Un presidencialismo de capa caída. En la literatura especializada se ha argumentado largamente que Chile es una democracia híper presidencialista. Se ha dicho que, por las facultades que la Constitución le entrega, el presidente puede prácticamente hacer y deshacer a gusto. A principios de los 90′ incluso se hablaba de la agencia de correos en Valparaíso, considerando que el legislativo hacía poco más que estampar los mensajes que llegaban de La Moneda.
Híper presidencialismo en el papel. Sebastián Piñera debutó en 2018 solo días después de haber ganado la elección presidencial con 55% de los votos, y haberse asegurado 44% de los senadores y 40% de los diputados. En el papel, era lo suficiente para bloquear cualquier embate de la oposición y avanzar lenta pero seguramente en su programa. En la práctica, todo eso dio lo mismo. Los legisladores de Chile Vamos lo abandonaron apenas comenzaron los problemas.
Formación de coaliciones. Una primera capa de análisis tiene que ver con la forma general del sistema de partidos que podría resultar de la elección legislativa. Parece haber bastante consenso que lo que ocurrió en 2017 se terminará de fraguar en 2021. En un orden evocativo al sistema de partidos pre-1973, parece estarse congelando un sistema tripartito, conformado por una izquierda, una centroizquierda y una derecha.
Fragmentación interna. Una segunda pregunta es cómo las tres grandes fuerzas se podrían componer internamente. Es importante por varias razones, partiendo por el hecho de que los partidos dominantes, serán bastiones en el Congreso. En buena medida, de ellos dependerá la gobernabilidad. Si pactan, y luego se bajan por temas coyunturales, como ocurrió en la actual administración, inevitablemente introducirán inestabilidad.
Estabilidad y gobernabilidad. No hay bola de cristal que pueda anticipar los resultados de las elecciones que vienen. El sistema de partidos está cuajando, y las encuestas son contradictorias e irregulares. Lo cierto es que la elección legislativa será crucial para enmarcar lo que ocurrirá en el próximo gobierno. Y no solo por el rol que esos ganadores puedan cumplir a partir de marzo de 2022, sino que también por lo que puedan hacer en lo inmediato.
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