El deterioro generalizado: todo lo prometido es deuda. Por Kenneth Bunker

Ex-Ante
Crédito: Agencia Uno.

Se suponía que el gobierno de Boric se haría cargo de la desigualdad, pero al apoyar activamente la clausura de los colegios ayudó a abrir la brecha y ahora no la puede cerrar. Se suponía que sería el gobierno de los trabajadores, pero ayudó a reventar el sistema de pensiones con los retiros de fondos de pensiones y ahora no lo puede revertir. Lo mismo va para casi todas las otras áreas sectoriales, desde la seguridad a la salud y desde lo económico a lo laboral: todo lo prometido es deuda.


Esta semana se dieron a conocer los resultados de la prueba Simce, y en pocas palabras, son escalofriantes. Son los peores resultados en matemáticas y en lectura desde al menos 2012. En lo inmediato, es obviamente problemático por las consecuencias que tiene sobre la vida de los mismos estudiantes, que evidentemente tendrán menos herramientas y capacidades que generaciones anteriores. A la larga, es también problemático para toda la sociedad en tanto esta se deberá adaptar para incluir los efectos adversos de la regresión.

Los resultados se explican por lo ocurrido en el marco del estallido social y la pandemia. Si no hubiese sido por la oposición del momento -que presentó cuatro proyectos de ley para prohibir la apertura de colegios cerrados-, varios recursos de protección para cerrar los colegios abiertos y una acusación constitucional contra el ministro Figueroa por impulsar la apertura, los resultados probablemente no hubiesen sido tan malos. Es un supuesto contrafáctico que pende del hecho que ningún otro país del mundo cerró colegios por tanto tiempo como lo hizo Chile.

Así, por la ambición desmedida de un sector político, el país terminó adoptando un rumbo que tendrá un costo que perdurará décadas. Por preocuparse más de su propio futuro político, que del futuro de todos los alumnos de Chile; no solo disminuirán las oportunidades de quienes se gradúen en los próximos años (especialmente el de los estudiantes más vulnerables), sino que probablemente también disminuirá la productividad y la competitividad del país a nivel internacional.

Lamentablemente, sobre esto, no ha habido una respuesta del gobierno. Hubo una transmisión televisiva especial en que el presidente Boric le dio las gracias por su gestión al renunciado subsecretario de Salud, Fernando Araos, pero ninguna para contarle al país sobre el grave estado en que se encuentra la educación. Lo prudente hubiese sido eso, un mea culpa y un plan: la revelación y adjudicación de la responsabilidad inmediatamente seguido por una hoja de ruta detallada explicando las medidas que se adoptarán.

El deterioro de la educación es evidencia del deterioro generalizado por el cual pasa el país. No es primera vez que se dice, pero vale la pena repetirlo, en tanto aún no se reconoce por parte del gobierno: nada en Chile está mejor de lo que estaba antes del estallido social y la pandemia. Nada. Y, ciertamente, nada de lo que se dijo que estaría mejor con la elección de Boric está mejor. A pesar de lo que diga el gobierno, a pesar de lo que digan los partidarios del gobierno, si algo ha cambiado, es para peor.

A pesar de que en materia de seguridad pública el gobierno haga cada vez más anuncios, ya se alcanzó el récord de carabineros acribillados y homicidios en un año. Los delitos son más frecuentes, las ciudades son más inseguras. Asimismo, a pesar de que el gobierno diga que se redujeron las listas de espera, ha sido solo para los pacientes GES, en tanto se mantiene y sigue creciendo el tiempo de espera que tienen los pacientes que no están registrados en el GES y los que simplemente se quieren atender con especialistas. La salud no ha mejorado.

En lo económico, el gobierno anuncia una vez al mes que la inflación parece estar cediendo, pero al mismo tiempo omite que se está perdiendo participación y posicionamiento estratégico en el mercado del cobre. Similarmente, a nivel nacional, hay un notorio deterioro en el mundo del emprendimiento—en mayo hubo 126 procesos de quiebras de empresas, lo que corresponde a un incremento interanual de 34%. La liquidez ya alcanzó niveles prepandemia, pero la tasa para optar a la vivienda propia sigue siendo estratosféricamente inalcanzable.

En lo laboral, es cierto que se han recuperado empleos, pero también es cierto que los indicadores son peores que antes. El único récord destacable es el aumento de empleos públicos, lo cual a su vez ayuda a camuflar la realidad del asunto. La pregunta que queda es que ocurrirá cuanto todas las contrataciones políticas discrecionales venzan al final del cuatrienio de Boric. La otra pregunta es quiénes son todas esas personas contratadas y qué hacen por el país si absolutamente nada parece estar mejor.

Uno pensaría que si no se están gastando recursos en lo esencial presumiblemente se están gastando en otra cosa, más importante para el gobierno, como la cultura. Pero ni eso parece ser el caso. Esta semana, junto con los resultados de la Simce, el gobierno dio a conocer su decisión de no aceptar la invitación de honor a la Feria del Libro Fráncfort. Una decisión paralizantemente frívola y bruta, en tanto no solo socava su discurso a favor del mundo del arte, sino que además derechamente ningunea el trabajo de los escritores chilenos y posterga a la literatura nacional.

Es nada menos que una avalancha de malas noticias que es solo opacada por una minuta del gobierno que pide destacar tres cosas: el aumento del sueldo mínimo, la rebaja de la semana de trabajo a 40 horas y el copago cero en el sistema público. Pero cuántas buenas noticias pueden traer estos factores si la empleabilidad seguirá siendo baja y que las listas de espera seguirán incentivando a supuestos beneficiados por la ley de copago cero (tramos C y D) a preferir la atención en el sistema privado vía bono.

Es cierto que es un avance lo que ha hecho el gobierno, pero también es cierto que es un retroceso si se considera todo lo que se pudo haber hecho. A este punto decir que los beneficios son más que los costos sería como tapar el sol con un dedo. Y, al final, da exactamente lo mismo lo que diga o no diga el gobierno, pues cuando venga el apretón al final, nada los salvará del juicio de las personas. Si el plan del gobierno es ocultar el fracaso con narrativa, está avanzando derecho al abismo.

Se suponía que el gobierno de Boric se haría cargo de la desigualdad, pero al apoyar activamente la clausura de los colegios ayudó a abrir la brecha y ahora no la puede cerrar. Se suponía que sería el gobierno de los trabajadores, pero ayudó a reventar el sistema de pensiones con los retiros de fondos de pensiones y ahora no lo puede revertir. Lo mismo va para casi todas las otras áreas sectoriales, desde la seguridad a la salud y desde lo económico a lo laboral: todo lo prometido es deuda.

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