Febrero 13, 2024

Daniel Mansuy: “La principal derrota de Piñera fue obra de sus propios parlamentarios, que aprobaron los retiros de fondos”

Marcelo Soto

El académico de la U. de los Andes, investigador asociado IES y columnista de El Mercurio y T13 Radio sostiene que el mea culpa del Presidente Boric supone “que llegó al poder sacando provecho de un enorme equívoco”. Pero también apunta a los sectores de la derecha, que no han hecho una autocrítica de su deslealtad con el ex mandatario: “La principal derrota política del presidente Piñera no fue obra del Frente Amplio”, sostiene.


-¿Qué viene en la derecha después de la muerte del ex presidente Piñera? ¿Su aporte como representante de una derecha democrática puede diluirse?

-Es muy difícil saber en qué va a decantar la derecha luego del shock de la muerte del ex mandatario. Él mismo aspiraba a una coalición amplia, de escasa viabilidad, pero creo que esa aspiración surgía de una diagnóstico que nadie debería desdeñar: en Chile, la gobernabilidad exige construir mayorías lo más amplias posibles, y eso toma tiempo y trabajo.

Sebastián Piñera vivió en carne propia el riesgo de quiebre democrático, y eso lo movía a impulsar una alianza larga que redujera al máximo esos peligros. Dicho lo anterior, es evidente que su muerte trágica e inesperada podría inaugurar un mito, en un sector donde éstos no abundan. La paradoja es que el mismo ex mandatario no creía demasiado en los mitos, pero ya sabemos que nuestro guionista escribe con renglones torcidos. La derecha tiene, a partir de este mito naciente, un potencial cierto, aunque habrá que ver cómo lo administra y enarbola.

-¿En qué sentido puede convertirse en un mito? ¿Cuál sería la esencia del nuevo “piñerismo”?

-Debo decir que nunca fui piñerista, y en muchas ocasiones formulé críticas severas a su conducción política. Mantengo muchas de ellas; aunque, naturalmente, matizaría algunas otras. Como fuere, nada de eso me impide reconocer los aspectos valiosos de su legado, ni el potencial de su figura de cara al futuro. El llamado a un acuerdo por la paz el 12 de noviembre, el combate contra la pandemia y sus extraordinarias dotes de gestión, por mencionar los ejemplos más significativos, son elementos centrales de su legado, y la derecha tendrá que emprender desde allí sus desafíos por venir.

Después de todo, Piñera es la personalidad dominante de la derecha en las últimas décadas, más allá de la opinión que nos merezcan sus dos administraciones. Es impensable construir la derecha sin considerar ese dato, y sus implicancias: conocimiento fino de la maquinaria del Estado, colaboración entre el mundo público y privado, capacidad de respuesta rápida, y así. Mención aparte merece Cecilia Morel, que ha concentrado una impresionante cantidad de virtudes en los últimos días: todos tenemos algo que aprender de su entereza y dignidad.

-¿Chile Vamos ha quedado en la orfandad? ¿Hay liderazgos como el de Piñera potencialmente exitosos?

-Hay una orfandad evidente: Sebastián Piñera condujo al sector dos veces a la Moneda, y seguía siendo un referente central, hasta el punto de que no era para nada descabellado imaginarlo nuevamente en la papeleta, y ganando. Al mismo tiempo, su figura estaba siendo rehabilitada en la opinión pública, en contraste con las enormes dificultades en gestión del gobierno actual.

Ahora bien, para comprender la orfandad de la derecha hay que recordar también que el peor momento político de Piñera fue fruto de la desbandada interna. Se ha hablado mucho, y con razón, de la autocrítica del presidente Boric, pero he visto pocos gestos autocríticos de los parlamentarios de derecha por haber abandonado, salvo honrosas excepciones, al presidente durante su mandato.

-¿Qué consecuencias tuvo esa soledad política?

