Junio 14, 2021

Opinión: La nueva era de turbulencia política que viene tras las elecciones. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante
Agencia Uno.

Después del ciclo electoral de mayo y junio, todo apunta a que polarización política aumentará a pesar de que los chilenos no están polarizados. Argumentos binarios a cuatro bandas aumentarán, reduciendo la política a un juego de blancos y negros. Un escenario preocupante, sobre todo considerando que no solo está probado atenta contra la democracia, sino que es precisamente el diseño que llevó a la crisis social de octubre.

Una nueva era. Después de las mega elecciones de mayo y junio queda claro que el sistema político del país ha cambiado. Lo que comenzó en la elección de 2017, se acaba de consolidar. Los dos grandes bloques que dominaron al país por 30 años ya no están solos. Hay al menos dos nuevos grandes sectores que se asoman con posibilidades reales de ganar elecciones y ejercer poder.

  • A la ex Concertación y Chile Vamos se suma el nuevo bloque político de izquierda del Partido Comunista y el Frente Amplio, y un nuevo sector que, aun tomando forma, busca representar a todos los independientes que rechazan la política tradicional. Y a pesar de que este último sector no cuenta hoy con un vehículo formal para competir, representa una amenaza impredecible para los demás competidores.
  • Una competencia a tres o cuatro bandos es lo que marcará la carrera presidencial que comienza hoy. Y a pesar de que pueda haber mayor afinidad entre algunos sectores específicos, lo cierto es que toda la evidencia apunta a que la coordinación será más difícil que nunca. Todos tienen buenas razones para no pactar, para avanzar por caminos propios y a medirse la suerte directamente en las urnas.

Cuentas alegres, caminos separados.  A la luz de los resultados de las elecciones, de alguna forma, todos podrán declarar algún tipo de victoria que sirva para alimentar la idea de que es mejor estar solo que mal acompañado. Con tantas elecciones de que escoger, cada sector podrá usar el resultado que más le sirva para articularse, levantar banderas propias, y pedirle el voto a la gente.

  • El ejemplo más evidente es la derrota con sabor a victoria de Unidad Constituyente, que, a pesar de haber sufrido una paliza histórica en la elección de constituyentes, logró ganar de forma lapidaria la elección de gobernadores. Evidentemente será lo segundo lo que le sirva como arenga para seguir adelante sin pactar, sobre todo a la luz de la virulenta campaña del PC y el Frente Amplio en su contra.
  • Por su parte, ni la izquierda—del PC y el FA—ni Chile Vamos tendrán incentivos para pactar. Mientras que los primeros ya han dejado meridianamente claro que su objetivo no es solo ganar la madre de todas las batallas, sino que propiamente jubilar a las fuerzas que han administrado al país por treinta años, la derecha simplemente no tiene socios, ni quiere tener, socios en el sistema partidario.

 

El tercio oculto. La duda más grande es sobre el cuarto sector, los independientes y los antisistema. Pues, a pesar de haber mostrado los dientes en la elección de constituyentes, logrando un impresionante 44% de los votos, aun no existe claridad sobre su capacidad ni de institucionalizarse (formalizarse como partido político), ni de movilizar a sus votantes en elecciones menos emblemáticas que la de constituyentes.

  • Será la izquierda el sector político que busque encausar, sino apoderarse, de la fuerza de ese electorado independiente. Y si bien todo apunta a que hay afinidad entre esa izquierda y los movimientos ciudadanos que ganaron en la elección de constituyentes, hay buenas razones para pensar que también podrían ser rechazados. Lo quieran o no, tanto el PC como el FA son parte del sistema, y por ende, “parte del problema”.
  • Quizás la incertidumbre más relevante en torno a los independientes (los votantes, no quienes dicen ser sus legítimos líderes), es su orientación ideológica (si es que la tienen) y su voluntad de votar a favor de candidatos que no necesariamente son de izquierda. Es el caso de Franco Parisi y Gino Lorenzini, que por estos días están ad portas de inscribir su nueva apuesta, el Partido de la Gente.

 

Punto de no retorno. Las fuertes criticas entre los distintos sectores en la campaña electoral son un augurio de lo que vendrá en la campaña presidencial. Muy probablemente, con tanto en juego, con 27 senadores y 155 diputados además de la presidencia, los diques se profundizarán, y la defensa corporativa, a nivel político, ideológico e identitario se consolidará. En pocas palabras, la fragmentación se instalará a costa del diálogo.

  • Unidad Constituyente no tiene incentivos para negociar con el PC y el FA, que los trató prácticamente de traidores del pueblo y culpables de todos los males de la sociedad chilena. A su vez, por su fuerte organización jerárquica y las consecuencias de aquello, es difícil ver que la izquierda pueda llamar a votar en bloque por el candidato presidencial de la ex Concertación si este pasa a una segunda vuelta, incluso si es el “mal menor”.
  • La polarización política aumentará a pesar de que los chilenos no están polarizados. Argumentos binarios a cuatro bandas aumentarán, reduciendo la política a un juego de blancos y negros. Un escenario preocupante, sobre todo considerando que no solo está probado que aquello atenta directamente contra la democracia, sino que también es precisamente el diseño que llevó a la crisis social de octubre.

 

Tiempos turbulentos. A juzgar por la fragmentación, la polarización, la virulencia del debate político y la magnitud de lo que está en juego en la elección presidencial y legislativa de noviembre, y con la Convención Constitucional sesionando en paralelo, pareciera ser claro que vienen tiempos turbulentos para el país. Son pocos los que buscarán poner la pelota en el piso si cada vez que lo han hecho en el pasado lo único que les ha llegado de vuelta es un insulto.

  • Por su puesto que puede ser que prime la paz cívica y el diálogo. Puede ser que todos los sectores opten por pactar con quienes menos amenacen su sobrevivencia. Pero aun en ese escenario optimista, lo que se inauguraría sería un sistema del mal menor, donde los principales beneficiados son quienes proponen soluciones sub-óptimas. Es decir, un sistema limitado por lo artificialmente posible.
  • La esperanza es que, dentro de tanto caos político, sean los sectores capaces de articular propuestas de programas de largo plazo, y no argumentos políticos con fines de corto plazo, los que se logren imponer en las elecciones. La esperanza es también que los chilenos puedan verlo y estén dispuestos a votar por quienes están más interesados en generar bienestar que por quienes solo les importa llegar al poder.

 

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