-El alcalde Jaime Bellolio dijo que la estatua del General Baquedano “es un orgullo de Providencia y no renunciaremos a él”. Ives Besançon afirmó que “debería volver a su sitio, aunque no le guste a algunos”. ¿Cuál es su posición?
-No sé si es un orgullo propio de una comuna o de otra. Tenemos que partir entendiendo que la ciudad es probablemente el mejor y más complejo invento de nuestra humanidad. Es la ciudad, sin duda, la solución a casi todos nuestros grandes problemas.
Respecto a la estatua del General Baquedano sin duda tiene que volver a su lugar. Un lugar con historia que cambia para bien hoy su morfología con el proyecto de renovación. Un lugar de encuentros urbanos reconocido y valorado por todos. Esos lugares que son capaces de entregarnos más y mejor ciudad tienen que permanecer y renovarse como se está haciendo. Los mejores lugares de nuestra ciudad son los que se reconocen y se ponen al servicio de la vida urbana y sin renunciar a sus historias. El caso de la Plaza Italia, con sus historias, nadie lo podrá borrar.
-El ex comandante en jefe Ricardo Martínez reconoció que la Plaza Italia no era el mejor lugar para la estatua y propuso ponerla donde está hoy Manuel Bulnes. ¿Le parece razonable?
-Siempre habrá opiniones, muchas con razones fundadas, pero las actitudes frente a la ciudad contemporánea deben estar en miradas que pongan en valor aquellos lugares que, además de ser referentes (hitos urbanos), reconocen nuestra propia historia urbana; nuestra memoria colectiva que en este caso tiene un historial de festividades positivas. Y también con historias malas propias de la barbarie humana, como el octubrismo, que no deben repetirse ni tampoco debemos borrar.
-¿Qué opina del rol que está jugando el Consejo de Monumentos Nacionales, que ha sido bastante criticado por parar proyectos de centenares de millones de dólares?
–Dramático. Si nos detenemos y observamos nuestra realidad frente a la tramitación de permisos, caeremos en la cuenta de que prácticamente todas las instituciones de nuestro país de las cuales dependen los permisos están en deuda y muy desorientados. Están destruyendo nuestro desarrollo con una burocracia feroz. Están quitándole el trabajo a nuestro país.
-¿Qué tan profunda es la crisis derivada de este problema?
-Tenemos que entender que nuestra propia humanidad se multiplica y su capacidad de modificar nuestro planeta es constante. Para dar solución a la vida urbana nuestras tareas se deben apoyar en normativas claras, precisas y que persigan el bien común. Además tenemos la tarea de alimentar a miles de millones de personas; por tanto todas estas exageraciones fanáticas impiden el desarrollo y lo que logran es destruir los países y crear más pobreza.
Tenemos que caminar en esta remodelación constante de nuestro mundo tratando de hacerlo mejor y evitar las catástrofes. Si nos concentramos en estudiar los ejemplos de malas gestiones por burocracia y falta de permisos, incluso en las post-tragedias (incendios, erupciones, terremotos, crisis climáticas), nos damos cuenta de que el deterioro de la ética de la mal llamada “permisología” está perjudicando a generaciones.
-La zona del Mercado Central y Estación Mapocho está sobrepasada por la prostitución y abundan las carpas de indigentes. Metro anunció que iba a cerrar una estación en Cal y Canto. ¿Hay un retroceso del Estado?
-Los indigentes que habitan esos lugares en condiciones de vida miserable, a veces mezclados con el lumpen, son probablemente el mayor desafío de desarrollo de nuestro tiempo. No hay otra solución que promulgar políticas intensivas y reformas legales que permitan desarrollar lugares habitables dentro de la ciudad.
-¿De qué manera puede producirse un cambio?
-Para ello el Estado es propietario de cientos de hectáreas urbanas inutilizadas que pueden producir una reactivación social y económica en esas familias. Para lograr esto bien se debiera recuperar la tradición de los concursos de arquitectura, que permitieron viviendas de calidad como la Villa Portales, la Villa olímpica, Matta Viel, Parque Koke y tantas más a lo largo de todo Chile a mediados del siglo pasado y que aún son ejemplares.
-Santiago alguna vez fue considerada una ciudad para visitar en los rankings internacionales. Hoy se critica su suciedad, comercio ilegal e inseguridad en varios sectores. ¿Cuál es su perspectiva de la capital?
-Si nos preguntamos cuál es nuestra ciudad soñada es probable que la mayoría piense en muchas virtudes urbanas que el casco histórico de Santiago ya tiene. A modo de ejemplo: usos mixtos, oficinas, comercio, cultura, turismo, paseos peatonales, compacidad, densidad, etc.
-¿Qué falta?
-Seguridad primero, controlar el comercio ambulante, limpieza, más arbolado urbano, mejores veredas, más áreas peatonales, más reciclaje de edificios y mucho más arquitectura. Y en eso el acercamiento de las autoridades a buenos proyectos de puesta en valor de lugares urbanos es esencial. En síntesis nos falta lo mínimo y se puede lograr con poco.
-¿Existe una estrategia probada?
-Los países que más crecen tienen en sus principales ciudades las principales fuentes de sus éxitos. En las ciudades se producen los grandes desafíos de la vida contemporáneos. Nuestra ciudad histórica, me refiero al centro compacto, es el mejor modelo de ocupación, el más sostenible, el más seguro y debemos recuperarlo.
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