El siglo XX, siglo de los totalitarismos y las peores masacres de la historia humana, dejó rondando dos fantasmas que de tiempo en tiempo vienen a sembrar el pavor: el comunista y el fascista. La campaña electoral que ya llega a su fin, no ha estado ajena a los empeños por atraer a estos fantasmas y endosárselos a los rivales.
El fantasma fascista se agita invocando el pasado familiar de Kast, en que un joven de 18 años en la Alemania nazi, se afilió al partido único, vía exclusiva por lo demás para vivir en tal régimen. ¿Se heredan las convicciones, los fanatismos o los errores en contextos diametralmente diferentes? Claramente José Antonio Kast es un conservador de derecha, o un derechista ultraconservador si se prefiere, pero de ahí a ser un fascista hay mucho camino por recorrer.
La agitación del fantasma comunista, por otro lado, ya forma parte de una tradición de las campañas de la derecha en Chile. Las sufrió Aylwin, Lagos, Bachelet y ahora Gabriel Boric. Recurso manido en el discurso electoral de la derecha chilena, a pesar del fin de la guerra fría y la desaparición de la URSS, sigue siendo un relato dominante de las campañas, una suerte de reflejo condicionado cuando el pueblo está llamado a las urnas.
Pero la verdad es que ni Gabriel Boric es comunista ni José Antonio Kast un fascista. Kast es un político conservador pragmático. Lo ha demostrado ampliando sus apoyos hacia la derecha liberal y reescribiendo su programa de gobierno. Boric lo mismo, recibiendo el sustento de la centroizquierda y aterrizando su programa a la realidad.
El anticomunismo es una verdadera ideología, emanada del mundo conservador como reacción a la revolución rusa de 1917. Ha provocado guerras civiles en Europa y sangrientas dictaduras en nuestra región, dictaduras que han convertido, al menos en el caso chileno, a los comunistas en víctimas propiciatorias ante el altar de la “civilización cristiana y occidental”, conculcando completamente sus derechos humanos, intentando expulsarlos de la comunidad humana.
Del fascismo no puedo decir nada bueno, pero si advertir que el discurso anticomunista no se detiene a considerar la historia de más de un siglo y las prácticas políticas que han sido dominantes en el partido comunista chileno, prácticas de lucha sindical, de enraizamiento en el mundo de la cultura, de presencia parlamentaria, de resistencia a la dictadura y de gestión política responsable cuando han sido parte de una coalición gobernante. Es decir, por donde se le mire ha sido y es un partido reformista que ha jugado en las reglas del sistema cuando ha habido democracia.
La agitación del anticomunismo y del antifascismo son asociaciones abusivas de un pasado siniestro con el presente, ellas sólo contribuyen a extremar y volver intolerantes las adhesiones a ambos candidatos. No hay en Boric ni en Kast una ideología que promueva un supremacismo racial o de clase. Lo que hay son diferencias profundas en los planos valóricos, sociales, económicos y culturales, propios de una sociedad democrática en que su futuro lo decidirá el pueblo en las urnas.
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