Cuando el Presidente electo daba a conocer su gabinete, el nombramiento de Mario Marcel Cullel en Hacienda sorprendió a muchos.
Por un lado, hubo cuestionamientos del verdadero nivel de influencia que podría tener una figura como él en una Administración que venía con un discurso transformador, y con figuras que habían sido críticas de las gestiones anteriores en las que fue protagonista. Mientras que por otro lado, no era un misterio que una persona como él daba una garantía en distintos aspectos a la gestión que comenzaba.
No sólo era una de las personas que inventaron la regla fiscal, sino que en distintos gobiernos de centroizquierda tuvo un rol en las políticas públicas diseñadas por décadas.
Probablemente Marcel retrata desde la médula los 20 años de gobiernos concertacionistas, lo que daba alguna base para pensar en que tendría escaso espacio, sobre todo cuando se instalaba en un gobierno con una agenda transformadora importante, y cuando parte del éxito de la coalición de origen -Apruebo Dignidad- tuvo un discurso crítico a los denominados 30 años.
Sin embargo en la práctica ha ocurrido lo contrario. El ministro, en no pocas oportunidades, logró salir airoso cuando algún ocurrente dirigente oficialista iba en contrasentido de sus planteamientos. Sólo recordemos la última semana con el episodio del denominado royalty a la industria forestal y la lápida a aquella idea por su parte.
Pocas veces desde el retorno a la democracia hemos tenido una autoridad tan empoderada, pero más escaso ha sido que ocurra al mismo tiempo que un buen desempeño en su rol; estuvimos mal acostumbrados a autoridades con niveles de influencia importantes pero sin destreza.
El ministro ha logrado transformar lo que pudo ser una debilidad en la gestión Boric, en una fortaleza. Y no lo digo yo, sino que diferentes medios se refieren a Chile nuevamente como un lugar para invertir. Pueden dar diferentes variables que expliquen esto, no obstante el gobierno y el trabajo económico encabezado por Marcel, será la variable más importante.
Volvió recargado, con una agenda comunicacional, audiencias, y planteamientos que confirman lo expuesto en estas líneas. Intentar menoscabar su rol, sobre todo cuando se trata de fuego amigo, sólo debilita al gobierno en general.
Marcel es de los escasos miembros del gabinete que tiene una brillantez propia, incluso sin necesitar de la imagen presidencial para hacerlo. El vilipendiar lo realizado por él menoscaba la imagen de una gestión ya debilitada. En tiempos donde campea el populismo, es mejor cuidar a quien maneja las finanzas públicas.
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