A pesar de las generosas concesiones que les hicieron Bachelet y la Nueva Mayoría, el mundo frenteamplista no dejó nunca de denigrar a la exConcertación y su legado. Entre las muchas concesiones para contentarlos estuvo el poner todo el peso del programa de Bachelet II en lo que ellos exigían: gratuidad en educación superior y cambio del sistema binominal por uno proporcional de minorías.
Gracias a esa reforma electoral pudieron entrar al Congreso sin tener que ensuciar su moral en alianzas binominales con quienes encarnaban los malditos 30 años. Al fundador se la hicieron incluso más fácil unos años antes: se omitieron en la diputación por Santiago para que Giorgio Jackson entrara por un tubo al parlamento y, desde ahí, siguiera desacreditando a la centroizquierda.
Para las primarias de 2021 la volvieron a hacer. Idearon dejar fuera al PPD como estrategia para arrinconar al PS y, de paso, sacarlo también de la primaria para enfrentar solos a Daniel Jadue. En el PS dijeron que se sentían engañados y defraudados, que no aceptaban que se humillara al partido de Salvador Allende. Pero en los hechos, los volvieron a denigrar.
Más tarde, cuando Boric se impuso en la primera vuelta a la candidata de los partidos de le exConcertación, el frenteamplismo corrió llorosamente por la ayuda de la centroizquierda para enfrentar la segunda vuelta. Esta vez la excusa y la urgencia era parar a la derecha radical representada por Kast.
Rápidamente consiguieron el apoyo de los partidos concertacionista, incluso elocuentes fotos con Bachelet y Lagos. Sí, Lagos, al mismo que omitió el Presidente Boric en su primer discurso en el balcón de La Moneda. Una vez más los y las usaron. Esta vez para ganar la presidencia y en parte de pago recibieron algunos ministerios alejados del corazón político de La Moneda.
Luego, ya instalados en Palacio, y ante la falta de programa de gobierno, volvieron con la pillería creativa: había que abrazar el Apruebo y, hacer de la implantación de la nueva Constitución, el programa. Se jugaron con dientes y muelas por la tesis del director creativo de turno y perdieron estrepitosamente el plebiscito constitucional. A siete meses de iniciado, el gobierno quedó en las cuerdas y el Presidente en un laberinto.
Un laberinto del que nuevamente idearon salir usando a los partidos que habían humillado para ganar el gobierno. Se recetaron, porque era inevitable, un cambio de gabinete donde instalaron al Socialismo Democrático en el centro de La Moneda y como fusibles útiles frente a los problemas más angustiantes de la población: inseguridad, desorden migratorio y crecimiento económico.
El peso de la prueba giró hacia el PS y el PPD y mientras Tohá y Marcel ponían la cara, el Presidente indultaba, el Frente Amplio copaba el Estado y, como sabemos ahora, armaban ordinarios tinglados para meterle las manos a quienes habían dicho defender: los más pobres.
Ahora, frente a la crisis, el instinto de supervivencia ha llevado al Frente Amplio a buscar en Carlos Montes a un compañero con quien compartir culpas y responsabilidades por el mal manejo que han hecho de la crisis y la corruptela destapada.
¿Estará nuevamente la exConcertación dispuesta a humillarse compartiendo las culpas y arrastrando a lo que queda del Socialismo Democrático al fango? ¿A inmolarse e inmolar a uno de los políticos más respetados para volver a prestarles ropa a quienes sistemáticamente los han utilizado groseramente?
Lo del Frente Amplio con la exConcertación hasta ahora ha sido una mezcla de impugnación moralina y sadismo. Si la respuesta frente a esta nueva arremetida es poner una vez más lo que les va quedando de mejilla y entregar a Montes, sería la mejor evidencia de que se han acomodado a la condición de masoquistas.
Es cierto que el Socialismo Democrático tiene una responsabilidad política con este gobierno y no puede desembarcarse. Pero también es cierto que, si esta vez no toman completamente las riendas del gobierno, pagarán con mucha hambre el pan que hoy les da el Frente Amplio.
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