“Dilatar la vida de un hombre es dilatar su agonía y multiplicar el número de sus muertes” decía Jorge Luis Borges en su cuento El Inmortal. La enseñanza del cuento es que la obsesión por prolongar la vida puede ser un gran sinsentido, una suerte de laberinto sin salida, al punto de que, retomar conciencia de nuestra mortalidad deviene en alivio. En política nadie es inmortal, tampoco Giorgio Jackson. Hoy, una amplia mayoría de chilenos sienten alivio, Jackson ha dejado de ser ministro.
La agonía del ahora ex Ministro de Desarrollo Social se había prolongado en exceso porque el Presidente es consciente de que la muerte política de Jackson, es también la muerte política de una parte de él. Es algo que va mucho más allá de la amistad, se trata del proyecto. Sin Jackson, no habría Boric. De hecho, en el itinerario político original del Frente Amplio siempre se pensó que el primero que arribaría a La Moneda sería Jackson y no Boric, pero las vicisitudes de la vida hoy hacen que el que por mucho tiempo fuera el elegido, hoy sea el eliminado.
Por cierto, Jackson podría haber facilitado la tarea del Presidente. Una renuncia en tiempo y forma, apenas conocidos los antecedentes del caso convenios habría atajado la crisis en su fase embrionaria. Inclusive, podría haber sido visto por la ciudadanía como una forma de atender a un problema político, con un gesto moral genuino, a efectos de conservar algo de la extraviada pureza frenteamplista.
Pero hoy Jackson sale por la puerta de atrás. Ni siquiera fue acompañado por el Presidente de la República en su acto de dimisión. Al parecer, nadie quiso acompañar al “líder de la banda” como fue bautizado por el socialista Fidel Espinoza. Seguramente, fue un otrora dirigente concertacionista que ha retornado a la Secretaría de Comunicaciones (Secom), uno más de esos que Jackson consideraba que poseían una escala de valores y principios inferiores, quien determinó que Jackson debía comparecer solo. Son múltiples los acreedores de Jackson que hasta el último minuto estuvieron dispuestos a saldar deudas pendientes con él.
En medio de la desesperación y frustración, Jackson intentó construir una narrativa de victimización que no resulta verosímil, cayendo en lo mismo que él tantas veces criticó. A los pocos minutos de su renuncia revivió un viejo tuit del altanero dirigente estudiantil Jackson, quien en 2012, ironizaba respecto de las renuncias de ministros con tono de victimización. Ese parece ser el karma frenteamplista, terminar convirtiéndose en todo lo que alguna vez aborrecieron.
La crisis de corrupción y probidad no comienza ni terminará con Jackson, por cierto. Pero su caída es un símbolo y no cualquier símbolo. Con Jackson cae la idea de que se puede paralizar la gestión de un Gobierno entero por agendas particulares y caprichos. Recordemos que fue Jackson quien instaló la idea, con la comparecencia del Presidente Boric, de que había que esperar el resultado del plebiscito constitucional de septiembre de 2022 para desplegar el programa de gobierno, chantajeando a los chilenos con la idea de que “va a ser difícil aplicar aspectos de nuestro programa sin un cambio constitucional“. Ganó el Rechazo con un 62% y no sólo la tesis se pulverizó, sino que también su autor intelectual.
Todo el resto de la historia de Jackson serían desaciertos tras desaciertos, por ejemplo, el demagogo anuncio del “gas a precio (in) justo” y su confusa reacción ante el robo de computadores con una caja fuerte desde las dependencias de su ministerio.
Jackson inició sus últimas y solitarias palabras como ministro indicando que su gesto respondía al clamor ciudadano de dejar de ver a los políticos pelear entre sí. Habría que recordarle a Giorgio Jackson que los chilenos no sólo están cansados de ver pelear a los políticos, los chilenos también están cansados de falsas promesas, de la demagogia, de la frivolidad a la hora de enfrentar los grandes problemas de la ciudadanía como la delincuencia, el estancamiento de la economía, la inmigración descontrolada y, por cierto, la corrupción.
En definitiva, los chilenos estaban cansados de Giorgio Jackson, y su salida, tiene pleno sentido.
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