibe en contraste con una modulación local de la izquierda, encarnada por los Kirchner. En Boric se perciben dos rasgos llamativos. Uno, su rechazo a expresiones autoritarias como la cubana, la nicaragüense o la venezolana. Dos, su apego al criterio de que el equilibrio fiscal debe ser respetado. Muchos critican que esa forma de respeto se dé por una mayor presión impositiva y no por la austeridad en el gasto público. Pero, aun así, hay que destacar que hasta ahora Boric se muestra consciente de la restricción presupuestaria.
Más allá de estos rasgos generales, hay una parte de la opinión pública argentina que está atenta a cómo se defina el nuevo gobierno chileno respecto de la agenda mapuche, que se ha vuelto muy inquietante en el sur del país y que tiene, sin duda, una dimensión binacional.
-Conocida es la afinidad entre el presidente Boric y el presidente Fernández, ¿Cómo vislumbra esa relación ahora con Boric como mandatario?
-El vínculo entre Fernández y Boric va a ser sin duda bueno. Fernández pone un empeño muy marcado en simpatizar con expresiones internacionales de la izquierda, sobre todo cuando su relación con Cristina Kirchner se vuelve más difícil y él corre el riesgo de ser denunciado como alguien que se derechizó. La incógnita es si esa afinidad será sólo discursiva o si va a materializarse en una agenda de gobierno.
-La nueva embajadora chilena en Buenos Aires, Bárbara Figueroa, escapa al perfil de otros embajadores. Líder sindical de larga trayectoria, ex presidenta de la Central Unitaria de Trabajadores y militante comunista, ¿Cómo ha sido recibida su designación?
-Se percibe en ella a alguien, por supuesto, combativa. Eso va a inspirar el beneplácito de la izquierda argentina y de un sector dominante en el oficialismo. Boric deberá decidir si eso alcanza. Deberá cuidarse de que la relación bilateral no resulte empequeñecida por pulsiones facciosas. Lo deseable es que la embajadora Figueroa sea la representante de todos los chilenos delante de todos los argentinos.
-¿Hay asuntos limítrofes pendientes entre Chile y Argentina que puedan marcar la visita del Presidente Chileno? Está el caso de Campo de Hielo Sur, pero también la polémica de cuando Argentina llamó “espacios compartidos” a zonas del Estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos.
-Sin duda los problemas de tensiones limítrofes o, por ponerlo en otros términos, espaciales, van a ser materia de análisis. No sé si a nivel presidencial o ministerial. También algunas manifestaciones de funcionarios chilenos en defensa de las reivindicaciones territoriales de la comunidad mapuche. Lo más deseable es que las conversaciones no queden estancadas en estas cuestiones y que ambos presidentes sorprendan a la ciudadanía con propuestas que presenten un horizonte de desarrollo compartido.
-¿Cómo observa el panorama de la democracia en la región? ¿Hay un aumento de líderes populistas que usando las reglas de la democracia la debilitan y se vuelven autoritarios?
-Ese fenómeno existe. Pero convive con otro: la fragmentación de la representación. Numerosos gobiernos carecen de una base electoral y, por lo tanto, parlamentaria. Esto se debe al desencanto político que está ganando a todas las sociedades, que está en la raíz de la opción populista. El problema queda más claro en los países con sistema de doble vuelta. Candidatos con poco consenso electoral, pierden la primera vuelta, que es aquella en la que se asignan las bancas parlamentarias. Para la segunda vuelta deben conquistar a masas de votantes cada vez más ajenas a sus posiciones programáticas. Resultado: se constituyen gobiernos con un mandato impreciso, una base de adhesión muy precaria y una gran indigencia parlamentaria. El problema, entonces, no es sólo el populismo. Es la crisis de gobernabilidad, que asoma en cada esquina. Lo vemos en Brasil, en Ecuador, en Perú… No sabemos si será el destino del Chile de Boric.
-¿Cuál es el potencial de los organismos regionales como Unasur, Mercosur y Alianza del Pacífico? ¿Argentina y Chile deberían fortalecer su rol internacional?
-Estamos en un ciclo en el cual los procesos de integración se han visto debilitados. En los casos de Unasur y Mercosur eso es evidente. Una de las razones es que los gobiernos de carácter populista están viciados por un nacionalismo que es incompatible con la integración internacional, que supone siempre una resignación de soberanía. En sustitución hemos visto algo muy distinto, sobre todo en el caso del chavismo: el intento de exportar un modelo, que no tiene nada que ver con un proceso genuino de integración. Los mecanismos de integración siguen siendo instrumentos valiosos, siempre y cuando no supongan un aislamiento regional respecto del proceso global. Son instrumentos valiosos también para enfrentar desafíos complejos, como las relaciones con actores cuyas escalas son avasallantes, como puede ser China. Pero el debilitamiento de los procesos de integración impide pensar en este escenario, en el cual se negocian condiciones no desde un país sino desde un bloque.
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