De las consecuencias del plebiscito del 04 de septiembre, la que ha causado mayor impacto, es la crisis al interior del oficialismo, en esta hemos ocupado bastante tiempo debatiendo. No debemos extrañar esto tampoco, las dos coaliciones y el Gobierno se la jugaron a fondo por el Apruebo, teniendo un resultado que seguro ni el más pesimista logró calcular.
Sin embargo, al contrario de lo que nos diría el sentido común -el cual nos diría que la victoria es el mejor incentivo para aglutinar- esto no ocurrió en la derecha y menos aún en el PDC. Lo que fue su victoria, desnudó de manera mayúscula sus divisiones internas.
La estrategia diseñada por la derecha, que consistió entre otras cosas en no mostrar a su dirigencia política fue efectiva. La llevaron a tal punto que, el expresidente Piñera durante semanas ni siquiera tuiteó, y aún más allá, el diputado Alessandri le dijo a José Antonio Kast que “en este momento debiera restarse”. Sacaron a sus principales líderes de la primera línea, entendiendo que hacer lo contrario generaría desincentivos de optar por el Rechazo.
Mientras tanto, en el PDC -más allá del quiebre interno durante la campaña- los senadores Rincón y Walker fueron audaces presentando la reforma constitucional para bajar el quórum a 4/7, el cual tenía como objetivo bajar el costo para un elector de optar por el Rechazo. Es un hecho que estas estrategias lograron sus objetivos, porque aunque desconozcamos cuánto pesaron esas variables a la hora de votar en el plebiscito, lo concreto es que el Rechazó ganó ampliamente. Así estos grupos pudieron estar satisfechos, aunque poco tiempo les duró.
A los pocos días, comenzamos a observar importantes diferencias no sólo a nivel de la derecha sino también en Chile Vamos. El Partido Republicano decidió restarse de la mesa de forma definitiva, e incluso senadores RN se unieron al grupo que creó una mesa de trabajo paralela, argumentando que la instancia oficial no era integradora de las diferentes visiones.
Por el lado democratacristiano, si bien la división interna es un hecho esto sólo se profundizó. Vemos a sus senadores negociando de manera separada y paralela con posiciones abiertamente distintas; el senador Huenchumilla integró el sector oficialista mientras que los senadores Walker y Rincón encabezaron la inauguración de la mesa paralela. Todo esto ha traído como principal consecuencia la ralentización del diálogo, que hoy a juicio de algunos se encuentra en “punto muerto”.
No podemos desconocer el hecho que hoy tenemos una sociedad desgastada en lo que respecta al proceso constitucional. De todas formas, tampoco podemos desconocer que en octubre del 2020 el 78,2% optó por cambiar la Constitución, y fue la salida institucional a la crisis de 2019. La situación actual nos pone a reflexionar que tal vez el acuerdo de noviembre de ese año, más tuvo que ver con buscar una solución a la violencia en la calle, que el real convencimiento de otorgar la posibilidad a la ciudadanía de cambiar las reglas que nos rigen.
La necesidad de un acuerdo es concreta, hoy está en juego si la política con sus políticos ponen delante el interés superior que una visión de ganancia a corto plazo. Ese derrotero, dará un nuevo aliento para los otros acuerdos que el país necesita, como un nuevo pacto tributario y la situación previsional.
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