Sin lugar para débiles… la clave moral de la próxima presidencial. Por Jorge Ramírez

Cientista Político. Libertad y Desarrollo.
Crédito: Agencia Uno.

En Chile ya no hay épica, no hay un norte ni un sueño. La idea de llegar a ser un país desarrollado, tantas veces repetida por los políticos noventeros -quienes tenían a Portugal como norte- incluso ha desaparecido del discurso público. Preocupante.


Por más que el Presidente se esmere en maquillar o edulcorar la realidad del país ante un conjunto de empresarios, ésta es sombría, amarga. En seguridad, quizás la cifra más lamentable pero también más ilustrativa, es que diez carabineros han sido asesinados en lo que transcurre del periodo presidencial de Gabriel Boric.

En lo económico, el Fondo Monetario Internacional acaba de actualizar sus proyecciones de crecimiento, estableciendo que durante el cuatrienio de Boric nuestro país habrá crecido por debajo de como lo hace el mundo y el conjunto de países emergentes. En lo social, de acuerdo a la última encuesta CEP, un 53% de los encuestados declaraba que el país está “estancado” y un 34% que está en abierta “decadencia”.

Ante este triste cuadro, surgen tres opciones. Abstraerse, resignarse o actuar; con decisión.

No somos frágiles.

El pueblo chileno no es débil ni frágil, nunca lo ha sido. Si algo nos ha caracterizado desde la época de la conquista es la resiliencia, esa capacidad casi única para sobreponernos a los más grandes desafíos, adversidades e inclemencias. Aunque el revisionismo histórico -promovido por falsos historiadores devenidos en constituyentes- haya pretendido hacernos creer lo contrario.

La izquierda ha explotado y profitado de la idea de ciudadanía frágil. Ella ha tenido cabida especialmente en una juventud quejumbrosa en la que prima el victimismo y la socialización de responsabilidades en estructuras ajenas a su propia voluntad. Es lo woke, o esa idea de “despertar”, de abrir los ojos ante un mundo que -reduccionistamente- pasa a ser visto como un gran libreto de dominación de la raza, el patriarcado, lo cisgénero, el capital, etc.

A diferencia de la izquierda, que busca poner su creatividad, energía y talento en intentar revisitar problemas del pasado y deconstruir o reescribir la historia en clave de dominación, la derecha debiera poner el acento en construir un nuevo horizonte de expectativas y en hacer historia.

De paso, aquello contribuiría a aplacar los alarmantes niveles de ansiedad de una generación que se acostumbró a vivir eternamente preocupada de identificar los problemas país, pero no ocupada en intentar buscarles una solución. En simple, pasar de la protesta, a la propuesta. Algo que esta generación gobernante ha sido incapaz de realizar.

Por algo se han puesto tan de moda los denominados “espacios seguros”. Entendidos como aquellos lugares en que esta ciudadanía frágil se siente protegida ante cualquier temor, amenaza o juicio negativo en contra de ellos. Nada más parecido a la falsa sensación de seguridad. La vida no es así y los políticos debieran ser los primeros en sincerar aquello.

Ya lo dijo C.S. Lewis en una brillante conferencia en Oxford en 1939 “la vida humana ha sido siempre vivida al borde del precipicio. La cultura de los hombres tuvo siempre que existir a la sombra de algo infinitamente más importante que esto. Si el hombre hubiera pospuesto la búsqueda del conocimiento y la belleza hasta que ellos estuvieran seguros, la búsqueda, nunca habría empezado”.

Menos Marx, más Musk.

El intelectual británico Douglas Murray (alguien a quien la derecha debiera comenzar a leer con más frecuencia) culminó su más reciente conferencia en la Fundación Edmund Burke (alguien a quien la derecha también debiera releer) con una brillante metáfora entre la ética de Elon Musk y el ethos cultural de derecha.

Elon Musk quiere llevar al hombre a Marte. Cuando se le pregunta por qué, su respuesta es simple mas no por eso, menos profunda: “porque debemos tener una razón por la cual levantarnos en la mañana”. Si tu objetivo no es llegar a Marte como Musk, busca tu propio objetivo para levantarte temprano por la mañana y ayuda a otras personas a encontrar una razón por la cual ellos también se levanten.

Un viejo cuento, narra que había una vez un señor feudal que encontró a 3 obreros picando piedras en el camino a la ciudad de Colonia, en Alemania. Al consultarles el señor feudal qué hacían, el primero respondió “pico piedras”, el segundo dijo “hago esto para ganarme la vida”, mientras el tercero, con los ojos iluminados, consciente de que su trabajo era un grano de arena dentro de un propósito más amplio, dijo: “estoy construyendo la Catedral de Colonia”. Los tres aparentemente hacían lo mismo, pero hacían cosas muy distintas en el fondo.

En Chile ya no hay épica, no hay un norte ni un sueño. ¿Cuál es nuestra Catedral de Colonia? La idea de llegar a ser un país desarrollado, tantas veces repetida por los políticos noventeros -quienes tenían a Portugal como norte- incluso ha desaparecido del discurso público. Preocupante.

Por último, en su conferencia, Douglas Murray nos recuerda que Musk es también un referente al recordarnos, día a día, que el éxito es algo de lo cual debiéramos sentirnos orgullosos. La ganancia legítima no es usura bajo forma de plusvalía como sí lo es en el mundo de Marx.

Gran parte de los problemas actuales de nuestro país se encuentran en ese sentimiento de vergüenza y culpa patológica respecto de lo construido por nosotros mismos, que ha sido incubado por la nueva izquierda. Si no, pregúnteles a los políticos de la Concertación que renegaron de los últimos 30 años, probablemente, de las épocas más exitosas en términos de desarrollo económico, social y cultural de nuestra historia y que paradójicamente ellos mismos ayudaron a construir.

Velocidad v/s dirección.

Ante el apogeo de esta cultura del victimismo, la derecha tiene dos opciones. O limita su papel a una mera acción paliativa orientada a reducir la velocidad del deterioro, que irremediablemente igual nos llevará hacia el desfalco, aunque en un periodo de tiempo quizás más prolongado. O apuesta por cambiar la dirección, es decir, la tendencia. De eso se trata el liderazgo.

Ya pasó el tiempo de gobernar con poesía para empatizar con la fragilidad generacional como lo hace Gabriel Boric.

En el Chile de hoy, y así se verá en la próxima elección presidencial, ya no hay lugar para los débiles.

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