Septiembre 25, 2021

El impacto de los debates presidenciales. Por Cristián Valdivieso, director de Criteria

Ex-Ante

Si bien a la carrera presidencial la quedan aún varios metros de debate y campaña, este primer cara a cara entre los candidatos fue sin duda un hito que dejará huellas, porque las evidencias muestran que los foros presidenciales en un Chile re-politizado son relevantes y están incidiendo en la conducta electoral de la ciudadanía.

Ojo con los mitos. En la previa del debate presidencial del miércoles 22 de septiembre recién pasado, me asaltó una idea paradojal. Aceptamos como un mantra que, a partir de octubre 2019, el contexto social es sumamente cambiante y los escenarios electorales líquidos. Hablamos mucho del cambio, pero, ¿hasta dónde nos hacemos cargo de cambiar las claves con las que interpretamos los hechos?

  • En momentos en que se da oficialmente por iniciada la campaña presidencial y en los sucesivos debates proliferarán en los análisis los típicos tópicos: “nadie gana, el desafío es no equivocarse”, “los debates no inciden en cambiar preferencias”, “los debates los miran sólo quienes tienen opiniones definidas y buscan confirmar su decisión”, “se lucen más los y las periodistas que los candidatos”, “hoy la televisión no tiene el impacto de antes”, y una larga retahíla de frases hechas.
  • Por largo tiempo, los debates presidenciales a través de medios masivos estuvieron signados por el mito de ser definitorios para la elección. Un mito alimentado por el primer debate televisado de la historia, donde John Kennedy se habría impuesto a Richard Nixon dada su superlativa performance televisiva. Es más, el mito sostiene que ahí se definió la elección. Un contexto muy atractivo para asesores de imagen y expertos en comunicación, que luego fue puesto en cuestión al comprobarse que quienes habían escuchado el debate por radio se habían quedado con una mucho mejor impresión de Nixon. Por lo demás hubo varios otros debates televisados en esa elección de 1960.
  • Concluir que “ni tanto ni tan poco” no permite entrar al tema de fondo. Sostengo que hoy, en un Chile re-politizado tras el estallido social, expectante frente a las propuestas de renovación y cambios, los debates -sin duda también las campañas- son relevantes y están incidiendo en la conducta electoral de la ciudadanía. 

Un debate relevante. La memoria es frágil, pero ni en sus peores pesadillas el Partido Comunista imaginó que el Frente Amplio pasaría de haber movilizado 327.000 votos en la primaria de 2017 entre dos candidaturas -Sánchez y Mayol- a concentrar sólo en Boric 1.058.000 en la primaria 2021. Cuando todas las encuestas públicas un mes antes de la elección mostraban a Jadue sobre Boric, el segundo debate resultó letal para Jadue. Y no tanto por los votos que perdió, sino porque Boric logró interpelar a una masa de votantes jóvenes hasta ese momento reacios a las urnas, que se sintieron convocados por su mensaje. 

  • Algo similar, a menor escala, pasó con Sichel. A un mes de la primaria de Chile Vamos, aparecía derrotado por Lavín, la derecha venía apaleada de la elección de constituyentes y en el sector no proyectaban más de 700.000 votantes. Finalmente, Sichel por sí sólo logró casi los 700.000 mil votos entre un electorado pro Chile Vamos que se cautivó con su relato meritocrático y se movilizó con la expectativa de apoyar un rostro que facilitara la urgente renovación del sector. 
  • El debate presidencial de esta semana sólo vino a confirmar la relevancia que éstos tienen tanto para desafiantes (Provoste y Kast) como desafiados (Boric y Sichel). Se enfrentaron en un formato elegido por CNN-Chilevisión que priorizó el intercambio directo entre candidatos por sobre el rol de los periodistas. Una propuesta que, si bien resultó más ágil y con más adrenalina, era potencialmente más conveniente para quienes iban arriba en las encuestas. Políticos impugnándose entre sí siempre resultarán menos creíbles para las audiencias que cuando periodistas los interpelan con sus preguntas. 
  • Como buena desafiante, Provoste arriesgó. No se guardó nada buscando salir de la indiferencia en que estaba sumida. Con una puesta en escena de marcado tono emocional, se jugó en favor del cuarto retiro, se inventó un lapsus para asociar a Sichel con Piñera y confrontó a Boric con sus compañeros comunistas. Su jugada de ir a por todos y sin foco terminó en un tono más bien conflictivo y de poca sustancia. Al menos salió de la indiferencia.
  • Kast, el otro desafiante, logró mover significativamente el avispero en favor suyo. Sin crisparse nunca, confrontó a Boric para instalarse como la genuina opción de la derecha frente a la izquierda y jugó muy bien sus cartas contra su desafiado Sichel, empujándolo a la incómoda posición de aceptar una suerte de travestismo político.
  • Entre los desafiados, consciente de su posición en las encuestas, Boric logró sortear con calma los ataques desde todos los frentes y aprovechar correctamente sus tiempos para reforzar los vectores centrales de su campaña: renovación, ideas frescas y un tono esperanzador. 
  • Por último, Sichel, el otro desafiado, fue preparado para ir por la lana de Boric, pero terminó trasquilado y exasperado ante los emplazamientos de Provoste y Kast. No logró jugar el juego que llevaba planificado y desde esa perspectiva es uno de los perdedores del primer debate presidencial 2021.

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