-La serie “Adolescencia” ha generado impacto no solo por sus actuaciones y su producción (cada capítulo es un plano secuencia), sino por su tema. ¿Por qué dices que es manipuladora?
-Me parece que la gran manipulación de la serie es presentar a los adolescentes como extraterrestres, como marcianos. Yo creo que la gente, chica o grande, actúa por interés, actúa por amor, por odio, por deseo, por resentimiento, en fin. Hay un vasto espectro de emociones, pero no entendí nada de las motivaciones de los personajes adolescentes y menos de los emoticones.
-¿Te parece una propuesta arriesgada?
-Sí, porque está filmada en un plano secuencia continuo, aunque se ha dicho que está arreglado en algunas partes. Me parece poderoso y efectivo en el sentido que le da una inmediatez, le da un aquí y ahora. Gran parte del éxito que ha tenido, gran parte de la atención moral e intelectual que genera, responde al plano secuencia, pero sobre todo a los personajes. Sin embargo me quedó completamente confuso el motivo del niño, que tiene un complejo de sentirse feo.
-Y no es feo.
-Para nada. A mí me quedaron súper confusas las motivaciones de todos los niños. El único que aparece mejor explicado es el amigo que le había pasado el arma. Él obviamente arranca. Pero esa niñita de color, la amiga de la víctima, tan iracunda, no se entiende.
-Con estas películas se suele hacer una interpretación social, como de cosas que están pasando en la sociedad. ¿Es verdad que los niños están metidos en las pantallas y tienen este lenguaje que es propio de ellos, con conceptos como célibe involuntario?
-Creo que puede ser verdad. Efectivamente los niños se educan más en la pantalla que en la transmisión de valores de los papás o de lo que puedan hacer los colegios. Una cosa que me pareció muy falsa, en el cuarto episodio que puede ser el que más me golpeó, es la conversación de la mujer en la camioneta. Es demasiado liviana. Pero es el mejor capítulo por la actuación descomunal del padre, que explota en esa escena. Es el día de su cumpleaños, la mujer le está preparando un rico desayuno, hay buena onda, pero en el fondo es una olla hirviendo. La esposa está bien lograda en su fragilidad, ella quiere ayudar, no quiere embarrar las cosas.
-¿El streaming da la posibilidad de hacer películas de 10 horas?
-Veo muy pocas series, porque a veces me parecen desagradables. Vi hace poco una que trabaja Robert De Niro. Día Cero, donde él es vicepresidente de la República. Muy mala, precocinada y políticamente correcta. Vi Ripley que me voló la cabeza, basada en la novela de Patricia Highsmith.
-¿Por qué crees que esta serie ha causado tanto impacto y tantos comentarios en las redes sociales?
-Bueno, porque los papás que la ven quedan con un sentimiento de culpa del tamaño de una catedral. Y no es para menos. “Adolescencia” es parte de la industria de la culpa contemporánea
-¿Tú crees que hay una industria de la culpa contemporánea?
-Sí, formada por los psiquiatras y psicólogos más alarmistas, por los medios de comunicación. Esta película le pega en los cachos a los papás, porque en nuestra época los padres nunca, nunca lo hacen bien. Nada es suficiente. Si quieres demasiado a tus hijos está mal, si los dejas libres también. Los niños tienen completa impunidad. Es parte de lo extraviado que andamos en esta época en que la educación es pura horizontalidad, pero tiene que haber verticalidad. Alguien que enseña y alguien que aprende.
-Al final el papá pone un oso de peluche en la cama de su hijo y la culpa queda en el aire.
-Uno se pregunta quién tiene la culpa porque precisamente las motivaciones del niño no están claras. Es muy chico para matar por un deseo frustrado. No me compro que un niño pueda apuñalar a una compañera por que le sobra o le falta un emoticón. Ahí está manipulando la serie a los espectadores para que los papás sientan culpa, los papás de la serie y los papás de la audiencia.
-¿Crees que esta serie va a tener éxito en el circuito de premios?
-Yo creo que sí, porque es un fenómeno y me parece bien que así sea porque apunta a una realidad en el mundo: que entendemos cada vez menos algunas actitudes de los jóvenes
-¿La serie da luces sobre lo que está pasando en Chile también?
-Sobre lo que está pasando en el planeta. Siempre ha habido esa dificultad generacional, pero hoy los jóvenes nos parecen cada vez más incomprensibles. Lo que no me convence es que el niño de “Adolescencia” haya matado por ser un “célibe involuntario”. Eso me parece exagerado.
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