-¿Cuán relevante es para ti la ciudadanía porteña? Valparaíso está al borde de la quiebra, según varios observadores.
-Soy un porteño muy fuerte, ciudadano ilustre de Valparaíso. Sigo ligado a la ciudad. La decadencia viene de lejos, pero hubo un intento, con Ricardo Lagos, de rescatar el puerto. Se hicieron muchas cosas, como el Centro Cultural del cerro Cárcel, el camino La Pólvora, para sacar a los camiones del centro, entre otras.
-¿Fue una idea tuya o del Presidente Lagos?
-(Se ríe) Era una convicción del Presidente. El entendía que Valparaíso era la ciudad más singular de Chile y que había que rescatarla porque tenía un patrimonio cultural que no tiene similitud en ninguna otro lugar de nuestro país. Y gracias a eso la nombraron Patrimonio de la Humanidad.
-¿Por qué se detuvo ese impulso?
-No hubo continuidad en ese esfuerzo ni por los gobiernos de izquierda ni de derecha. La ciudad empezó a decaer cada vez más, empezó a haber más pobreza, el centro se despobló.
-¿Ha revertido la situación la gestión del alcalde Jorge Sharp?
-Primero, no creo que Sharp sea el responsable de la decadencia de Valparaíso, porque esto es un proceso mucho más largo. Comparativamente, fue la ciudad más golpeada por el estallido social de todo Chile, con grados destrucción y sufrimiento nunca vistos. Sharp no ha hecho una buena gestión. La ciudad está en muy mal estado y el nivel de la delincuencia es muy alto. El problema de Sharp y de su generación es que tienen un gran doctrinarismo. Muchas palabras, mucha retórica y un inmovilismo en la acción.
-Hablando de de política, ¿estás convencido de votar “En contra”?
-Yo voy a votar “En contra” y te explico por qué. Hubo una gran irresponsabilidad en las fuerzas de la ex Convención, que hicieron un programa refundacional que naturalmente la gente rechazó. Esta vez, los expertos nombrados por todos los sectores políticos hicieron un muy buen texto. Sin embargo, cuando llegó a los consejeros predominó una posición también partisana, esta vez conservadora, y también con elementos programáticos.
-¿El resultado del plebiscito del 17 de diciembre puede ser dramático?
-No. La vez anterior era un peligro para la democracia chilena lo que se presentaba. La decisión que se presenta ahora no es dramática. No los pongo en el mismo nivel. El 18 de diciembre , el día después, no habrá una situación dramática, sea cual sea el resultado. Va a ser una definición estrecha, dejará un panorama endeble, pero no trágico.
-De todos modos, ¿habrá que hacer reformas constitucionales en cualquier caso?
-Sea cual sea el resultado, va a haber que hacerle algunos ajustes importantes a la Constitución. No a través de reiniciar un proceso constitucional. Yo creo que el ciclo constitucional se cierra. Y lo que se espera es que las instituciones funcionen y que el Congreso haga los ajustes que van a necesitar uno u otro texto. Porque ambos necesitan ajustes, clarificaciones y cambios.
-¿Dices que en el fondo si gana el “En contra” o el “A favor” no cambia la vida del país?
-No es una situación catastrófica. Si gana el “En contra”, las inversiones no se paran completamente. Lo que pasa es que hay que ser claro en decir, y el presidente Boric ha sido categórico en afirmarlo, que termina el ciclo constitucional. Es decir, aquí no sigue habiendo esta idea que han planteado algunos dirigentes del Partido Comunista de que esto sigue adelante y que va a haber otro intento, etcétera, de un nuevo proyecto constitucional. A mí me parece una cosa delirante.
-¿Se perdió otra oportunidad?
-Sí, pero no lo veo como tragedia. Pudimos haber hecho una propuesta, a partir del texto de los expertos, con el cual estaría todo el país tranquilo. Porque hubiera tenido un apoyo muy amplio. Había condiciones políticas para eso y no se hizo porque se comete el mismo error que se cometió anteriormente, que es tentarse con poner las posiciones partisanas de cada sector.
-Aparte de este panorama local, el país enfrenta un ambiente internacional complejo, que puede complicar las ya negativas perspectivas económicas para Chile.
-Estamos con dos guerras, la de Rusia con Ucrania y la de Israel con Hamas. La economía mundial está mala. Chile es un país pequeño que necesita un mundo que funcione bien. Si nosotros a la par de estas dificultades externas seguimos generando más y más conflicto interno, nos hacemos daño. Chile necesita un futuro de mayores acuerdos. No podemos farrearnos otra vez el futuro del país.
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