-¿Cuán peleada será esta campaña, en la que hasta ahora prevalece el En Contra, según las encuestas?
-Hay una tendencia muy favorable al “En contra”. Pero al revés de lo que ocurrió en el plebiscito pasado, el voto es de baja intensidad y por lo tanto es perfectamente modificable. La franja va a ser determinante. Auguro un resultado bastante más estrecho del esperado.
-¿Por qué lo crees?
-Estamos a siete semanas. Los argumentos de la campaña del apruebo apuntan a cosas concretas. En cambio los del “En contra” apuntan a conceptos más abstractos, por eso se les va a hacer cuesta arriba construir un relato. Vislumbro un acortamiento de la distancia entre ambos.
-¿Es posible que se cambie la tendencia?
-Es difícil, pero posible.
-¿El “En contra”, por otra parte, tiene el desafío de dotar de contenido a su opción?
-Será muy complejo ponerle contenido al “En contra”. Si sigue en la línea de Jaime Quintana (quien dijo que si gana el “A favor” habría otro estallido social) se van a estrellar contra el muro. Las campañas del terror nunca funcionan. El concepto más relevante es que no se va a cerrar el capítulo. Se apruebe o se rechace, ya fracasó el intento de cerrar el capítulo de incertidumbre constitucional. Fracasó porque no hubo consenso.
-¿Crees que habría un tercer esfuerzo?
-Va a quedar en evidencia que la idea de una nueva Constitución fue un sucedáneo; como tirar la pelota al córner. Fue dar la ilusión de que todos los problemas iban a poder ser resueltos en una Constitución, lo que era falso. Se han gastado cuatro años en esto y surge una paradoja: a medida que se acerca la elección, en lugar de aumentar el interés en la votación, ha disminuido.
-¿El factor de cansancio con el tema constitucional puede favorecer una repuntada del “A favor”?
-No, fíjate. Yo creo que es un mal argumento. Lo usó el presidente Boric en el plebiscito pasado diciendo que si se rechaza, va a haber un proceso largo. Pero no funcionó y tampoco creo que funcione esta vez. La campaña del apruebo ha de estar concentrada en los avances concretos que para algunos representa este texto.
-¿Personalmente has tomado una decisión o todavía no?
-Mi decisión es que el plebiscito es casi indiferente. A mi juicio, el tema no se resolvió y por lo tanto me es relativamente indiferente si se rechaza o se aprueba. Porque la discusión sobre las reglas del juego comunes y la gobernabilidad va a seguir vigente. No fue resuelto en este proceso.
-¿Piensas votar nulo?
-Mi primera tendencia es a no optar porque porque da casi lo mismo quien gana.
-¿Qué liderazgo podría verse reforzado si se rechaza?
-Creo que Teresa Marinovic, por ejemplo, va a salir de esta coyuntura como una opción para el electorado de derecha. Y puede ser una dificultad posterior para Kast.
Para el gobierno será muy complejo, porque el oficialismo no puede ganar aquí. Si gana el “A favor”, pierde. Y si gana el “En contra” también pierde.
-¿La Moneda no va a tener motivos para celebrar en ningún caso?
-Cómo va a celebrar el gobierno la mantención de la Constitución del 80. Una nueva Constitución y la reforma previsional eran las dos cartas fundamentales que tenía el Gobierno para quedar en la historia. No solo pasará sin pena ni gloria, sino que no hizo algo significativo en la Constitución y probablemente en la previsión. Si se le cae la Constitución, no puede celebrar.
-En las últimas encuestas, ¿observas una pequeña alza del “A favor”?
-Nos encaminamos hacia una elección competitiva como la que yo auguro. Pero es más imprevisible que nunca, porque como es de baja intensidad, la gente puede pasar del “En contra” al “A favor” con mucha facilidad, sin trauma alguno, o al revés. Lo que prima, creo yo, es la desconfianza.
-¿El voto es más voluble que en el anterior proceso?
-Sí, esta elección es particularmente inestable. Además, ha tomado un carácter de definición política, en el sentido de que la derecha se ha puesto en juego y eso es por responsabilidad de Kast. La derecha de alguna manera ha convertido el plebiscito en un plebiscito a su propio liderazgo y programa.
El gran desafío del “A favor” es disipar la idea de que el texto es un retroceso. Y lo segundo, que es una Constitución para estos tiempos y para el pensamiento de la mayoría. Y el “En contra” va a tratar de convertirlo en un plebiscito a Kast, sin duda.
-¿Es probable que se presidencialice el voto? ¿De qué modo?
-Evelyn Matthei va a tratar de pasar relativamente piola. Por ella no habría habido esta elección. En cambio a Kast le interesaba mucho esta elección para hacerse hegemónico en la derecha. Y por otro lado, para reforzar como su rival a la izquierda; porque él le teme mucho al escenario presidencial donde enfrenta en segunda vuelta a Matthei y sabe que está perdido. El único escenario donde tiene alguna opción presidencial es enfrentando en segunda vuelta al oficialismo y ojalá a una candidata comunista.
-¿Por qué Matthei puede ser una amenaza para Kast?
-Evelyn sintoniza mejor con el sentimiento mayoritario. Si miras las encuestas, en el electorado que se define de derecha ella saca 26 y Kast 45. En cambio, en el electorado sin posición política, que es la mitad del electorado, ella arrasa. Su fuerza está en su transversalidad, en el electorado menos politizado.
-¿Cuál debe ser el rol del presidente Boric?
-Nadie va a dudar que el Gobierno tendrá la misma posición que sus partidos. Sería muy torpe que Boric cayera en la tentación de tener protagonismo. Sería una torpeza garrafal. Lo que quiere la derecha es convertir el plebiscito en un plebiscito al gobierno.
En en el fondo, la derecha va a intentar convertir la votación en un plebiscito al Gobierno y el oficialismo va a intentar convertirlo en un plebiscito a Kast. Es bastante más factible lo segundo que lo primero, porque Kast es el portador de la propuesta.
-Queda poco tiempo, ¿habrá espacio para que se muevan las preferencias?
-Las cuatro últimas semanas van a ser determinantes, porque el voto está lábil, voluble, frágil. Si hay mucha asimetría en la calidad de la franja de uno respecto a la del otro, puede ser clave. Si hay mucha asimetría en el pluralismo, también. Desde ese punto de vista, la decisión de Amarillos y Demócratas, por supuesto, favorece la posibilidad de aprobar.
Por la baja intensidad, el gran desinterés, el resultado del plebiscito va a tener menos impacto futuro del que yo imaginaba hace unos meses atrás. Va a ser una elección que va a pasar un poquito sin pena ni gloria. Esa es mi conclusión. Y al mes vamos a estar en “otra cosa, mariposa”.
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