Luis Eugenio García-Huidobro (CEP): “Celebro que se rechacen normas como las del rodeo y la cueca, ya que son ajenas a toda Constitución”

Marcelo Soto

Investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP) y profesor de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile, García-Huidobro analiza la votación del viernes en el pleno del Consejo Constitucional. “El fracaso del proceso pasado no supone que estemos condenados a repetirlo”, sostiene.


-Hubo un desmarque de consejeros de Chile Vamos al abstenerse en una materia fundamental para Republicanos, reflejada en la frase “todo ser humano es persona”. ¿Es un camino para ampliar los apoyos y buscar consensos?

-Dicha votación evidencia una apertura en algunos consejeros de centro derecha a buscar consensos en materias sensibles. Es un gesto que debe celebrarse, porque supone avanzar en una de las principales carencias del trabajo del Consejo: la falta de acuerdos transversales. Y es un gesto que también se agradece, por darse en un contexto en el que muchos ya comienzan a verse tentados de abrazar públicamente la opción del rechazo.

Dicho eso, este tipo de gestos deben volverse una constante para lograr encauzar el proceso. No debemos olvidar que quienes se encontraban en una posición similar en el proceso pasado, como los convencionales socialistas, también rechazaron algunas propuestas que a las minorías opositoras les parecían extremas. Pero esas votaciones, si bien fueron valoradas, resultaron insuficientes para salvar ese proceso.

¿Qué implicancias puede tener esta votación?

-En lo procedimental, significa que tal frase solo puede ser reincorporada al debate en esta etapa por el acuerdo unánime de los consejeros, algo que es improbable que ocurra. En lo político, no creo que esto tenga mayores implicancias para las relaciones de los consejeros de Chile Vamos y el Partido Republicano.

Aunque esta votación pueda suponer un cierto incumplimiento de algunos consejeros de Chile Vamos a lo acordado en las comisiones, el futuro del Partido Republicano como alternativa de gobernabilidad probablemente dependa del éxito de este proceso constituyente. Y para ello necesariamente requieren de los votos de los consejeros de centro derecha.

El Presidente Gabriel Boric el miércoles de la semana pasada manifestó que las enmiendas aprobadas se alejan de la posibilidad de tener una Constitución que sea una casa común para la mayoría de los chilenos. ¿Es un intervencionismo de La Moneda?

-No lo calificaría como intervencionismo. El Presidente simplemente hizo referencia a una realidad compartida por muchos sobre lo que fue el trabajo dentro de las cuatro comisiones del Consejo Constitucional.

Es cierto que parte importante del anteproyecto de la Comisión Experta fue ratificado por los consejeros, pero los cambios introducidos dentro de las comisiones abarcan muchos temas sensibles. Recién mencionabas una norma que podría haberse traducido en limitaciones a la legislación vigente sobre aborto. Como esa norma, hay muchas otras que pueden producir un efecto polarizador, como la eliminación de los deberes del Estado ante los efectos del cambio climático  o las restricciones introducidas a la aplicación del derecho internacional de los derechos humanos.

Pero, más allá del ejemplo puntual del Presidente Boric, es importante no olvidar algo básico sobre los procesos constituyentes que se desarrollan en contextos democráticos. El éxito del proceso depende no solo de que los constituyentes logren ganar el apoyo ciudadano, sino también de que puedan acomodar las demandas de otros actores institucionales con interés en la redacción constitucional, entre los cuales el Presidente de la República es ciertamente uno de los más relevantes.

-Pero en el pasado proceso se críticó la posición activa del Gobierno.

-Una de las lecciones que nos dejó la fracasada Convención Constitucional es que si constituyentes ofrecen amenazas o riesgos a estos actores, solo pueden esperar escenarios de resistencia institucional, como bien ilustra la posición del Senado en el proceso constitucional pasado. Me parece que las palabras del Presidente deben ser interpretadas desde esa perspectiva, como también las críticas del Contralor Bermúdez a las enmiendas de los consejeros o la solicitud del fiscal Valencia de mejorar ciertos aspectos del anteproyecto de la Comisión Experta.

El pleno rechazó la inclusión del rodeo y la cueca en la propuesta de nueva Constitución, con abstenciones de consejeros de Chile Vamos y del Partido Republicano. ¿De qué manera pueden afectar las normas identitarias al éxito de la propuesta?

-Por mucho que uno valore estas tradiciones nacionales, incluirlos en el capítulo primero evidencia una desprolijidad de los consejeros en términos de diseño constitucional. Tomando la estructura que la propuesta constitucional busca seguir, este capítulo debe estar reservado solo a unos cuantos principios y conceptos centrales sobre los cuales se construye todo el orden constitucional, en el que difícilmente caben estas dos menciones.

Cualquiera sea las razones utilizadas para defenderlas, estas dos menciones bien pueden caracterizarse como identitarias desde la sociología constitucional. Uno puede abrazar la cueca y el rodeo como parte de la cultura nacional, pero su inclusión como conceptos constitucionales busca construir un arquetipo de lo chileno bajo categorías que excluyen otras prácticas culturales. Esto es especialmente evidente si se relaciona con otras normas propuestas por los consejeros para construir este arquetipo constitucional. Por ejemplo, al reconocer un derecho a la cultura, se establece un deber del Estado de respetar manifestaciones culturales solo si ellas no son contrarias a la tradición chilena.

