En una semana más estaremos contando los votos emitidos con desgano por la ciudadanía. Es que más allá del entusiasmo propio de esos días tan particulares en que nos volcamos a las calles camino a las urnas, la gran mayoría del país se ha sentido muy distante de este segundo proceso constitucional.
Proceso que fue parido y festejado por el mundo político en medio del agotamiento de la sociedad con el tema constitucional. La señal más evidente de aquello vino tempranamente con la maciza votación que obtuvo el Partido Republicano en las elecciones de consejeros el pasado 7 de mayo, que en buena parte fue resultado del hastío con la idea de un segundo proceso. La gente votó por el partido que NO quería insistir con el tema constitucional.
El mensaje de las urnas fue elocuente, pero la clase política en general, y el Partido Republicano especialmente, no supieron o quisieron leer esas claves más allá de desgastados códigos de izquierdas o derechas. Esa ceguera de origen está en la base de lo que vino después. Una confrontación adversarial que terminó en una propuesta constitucional juzgada según los anteojos ideológicos con que se la mire: le gusta a la derecha y no a la izquierda.
Pasó que mientras la deriva ideológica se apropiaba una vez más del proceso constitucional, la mayoría social, aburrida del tema, menos ganas tenía de entusiasmarse con el juego adversarial de izquierdas y derechas. Consecuencia de ello fue que el interés en el proceso nunca creció más allá del 30% de la población más politizada y un ánimo rechacista, o más bien revanchista contra la clase política, se instaló en la opinión pública. Un ánimo rechacista no tanto a un texto que pocos conocen, sino a la política partisana y su incapacidad de llegar a acuerdos en dos procesos constitucionales.
El domingo próximo la ciudadanía saldrá obligadamente a optar entre un “A favor” y un “En contra” percibidos más como una disputa entre derechas e izquierdas, entre oposición y oficialismo, que en relación al nuevo pacto social prometido.
Por lo mismo, el domingo 17, pase lo que pase, no se resolverá la cuestión constitucional. Se postergará en un plazo que dependerá del resultado y de la reactivación de su momento en el ánimo ciudadano. Tampoco el resultado del plebiscito cambiará las emociones ni la agenda de prioridades de la sociedad. En corto tiempo se habrá olvidado y, sea cual sea el resultado, la agenda económica, migratoria y de seguridad seguirán siendo prioritarias.
Lo que estaremos analizando con los votos ya contados será si el resultado favorece al gobierno u oposición, y cómo se proyectan el segundo tiempo oficialista y las hegemonías dentro de derechas e izquierdas de cara a los procesos electorales venideros.
Visto así, si gana el “En contra”, holgadamente como proyecta el gobierno, será una derrota principalmente para Republicanos que tuvo el sartén por el mango y lo quemó todo. Se instalará una fuerte tensión en las derechas por los responsables de la paliza y Evelyn Matthei quedará en una mejor posición que Kast de cara a las presidenciales.
Un triunfo holgado del “En contra” sería el resultado menos malo para un gobierno que igualmente terminará perdiendo al haber defendido con la Constitución de los cuatro generales la arremetida de lo que han llamado la Kastitución. Pero ante todo perderá la clase política en general que luego de dos procesos fallidos quedará muy expuesta a arremetidas populistas del tipo “que se vayan todos”.
Ahora bien, en caso de ganar el “En contra” apretadamente, los mayores damnificados serán los partidos de ChileVamos. Los republicanos si bien no ganarán, al haberse jugado con todo por “darla vuelta”, se apropiarán verosímilmente de una votación que estará claramente por sobre el 35% obtenido el 7 de mayo consolidando su hegemonía en la derecha de cara a las municipales.
Por otra parte, por el margen que sea, un triunfo del “A favor” significaría una tercera y dura derrota para el oficialismo. Ese resultado dejaría al gobierno y sus reformas a la deriva, pendientes de la voluntad de la derecha por avanzar y entregados a las prioridades temáticas de la oposición.
Al mismo tiempo, un triunfo del “A favor” sería indudablemente un triunfo de Kast que reforzaría su posición de cara a las presidenciales
En fin, nada muy constitucional será lo que con poco entusiasmo votará el país el próximo fin de semana.
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