Es cierto, el “en contra” al segundo proceso constitucional supera con creces al “a favor” de lo que proponga el Consejo. Pero es cierto sólo por ahora y parcialmente. Al introducir en las encuestas la opción “aún no lo he decidido”, esta alternativa supera a las dos anteriores.
Visto así, el proceso aún está abierto. Pero también es cierto que, mirando los patrones actitudinales del mayoritario grupo de indecisos, si nada pasa, esto está cerrado para el “en contra”. Un en contra que poco tiene que ver con la izquierda, la derecha o el centro y mucho más con la rabia acumulada y acrecentada contra la clase política. Un “en contra” que se ha alimentado de un proceso encapsulado, falto de información, desconectado de la ciudadanía y, por, sobre todo, del agotamiento de la sociedad con el tema constitucional.
Hoy la Constitución importa poco y nada a una gran mayoría que mira con escepticismo y molestia la importancia y dedicación que las élites ponen en el tema. Mientras la población está preocupada de la delincuencia y ocupada de buscar formas de generar ingresos para subsistir, los políticos desvarían y se confrontan por caminos que no conducen a solución ninguna. Da rabia, más cuando el cambio a la Constitución ya no opera subjetivamente como un dispositivo al servicio de la vida de las personas. Eso fue antes, cuando el momento constitucional estaba en su apogeo.
En este contexto, hacen bien la derecha republicana y Chile Vamos cuando intenta bajar la discusión constituyente a temas más ciudadanos. O, dicho de otro modo, hacen lo correcto al intentar involucrar a la ciudadanía para encauzar un proceso que por ahora va al despeñadero con los Republicanos como pilotos.
Más concretamente, si bien es debatible si es o no correcto constitucionalizar la libertad de elección en salud o en pensiones, o dejar asegurada constitucionalmente la inexpropiabilidad de los fondos previsionales, es indiscutible que esos temas son muy sensibles para la ciudadanía. Guiños en esa dirección sin duda conectan a las personas con el proceso.
Lo mismo puede decirse de las normas orientadas a garantizar constitucionalmente la defensa de las víctimas de delitos o de aquellas que apuntan a la expulsión inmediata de migrantes irregulares.
Dicho lo anterior, la derecha incurre en un profundo error cuando se pasa varios pueblos y aprueba normas que van contra las subjetividades dominantes de la mayoría de la población. Cuando pretende dejar abierta la puerta para retrotraer derechos adquiridos, avances civilizatorios si se quiere, como el derecho a abortar en tres causales.
O como cuando pretende pasar desapercibida abrazando la objeción de conciencia personal e institucional como si no fuera evidente que ponen trabas a la transversalidad de las políticas públicas en salud.
¿La derecha olvida el país valoricamente liberal que habita? ¿O es que las endorfinas que generaron tras el triunfo en las elecciones de consejeros hicieron olvidar que José Antonio Kast perdió la presidencial por enfrentarse a las mujeres de este país?
El aborto en tres causales no es un tema de “feminazis” como lee cierta derecha. Son conquistas de la sociedad y particularmente de las mujeres. Una ceguera identitaria que no sólo los aleja del país real sino que también de la posibilidad de generar los consensos políticos mínimos para llegar a puerto con la propuesta constitucional. O quizás el ciego soy yo que no veo a los Demócratas de Walker y Rincón plegándose a una propuesta que atenta contra los derechos de las mujeres. ¿Y amarillos? ¿Y Matthei, que dijo que saldría a protestar si algo así se aprobaba?
Suma y sigue. Punto aparte merece la aprobación con votos de la derecha de la norma que beneficia con arresto domiciliario a enfermos terminales condenados a penas privativas de libertad. Una norma con olor a Punta Peuco -el “terminal” Pinochet salió en silla de ruedas de Londres y volvió caminando a Santiago-, pero que más allá de ello no se hace cargo de la principal demanda de la ciudadanía: que los delincuentes estén presos y paguen.
En fin, si bien el proceso sigue abierto, la pregunta que queda en el aire es ¿qué pretende la derecha? Porque de ella depende el éxito o el fracaso del proceso. Y, paradojas de la vida, como la política tiene muchas vueltas, esta vez, el fracaso podría terminar moviendo el péndulo en favor de un debilitado oficialismo.
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