-Perdón el rodeo, pero creo que es fundamental: la principal derrota política del presidente Piñera no fue obra del Frente Amplio ni de la entonces oposición, sino que fue obra de sus propios parlamentarios que aprobaron los retiros previsionales mediante una reforma constitucional que constituía una decapitación de las prerrogativas presidenciales.

El parlamentarismo de facto fue posible porque fue avalado por parlamentarios “oficialistas”, que habían sido electos sacándose fotos con Piñera. El presidente perdió el tercio en el parlamento, que es el principal escudo institucional de un mandatario. No estoy seguro de que la derecha haya reflexionado suficientemente sobre ese hecho fundamental de su historia reciente.

 -Boric hizo un mea culpa respecto a su férrea postura frente a Piñera cuando fue diputado. ¿Te parece una reacción valiosa, honesta, que indica cierta madurez del actual presidente?

 –Me parece una actitud honesta, supongo que movido por un momento muy singular. No obstante, la pregunta es si eso tendrá consecuencias: ni el Frente Amplio ni el PC lo han seguido en sus declaraciones. El presidente Boric quedó en una situación muy incómoda, casi diría que imposible. Su reconocimiento al carácter democrático del presidente Piñera, y su aceptación de que él, siendo diputado, lideró una oposición extraordinariamente mezquina, suponen —si nos tomamos todo esto en serio— que llegó al poder sacando provecho de un enorme equívoco, de una especie de espejismo.

En el fondo, está horadando la identidad política del Frente Amplio, que siempre se concibió a sí mismo como un antipiñerismo. En el fondo, entre la república y la insoportable adolescencia del Frente Amplio, el presidente escogió la primera alternativa. En segundo término, el mito de Sebastián Piñera encarna todo lo que él no tiene: gestión, rapidez, alta exigencia a los cuadros de gobierno, empleo, manejo económico solvente, y un largo etcétera. No será fácil convivir con ese mito que la república empezó a forjar la semana pasada.

-¿A Boric le conviene mantener ordenados a los comunistas o debe dar muestras de mayor independencia?

 –La muerte del ex mandatario dejó a Gabriel Boric frente a una disyuntiva: o evoluciona o sigue considerando el 18-O como una especie de acontecimiento fundacional. El PC no está dispuesto a renunciar a lo segundo, pero se hace inviable gobernar desde esas coordenadas. No creo que sea posible conservar la ambigüedad mucho tiempo más.

-La propia Camila Vallejo, que ha sido una de las ministras mejor evaluadas, hoy se ve incómoda. ¿Cómo ves su posición en el gabinete?

 –Yo la veo muy desgastada, sus vocerías cada vez dicen menos. En todo caso, los voceros suelen sufrir procesos de desgaste: no creo recomendable que permanezca cuatro años en ese cargo, ni para ella ni para el gobierno, que va a requerir una vocería más directa e incisiva. Ella siempre parece estar cuidándose a sí misma más que al gobierno.

-Una de las complejidades del gobierno ha sido, precisamente, la relación con el PC. ¿Han sido leales con Boric?

 –Yo creo que el problema no estriba en más o menos lealtad, sino en comprender que los objetivos de largo plazo del PC no pasan por el gobierno actual. El PC simplemente está tomando nota de que esta administración no podrá cumplir casi nada de lo que prometió, y se está preparando para lo que viene. Hay un dato importante en esa decisión: de aquí en adelante, el gobierno perderá cada día un poco más de poder.

-Después de esta demostración republicana en el funeral de Piñera, inmediatamente empezaron las disputas. ¿La clase política sigue estando al debe?

 –Sí, la clase política no está a la altura de los desafíos que enfrenta el país. Aunque no resolverá todos nuestros problemas, ni es una panacea, creo indispensable concordar una reforma al sistema político que esté operativa en la próxima parlamentaria. Es una reforma que les conviene a todos, pues nadie puede gobernar razonablemente con esta dispersión.

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