Sergio Ramírez, invitado al cambio de mando: “Boric ha leído mis libros y ha querido enviar un mensaje claro a la dictadura en Nicaragua”

Marcelo Soto

El escritor nicaragüense Sergio Ramírez, ganador del Premio Cervantes, participó de la revolución sandinista y fue vicepresidente de Daniel Ortega entre 1985 y 1990, pero después rompió con él y publicó un libro crítico del proceso, “Adiós muchachos”. El año pasado debió exiliarse en Madrid. Invitado por Boric al cambio de mando, se excusa y dice: “No he podido viajar como hubiera querido”.

-¿Cómo recibió la invitación del presidente electo Gabriel Boric, que en Chile fue interpretada como un gesto a la disidencia al régimen de Daniel Ortega? 

-Es un gesto personal y un gesto político. Él ha leído mis libros, y al mismo tiempo ha querido enviar un mensaje claro a la dictadura en Nicaragua, lo cual, desde la izquierda que él representa, demuestra que no está dispuesto a ninguna tolerancia con aquellos gobiernos que contradicen la democracia. Y eso reivindica la idea de izquierda que yo tengo. Una izquierda que respalda dictaduras y cierra los ojos frente a los atropellos a la libertad, no es más que una izquierda anquilosada en la guerra fría, o no es izquierda del todo.

-Se reedita en Chile su libro Adiós, muchachos, donde describe el proceso revolucionario, el triunfo y la decadencia. ¿Por qué cree que la revolución se corrompió?

-Porque la idea de poder total lo corrompe todo. Quien acapara poder necesita de todos los instrumentos: del militar, del policiaco, del económico. Y del pretexto de que un partido revolucionario sin medios económicos no puede competir con los partidos burgueses, se pasa a justificar el enriquecimiento personal de los líderes, que inventan otro pretexto, el de que necesitan seguridad; y eso los lleva a tener grandes mansiones amuralladas, Mercedes blindados, ejércitos de escoltas, y sus hijos no pueden ir a las escuelas públicas, también por seguridad; y como deben medir bien el tiempo que dedican a trabajar por el pueblo, necesitan relojes Rolex de oro y diamantes.

-¿Considera que Daniel Ortega es un dictador?

-Daniel Ortega y su esposa corrompieron al ejército para apoderarse de la fuerza militar, y también de la policía. Son dueños del sistema judicial y mandan sobre magistrados y jueces; ordenan a los magistrados del consejo de elecciones cómo deben contar los votos; la asamblea nacional es sólo una caja de resonancia de sus voluntades. Vigilan a los vecinos en los barrios, quitan los pasaportes a los desafectos, encarcelan a los candidatos presidenciales, obligan al exilio a quienes no piensan como ellos. ¿Hay otra manera de llamarlos que no sea dictadores?

-¿Cuándo se dio cuenta por primera vez que Ortega tenía aspiraciones totalitarias?

-Tengo más de veinte años de no ver Ortega ni hablar con él. De lejos he visto cómo se ha transformado en un personaje que la literatura latinoamericana repite, porque la historia lo repite.

-Ortega ha declarado su apoyo a Putin, tras la invasión rusa a Ucrania. ¿A qué se debe esta alianza con Moscú y cómo perjudica la posición internacional de Nicaragua?

-Para Putin, Ortega es un aliado extravagante y obsequioso, que está siempre listo a bendecir cualquier tropelía suya, desde reconocer diplomáticamente a los territorios que Putin segregó a la fuerza de Georgia, Osetia del Sur y Abjasia, y estaba dispuesto a hacerlo con los territorios del Dombass, pero imagino que ahora mejor reconocerá a cualquier gobierno títere que Putin le imponga a Ucrania si logra conquistarla. Nicaragua no es nada para Rusia, y Ortega sólo es alguien que se invita solo a la fiesta y no le importa comer en la cocina.

-Usted fue acusado de “incitar al odio” y debió exiliarse. ¿Hay una estrategia de Ortega de demoler todo atisbo de oposición?

-Yo fui indiciado a la fiscalía por escribir una novela. Hay un campesino de las montañas del norte de Nicaragua condenado a 13 años de prisión bajo la ley de ciberdelitos, por difundir informaciones que incitan al odio a través de Internet. Y este campesino no tiene acceso a las redes sociales. La estrategia es callar a la gente, y atemorizarla.

-¿Qué representa para la izquierda latinoamericana el triunfo de Gabriel Boric? 

-Hay que preguntarse si Ortega y Maduro son de izquierda. Su discurso populista tiene mucho de Mussolini, y hoy en Nicaragua lo que hay es una nueva especie híbrida de marxismo, el marxismo esotérico, que pone a Saib Baba (gurú indio) mal lado de Marx. También Maduro es adorador de Sai Baba. Y repito lo que dije al principio: la izquierda que niega la democracia y reprime, aquella cuyos lideres se declaran eternos en el poder, y para eso cometen fraudes electorales a la vez que se enriquecen, y enriquecen a los suyos, no es la izquierda en la que yo aprendí a creer en mis años juveniles, y por la que tantos dieron la vida en Nicaragua.

En Chile ha habido un cambio generacional decidido en las urnas electorales, pero muchas veces eso por sí mismo no es suficiente, cuando se trata de jóvenes que llegan al poder, pero se comportan como políticos viejos, con las mismas mañas y artimañas. Boric representa para mí un cambio muy profundo, el de una izquierda que tiene por norte la democracia y no transa cuando se trata de la libertad.

Y eso, en el panorama que vivimos, devuelve la esperanza en una izquierda renovadora y auténtica, frente a una cierta izquierda que en América Latina vive en el pasado, tiene a Maduro y a Ortega como modelos, y justifica la agresión contra Ucrania con argumentos malignos como ese de que Rusia lucha por un espacio vital, no importa cuantos misiles de racimo exploten sobre la cabeza de civiles indefensos que huyen del horror de las bombas de vacío.

-Por último, ¿cómo se encuentra hoy? ¿Se quedará en Madrid? ¿Está escribiendo?

-Ya tengo en Madrid “mi cuarto propio”, y he empezado de nuevo mi rutina de escribir todas las mañanas. Si no fuera escritor, el exilio sería para mí insoportable. En octubre publica Alfaguara mi libro de cuentos Ese día cayó en domingo. El infortunio tiene también su lado amable.

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