Por eso debemos celebrar que se rechacen este tipo de normas, ya que son ajenas a toda Constitución que pretenda servir como un marco democrático de convivencia de sociedades  pluralistas y complejas como la nuestra.

-¿Cómo valoras el primer día de votaciones en el pleno? ¿Es posible aventurar nuevas discrepancias entre Chile Vamos y Republicanos?

-Más allá de las anécdotas y episodios particulares que marcaron este primer día de votaciones, esta etapa en el pleno está recién comenzando y todavía existen muchas oportunidades para alcanzar una propuesta constitucional de consenso. Y en ello los consejeros de Chile Vamos deben comprender las implicancias políticas de lo que está en juego, no solo para el país sino también para el futuro de la coalición.

Si ellos se contentan con el rol que han tenido hasta ahora en el Consejo y que contrasta con la responsabilidad institucional que la coalición ha mostrado durante gran parte del proceso, el plebiscito de diciembre puede transformarse en un referéndum sobre ideas que se identifican con la derecha, como lo fue el plebiscito de septiembre del año pasado para la izquierda. Desde la libertad que supone no intervenir directamente en el proceso, me parece que tal estrategia sería sumamente riesgosa por la derrota cultural que puede suponerle a la coalición un triunfo del rechazo.

-El oficialismo ha dicho que Republicanos se ha aprovechado de su mayoría. El presidente de Comunes, Marco Velarde, dijo que ve con muy mal ojo el devenir del proceso. ¿La izquierda olvida los errores que cometió en la anterior Convención?

-El fracaso del proceso pasado no supone que estemos condenados a repetirlo, aunque los protagonistas sean otros. Es indiscutible que el Partido Republicano tiene una mayoría en el Consejo, pero también debemos recordar que la política que involucra un proceso constituyente no puede estructurarse bajo las mismas lógicas de la política común u ordinaria.

En los procesos electorales de la política ordinaria se busca entregar un mandato ciudadano a una mayoría para discutir e implementar una agenda de políticas públicas bajo reglas constitucionales predefinidas, en las que existen mecanismos para proteger a las minorías electorales. En contraste, la política constitucional supone precisamente discutir las reglas y mecanismos que condicionarán toda la política ordinaria.

-¿Qué peligro conlleva?

-El principal riesgo que se enfrenta en la política constitucional es el del faccionalismo. La reglas constitucionales condicionan la futura competencia política, por lo que existe un fuerte incentivo para que una facción mayoritaria aproveche su situación dominante para favorecer sus posiciones aún si ellas van en detrimento del pluralismo democrático. De ahí que el faccionalismo sea criticable en todo proceso constitucional, no solo cuando ellos se manifiestan en ideas contrarias a las propias.

-El corazón es el sistema político. ¿Tienes confianza en que el nuevo texto entregue soluciones en esta materia?

-La Comisión Experta y el Consejo Constitucional comparten el diagnostico que nuestro sistema político es disfuncional, y para ambos las causas de su mal funcionamiento se encuentran en el sistema electoral y en la regulación de los partidos políticos antes que en las relaciones entre el Ejecutivo y el Congreso. Basados en este diagnóstico, las propuestas de unos y otros buscan empoderar aún más al Presidente, algo que resulta cuestionable. Hace dos años parecía existir un consenso transversal sobre la necesidad de despersonalizar y atenuar nuestro régimen presidencial. ¿Cómo se explica entonces que ahora se quiera fortalecerlo aún más?

Hay que reconocer que algunas de las enmiendas de los consejeros aciertan en corregir algunos aspectos del anteproyecto de la Comisión Experta, como volver a posicionar la elección parlamentaria en la primera vuelta presidencial o eliminar un engorroso procedimiento de reemplazo constitucional. Pero en lo medular, ambas propuestas son similares.

-¿Y en materia de partidos políticos?

-Esa es, tal vez, la principal carencia de nuestro sistema político. Y aun cuando la propuesta enfatiza el rol que ellos cumplen en el funcionamiento de nuestra democracia, avanza poco en contribuir a que ellos tengan incentivos a desarrollar una dimensión programática o, al menos, a diferenciarse unos de otros en términos de idearios. Esta es sin duda una oportunidad perdida, sobre todo considerando la existencia de enmiendas que contribuirán a profundizar la cartelización de los partidos, como la posibilidad de acordar pactos electorales, la facilidad para constituir nuevos partidos o las excepciones que se establecen al umbral electoral exigido para que un partido obtenga representación parlamentaria.

¿La nueva propuesta debería centrarse en quienes votaron Rechazo en el anterior plebiscito?

Una aproximación como la que mencionas supone no entender la volatilidad del electorado chileno. Pero incluso si obviamos esta consideración, adoptar una estrategia que busque construir mayorías electorales sobre la base de excluir a ciertos sectores puede contribuir a exacerbar la polarización de las elites políticas, que es precisamente una de las razones que han impedido solucionar nuestro problema constitucional desde hace décadas.

No debemos perder de vista que nuestro principal problema constitucional no es tanto uno de diseño, en el sentido que la Constitución diga esto o lo otro. Se trata más bien de un problema de posicionar la Constitución como un espacio de disputa política entre las elites, lo que en el caso de la Constitución vigente se explica para muchos en su origen.

Puede que a muchos esta estrategia adversarial los seduzca como la única alternativa posible de corto plazo. Pero incluso si rinde frutos en el plebiscito de diciembre, probablemente solo contribuirá a perpetuar nuestro problema constitucional a futuro.

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