Marzo 14, 2022

No es claro hacia donde irá Boric. Por Sergio Muñoz Riveros

Ex-ante

Viene ahora la compleja tarea de gobernar, para la cual no sirven los discursos de campaña, que buscan describir la realidad en blanco y negro y generar entusiasmos básicos. Tampoco sirven los enunciados generales que, en el mejor de los casos, solo pueden alumbrar el rumbo a seguir. Y mucho menos sirve la religiosidad programática, como la que representa el PC, y que la diputada Karol Cariola se encargó de ilustrar.


Es probable que los días más gratos para Gabriel Boric en la Presidencia de la República sean los que está viviendo. Priman el aire de victoria, las celebraciones, el reconocimiento internacional y, desde luego, la excitación que seguramente le transmite esa fuerza cautivadora que es el poder. Es posible que los ritos republicanos hayan contribuido a la placentera sensación de estar entrando en la historia. Con todo, aún debe estar sorprendido de que se haya creado un escenario electoral que lo catapultó tan pronto a La Moneda. Sabe que el gran premio le llegó antes de tiempo.

Viene ahora la compleja tarea de gobernar, para la cual no sirven los discursos de campaña, que buscan describir la realidad en blanco y negro y generar entusiasmos básicos. Tampoco sirven los enunciados generales que, en el mejor de los casos, solo pueden alumbrar el rumbo a seguir. Y mucho menos sirve la religiosidad programática, como la que representa el PC, y que la diputada Karol Cariola se encargó de ilustrar: “La esencia del programa, lo fundamental, no puede ser modificado” (EM, 13/03). Se trata de una advertencia: del respeto del mandatario al programa depende la lealtad comunista. Decir que un programa no puede ser modificado ni siquiera por el titular del poder equivale a concebirlo como un catecismo.

Gobernar es priorizar. Boric necesita, por lo tanto, definir su agenda tratando de no abarcar más de lo que puede apretar. Se dará cuenta, además, que los gestos simbólicos pueden justificarse en la primera etapa, pero que enseguida necesita impulsar iniciativas que busquen mejorar las cosas. Se dará cuenta, además, de que el Estado democrático cuenta con equipos en los cuales es conveniente apoyarse. Por ejemplo, los funcionarios del ministerio de Salud siguen atendiendo sus obligaciones sin esperar que desde La Moneda les indiquen cómo distribuir las vacunas.

Las primeras señales no son alentadoras: el retiro de las querellas por Ley de Seguridad del Estado contra 139 presos de la revuelta, y el anuncio de que el gobierno no renovará el estado de excepción en la macrozona sur, vigente hasta el 26 de marzo. En un caso, el mandatario cedió a la presión de los grupos del anarco/octubrismo, y en el otro, a la de las organizaciones político/delictivas del sur. Esto no puede sino generar preocupación en las fuerzas policiales y militares acerca de cómo concibe el mandatario la defensa del orden público y de la paz interna.

Como es obvio, Boric no cambió esencialmente entre la primera y la segunda vuelta de la elección presidencial. Lo que hizo fue enfrentar, con ayuda de expertos en comunicación y en campañas electorales, el reto de adecuar su discurso y estilo para ganar el voto de los sectores moderados. Tuvo éxito, sin duda, pero ahora, ya en el poder, parece apostar por la autenticidad. El discurso del viernes 11 y sus declaraciones en La Pintana el domingo 13 revelan que su mayor interés es asegurar la identificación de las izquierdas intensas con su liderazgo, y confirmar por lo tanto que seguirá las pautas del feminismo, el indigenismo, el ecologismo y, cómo no, del antineoliberalismo, que es la nueva manera de designar la lucha contra los capitalistas. Habrá que ver cómo encaja aquí la función del ministro de Hacienda, Mario Marcel.

Lo único que le puede ayudar a Boric es actuar con modestia. Debería dejar de hablar como candidato, y adoptar un curso de acción que genere un clima de confianza en el país. No puede agregar nuevos elementos de incertidumbre en su afán por demostrar que está inaugurando una nueva época. Más vale que haga suya la continuidad de la República y que propicie la colaboración de los poderes del Estado para resguardar lo mejor posible el interés nacional.

¿Qué hará respecto de la Convención Constitucional? Amaya Alvez, convencional del Frente Amplio, le envió un recado: “El Presidente no debiera, de manera alguna, incidir en el contenido del debate constituyente” (EM, 13/03). En realidad, eso es lo único que le conviene. Si intenta intervenir de alguna manera, se arriesga a salir damnificado. Legalmente, no puede hacerlo, y cualquier intento indirecto de meter mano en el magma que allí se va formando, abrirá la caja de los truenos. Solo le sirve tomar distancia. Hacer depender la suerte de su gobierno de lo que pase en la Convención es casi suicida.

¿Cómo actuará frente al terrorismo en el sur? Si se embarca en una negociación con las organizaciones armadas, se meterá directamente en un pantano. Su obligación es respaldar los esfuerzos por hacer retroceder el bandolerismo y proteger a la población. Debería convencerse de que el Estado democrático tiene la obligación de desarticular a los grupos que lo desafían en el plano de la fuerza.

Es una ironía que a Boric lo proteja el orden constitucional vigente, cuestionado por él y su gente, vale decir la Constitución que lleva la firma de Ricardo Lagos Escobar desde 2005. Allí residen su legitimidad y su poder. De allí emerge su autoridad real. Todo lo demás es hipotético. Podrá haber, mañana o pasado mañana, otra Constitución, pero mientras eso no ocurra, él debe sostener la actual legalidad. Tendrá que resguardar el Estado de Derecho en cualquier circunstancia, porque de ello depende la estabilidad democrática y, por ende, su propio poder. Si vacila, pagará un precio muy alto.

Hay quienes creen que Boric usará, alternadamente, dos vestimentas: la de líder revolucionario, redentor de “los pueblos de Chile”, y la de gobernante moderado, de talante socialdemócrata. Una especie de juego de máscaras, según el escenario. No sería el primero en intentarlo, pero ello exige destrezas de las cuales él carece. Le juega en contra, por supuesto, no tener una experiencia de vida más larga, que es lo que subestiman quienes parecen atribuir a la juventud poderes superiores de invención y creación, además de magia.

Boric no podrá hacer doble juego. Tendrá que optar, y solo le sirve el realismo. Sus mayores esfuerzos deberían dirigirse a reforzar la estabilidad y la gobernabilidad. Nunca imaginó que iba a llegar el día en que para él se iba a convertir en un asunto vital la procura del orden. En verdad, de ello depende que Chile no se deslice hacia una crisis político/institucional, y que él pueda realizar una gestión relativamente normal.

 

 


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